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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Y ese ruido para qué?

 

Un alboroto que lo único que evidencia es miedo por parte de los funcionarios de cultura en Cuba, a los que es mejor llamarlos por lo que son: censores culturales

 

Redacción Cubaencuentro, Madrid

 

Un lector cubano se levanta por la mañana y abre el periódico Trabajadores:

 

“No podemos permitir que la contrarrevolución se mezcle con nuestros artistas en el espacio de libertad y diálogo fundado por la política cultural de la Revolución, desde Las palabras a los intelectuales, de Fidel”, dijo el reconocido intelectual y presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), Miguel Barnet, en las palabras de apertura del Consejo Nacional de esa organización efectuado el viernes último en la capital para analizar el informe presentado por la comisión “Cultura, Turismo y Espacios Públicos…”.

 

Sigue leyendo:

 

“Esas palabras del escritor, poeta y etnólogo cubano fueron expresadas como invocación del compromiso y lealtad ineludibles de los artistas e intelectuales cubanos con la Revolución en correspondencia con una declaración del Instituto Cubano de Industrias Cinematográficos (ICAIC), leída a inicios de la reunión, sobre los incidentes que recientemente tuvieron lugar en la Sala Fresa y Chocolate, donde se produjo ‘la intromisión de mercenarios en un espacio de la cultura y de los creadores revolucionarios’”.

 

Más adelante:

 

“A continuación reproducimos textualmente el mencionado comunicado de la presidencia del ICAIC: La actual agenda de discusiones del ICAIC y la vanguardia de nuestros cineastas ha sido diseñada a partir de las preocupaciones que compartimos sobre el cine cubano la institución y los creadores, incluida la base jurídica que propicie su desarrollo. El punto de vista del debate que hemos defendido ha sido, es y será inequívocamente revolucionario. No puede haber lugar en nuestros foros para los enemigos de la Revolución. Trabajamos, junto a otros organismos e instituciones del Estado, para encontrarle solución a los problemas de la creación audiovisual, desde una perspectiva anticolonial, antiimperialista y socialista. El pasado sábado 28 de noviembre rechazamos la presencia de varios mercenarios en el Centro Cultural Fresa y Chocolate del ICAIC, donde se realizaba un encuentro de cineastas junto a su institución. Ninguno de los organizadores los había invitado y su sola presencia constituía una provocación y un acto premeditado para utilizar ese tipo de espacio como plataforma de proselitismo y legitimación. Ante cualquier intento de distorsionar los resultados del trabajo mancomunado entre los cineastas y el ICAIC, nos sentimos en el deber moral de ratificar nuestro compromiso con la Patria, con la cultura cubana y con la Revolución, sin la cual no hubiera sido posible la existencia del propio ICAIC y de una obra educacional y cultural de emancipación, que es orgullo de nuestro pueblo. Fiel a los principios trazados en Palabras a los intelectuales, el ICAIC rechazará toda provocación, mantendrá la discusión franca, comprometida y responsable con la vanguardia de los creadores y seguirá siendo consecuente con la política cultural de la Revolución. Presidencia del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos. 3 de diciembre de 2015”.

 

Y se acabó la información.

 

Si ha tenido la paciencia de llegar hasta aquí, y no pertenece al gremio de escritores, cineastas, lo más probable es que no sepa a que alude el periódico cubano. Pero al parecer se trata de algo grave: “la contrarrevolución intentando penetrar espacios de libertad y diálogo”, “mercenarios en el Centro Cultural Fresa y Chocolate del ICAIC”. ¿Tendrá que ver todo esto con un asalto o ataque terrorista? Eso de “mercenarios” al menos suena peligroso.

 

O, se pregunta el lector, ¿será que me quedé dormido y he despertado en la década de 1970?: “una perspectiva anticolonial, antiimperialista y socialista”. Eso huele a discurso arcaico. “Patria” y “Revolución” con mayúsculas. Una “Revolución” todopoderosa, “sin la cual no hubiera sido posible la existencia del propio ICAIC y de una obra educacional y cultural de emancipación, que es orgullo de nuestro pueblo”.

 

¿Así que el ICAIC ha vuelto a realizar películas como antes? ¿Y cuándo se estrenan Fresa, Chocolate y Caramelo, Memorias del otro subdesarrollo, La segunda carga al machete, El hombre que vino de Maisinicú y La hija de Cecilia? Buena noticia para no salir de casa.

 

¿Lo de obra educacional tiene que ver con los uniformes escolares que vienen desde Miami?

 

¿La cultura de “emancipación” viene al caso cuando se suponía que ya estábamos emancipados?

 

Realmente todo es muy confuso.

 

“El texto hace alusión a la presencia el pasado sábado del activista Eliécer Ávila en los debates del grupo G-20 sobre una ley de cine para Cuba.

 

Al denunciar en términos despectivos ‘la presencia de varios mercenarios en el Centro Cultural Fresa y Chocolate’, este comunicado respalda la actitud de Roberto Smith, director del ICAIC, y otros funcionarios que intentaron sacar de la sala al opositor bajo la acusación de ‘contrarrevolucionario’.

 

Sin embargo, Ávila nunca pudo ser expulsado de la sala, por el apoyo que recibió de algunos de los cineastas presentes”.

 

Pero de nada de eso se entera el lector cubano, porque estos últimos párrafos aparecen en una información de 14ymedio, que de forma impresa no circula en Cuba ni se puede leer a través de los servicios de Internet de la Isla, donde se censura al igual que CUBAENCUENTRO.

 

Así que todo el alboroto, lo único que evidencia es miedo por parte de los funcionarios de cultura -será mejor llamarlos los censores de cultura-, que corren a formar guirigay para justificar viajes y privilegios (ni siquiera salarios).

 

Porque esa retórica absurda de hablar de “diálogo” y “debate” para invocar la censura no puede ser más burda. Un rezago de inquisición que ni siquiera destaca por su claridad a la hora de imponer el poder. No vale ni como obra de teatro del absurdo, porque está pasada de moda, salvo en Cuba.

 

La “invocación” a que alude Trabajadores, formulada por el presidente de la UNEAC, delata súplica vehemente. Un desempolvar las Palabras a los intelectuales para quedar a salvo en la sala de espera del aeropuerto: en vísperas de un largo viaje (a Europa), Comandante en Jefe, estoy pensando en usted.