Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Vivir como vecinos

Entrevista a Philip Peters, vicepresidente del Instituto Lexington

 

Espacio Laical Digital

 

Philip Peters es uno de los más importantes académicos norteamericanos que se ha dedicado a estudiar a Cuba. Su blog personal The Cuban Triangle: Havana-Miami-Washington events and arguments and their impact on Cuba (El triángulo cubano: eventos Habana-Miami-Washington, sus argumentos e impacto en Cuba) constituye una ventana importante para seguir de cerca los acontecimientos que acontecen en estos tres puntos indispensables de la geografía política cubana. El profesor Peters es vicepresidente del Instituto Lexington, una organización dedicada a la investigación de políticas públicas en Arlington, Virginia. También es asesor del Cuba Working Group, de la Cámara de Representantes de Estados Unidos. El profesor Peters ha querido compartir con Espacio Laical algunas opiniones sobre las relaciones entre nuestros dos países.

 

¿Cómo cataloga usted las actuales relaciones entre Estados Unidos y Cuba?

 

Hablemos de las relaciones entre los gobiernos, y entre las sociedades. Entre los gobiernos, a pesar de marcadas diferencias políticas y la retórica que suele surgir de un lado o del otro, la relación me parece bastante estable. La comunicación entre los diplomáticos ha mejorado y es más fluida; se han restaurado las consultas semi-anuales acerca de los acuerdos migratorios, lo que crea una oportunidad regular para tratar ese tema y otros de importancia. El ambiente mejoró con la llegada de una nueva Administración a Washington, la cual permitió que el proyecto de “transición” en Cuba, de su predecesor, pasara a la historia. No obstante, hay que reconocer que el presidente Obama ha continuado con algunas actividades que son fruto de la política del presidente Bush y su famosa comisión sobre Cuba.

 

Hay aspectos irregulares en la migración cubana hacia Estados Unidos, pero la probabilidad de una crisis migratoria parece mínima, y hay canales establecidos para tratar estos asuntos. Mi país está en el segundo lugar en cuanto al envío de visitantes al suyo, solo Canadá envía más, y seguramente vamos a superar la cifra de 500.000 visitantes en el 2011. El comercio, aunque sea en un solo sector y de una sola vía, es sustancial, con la venta anual de productos agrícolas a Cuba por el valor de 370 millones de dólares en el 2010. Nuestras autoridades colaboran de manera efectiva y profesional en el combate contra el narcotráfico.

 

En cuanto a las relaciones entre las sociedades, hay que señalar que la Guerra Fría nos separó, pero los dos pueblos nunca se vieron como enemigos el uno al otro, y han sido imborrables los recuerdos y las influencias en ambas direcciones.

 

Hoy en día, crecen los contactos y los intercambios, sobre todo con las medidas del presidente Obama de permitir los viajes libres de cubanoamericanos y una liberalización importante en cuanto a viajes no turísticos, incluyendo los religiosos, académicos, y otros. Hay, además, una política de visas que está permitiendo un amplio flujo de artistas cubanos a Estados Unidos –jazz, ballet, salsa, artistas plásticos, etc. Todo esto es muy saludable y brinda la posibilidad de mejorar el ambiente en el cual los políticos y diplomáticos de nuestros países laboran. Ojalá que en un futuro cercano los dos gobiernos eliminen todas las limitaciones en los movimientos de sus ciudadanos.

 

¿Cuáles son las diferencias marcadas por la actual administración norteamericana en las relaciones con la Isla?

 

En un discurso pronunciado el pasado marzo en Santiago de Chile, el Presidente Obama alentó a las “autoridades cubanas” a “respectar los derechos básicos de su propio pueblo – no porque Estados Unidos insista en eso, sino porque lo merece el pueblo cubano.” Días después, se refirió escuetamente a “algunos gestos” de parte de La Habana tales como la excarcelación de presos políticos y la apertura en el sector del trabajo por cuenta propia, y dijo que espera ver más cambios en esos sentidos.

 

¿Cómo ha sido interpretada en Estados Unidos la disposición del presidente Raúl Castro -manifestada en reiteradas ocasiones- a dialogar para resolver las diferencias entre los dos Estados?

 

Hay un sector de opinión que rechaza este tipo de oferta y argumenta que el diálogo que sí tiene que tener lugar es entre el gobierno cubano y el propio pueblo cubano. A mí la oferta me parece sumamente práctica. Creo que sería muy constructivo poner todos los asuntos y propuestas en la mesa y decidir en cuales hay disposición mutua para trabajar.

 

Dejando a un lado cualquier consideración de la política interna cubana, Cuba incide en intereses nacionales de Estados Unidos por el simple hecho de nuestra cercanía geográfica. Es una gran equivocación, por ejemplo, que la Administración Obama no se haya interesado en buscar la firma de convenios bilaterales en materia de medio ambiente, por lo menos para establecer canales de comunicación, planes, procedimientos, y obligaciones mutuas en el caso de un derrame de petróleo en el Golfo, tal como tenemos acordado con México. Un diálogo, tal como lo ha propuesto el Presidente cubano, pudiera abrir caminos para resolver asuntos como este, y otros.

 

Y volviendo al tema de la relación entre el pueblo cubano y su gobierno, si Washington pretende tener influencia en cuestiones internas en Cuba, sus posibilidades en ese sentido serían mayores en la medida en que mejore la relación entre los gobiernos. No ha servido para nada actuar, como se ha hecho por muchos años, como si estas cuestiones no merecieran un diálogo serio y de alto nivel con dirigentes cubanos. La Administración Obama ha manifestado una modesta voluntad política para expandir el diálogo diplomático con Cuba, por ejemplo entrar en pláticas sobre el re-establecimiento de servicios postales. Pero no se ha aceptado la propuesta de un diálogo más amplio.

 

¿Qué rol, en beneficio de ese diálogo, podría desempeñar la comunidad de cubanos radicada en Estados Unidos? ¿En qué condiciones se encuentra para hacerlo?

 

Paradójicamente, la misma comunidad que más se conecta con Cuba, que llena docenas de vuelos semanales desde Miami, es la que también va a las urnas para elegir al Congreso a los legisladores que más se oponen al diálogo entre los dos gobiernos y a los contactos entre las sociedades. Ahora, la paradoja se explica fácilmente –en general, los cubanoamericanos que viajan no votan, y los que votan no viajan. Es decir, que el peso político de la comunidad sigue siendo definido por el sector que se ha llamado “el exilio” –un sector mayoritario pero no completamente compuesto por los “históricos” que llegaron en la emigración de los años sesenta, que decidieron, al marcharse de la Isla , no regresar hasta que se produjera un cambio de gobierno. Por décadas, su disciplina en el activismo político ha sido asidua y sumamente efectivo en Washington. Y su fórmula ha sido sumamente negativa: negar, sancionar, separar, esperar.

 

Hay otro sector cubanoamericano que también se preocupa por el país, pero actúa de manera positiva para ser efectivo en Cuba –sea visitando familiares, ayudando a personas o instituciones, o promoviendo que se desmantelen barreras construidas por los gobiernos de ambos lados. Es un sector parecido a las tantas comunidades de inmigrantes que han enriquecido mi nación a lo largo de su historia, que mantiene vínculos con su país y al que nunca se le ocurriría promover que Washington impusiera sanciones contra la economía en la que vive su gente.

 

Este sector es cada vez más grande dentro de la comunidad cubanoamericana, lo que se refleja en todas las encuestas. Su participación en el debate ha crecido notablemente. Con el paso del tiempo, y con más participación política por parte de cubanoamericanos jóvenes o más recientemente llegados, podemos imaginar un cambio decisivo, por ejemplo, la elección de un congresista cubanoamericano que rompa con la llamada línea dura que han seguido todos los legisladores cubanoamericanos hasta ahora.

 

¿Considera importante el diálogo entre los dos Estados, entre los dos países? ¿Por qué? ¿Podría sugerir una especie de hoja de ruta para facilitarlo y potenciarlo?

 

Sí, es importante. Como señalé anteriormente, hay un gran valor práctico en la propuesta del presidente Raúl Castro de que los representantes de los dos gobiernos se reúnan para plantear los asuntos de interés de cada lado, y luego decidir en cuáles de ellos hay voluntad para trabajar. En tal escenario se puede adivinar que muchos temas serían excluidos por un lado o el otro, pero que se produciría una agenda de trabajo que ofrezca la posibilidad de beneficios para ambas naciones, y para nuestra región.

 

Ahora, parece claro que en Washington no hay voluntad política para entrar en tal negociación. La Administración Obama heredó dos conflictos militares y ahora se ha inmiscuido en un tercero en Libia, sigue enfrentando cuestiones muy difíciles en nuestra política económica, y el propio Presidente empieza a enfocarse en su campaña para la re-elección en el 2012. Cuba no tiene y no va a tener un lugar prioritario en su política extranjera. Pero aceptar estas realidades políticas no implica descartar la posibilidad de mejorías en las relaciones Cuba- Estados Unidos.

 

Durante el mandato del presidente Obama hemos visto que Cuba, por sus propias razones, ha liberado una cantidad importante de presos, incluyendo los de conciencia. También por sus propias razones se ha encaminado en un proceso de reforma económica que –a pesar de no estar definido en todos sus detalles– es de gran alcance económico, social, y político. Entre otras cosas, estamos viendo emerger un modelo económico que no solamente acepta, sino pretende promover más autonomía ciudadana en la esfera económica, y un rol del Estado diferente y a veces reducido. Ojalá que tenga buenos resultados para el bienestar de las familias cubanas.

 

Obama, por su parte y por sus propias razones, ha actuado también liberando los viajes, las remesas, y los envíos de paquetes a Cuba. Son pasos pequeños pero importantes. Mientras se habla de futuros micro-créditos, los tío-créditos ya están teniendo el efecto de apoyo al sector emergente de la economía cubana. Esta dinámica es indirecta, no es negociada, y consiste en acciones que cada parte toma sin referencia a la otra. Pero es saludable, y de hecho pudiera ser conveniente para ambos lados que continúe así.

 

¿Y la visita del presidente Carter?

 

Muy alentadora. No estoy de acuerdo con el ex presidente Carter en cada cosa, pero es un hombre de buena fe que se ha desempeñado durante todo este tiempo en trabajos diplomáticos en los que hace falta un diálogo más amplio. Y Dios sabe que entre nuestros países vale mucho la pena que haya más diálogo de alto nivel. Sobre todo, valoro su ejemplo para la política de mi país. Su visita mostró el valor de intercambiar tanto con el gobierno como con la sociedad cubana, desde una postura respetuosa y, en cierto sentido, crítica.

 

Habló de muchas cosas durante la visita, incluso de su visión personal de una política norteamericana ideal en la cual acabamos con el embargo comercial, ponemos en libertad a los cinco presos cubanos en Estados Unidos, etc. Yo creo que él, siendo un estadista pragmático, sería el primero en calificar algunas de esas ideas como metas a largo plazo.

 

En mi opinión, la labor más importante de su visita será el informe que presenta al presidente Obama. Ojalá que sus días en Cuba sirvan para que el presidente Obama esté más enterado de la cambiante realidad cubana, y para sugerir pasos prácticos que nos sirvan a todos, como vecinos.