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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Vida y muerte de los ferrocarriles cubanos

 

Ernesto García Díaz, en Cubanet

   

LA HABANA.- En la Estación Central de Ferrocarriles de La Habana, fumigaban -contra el mosquito aedes aegypti- con los pasajeros adentro (niños, mujeres en cinta, y ancianos), violando todas las normas sanitarias. Y ni hablar de refrescarse. Cobran un dólar para poder usar los baños. ¡Y ni pagando! Los baños no tienen jabón, ni papel sanitario. Eso que la estación renta los baños a particulares.

 

El cuentapropista de limpieza nos dijo: “hace un tiempo los baños carecían de agua, eran una asquerosidad, ponían un cubo para descargar, sin llaves los lavamanos, las tazas de los inodoros rotas, los urinarios tupidos, nosotros rehabilitamos el servicio, pero eso sí,  tenemos que vigilar, porque nos roban hasta las escobas”.

 

El desastre de los ferrocarriles

 

Casi el 20 por ciento de los trenes cubanos no sale ni llega a su hora. Las salidas de trenes se han reducido. Preguntamos para saber ¿cuántos trenes corren de La Habana a Santiago de Cuba?

 

 “Hay dos trenes, uno regular y otro especial, cada tres días -nos dijo la muchacha de la ventanilla-,  hoy sale un extra para Santiago de Cuba a las 11.00 de la noche. El especial de Santiago corre en diciembre los días 24, 27 y 30, a las 6:27 de la tarde y el regular sale el 25, 28, 31, a las 4:00 pm.”

 

Los pasajes para Santiago de Cuba hay que reservarlos en la Estación La Coubre, a unos 700 metros de la Estación Central. Pero, ¡cuidado, los que vayan a pueblos de provincia! El tren regular se detiene en algunas estaciones municipales, pero el especial a Santiago es expreso, solo para en las cabeceras de provincias.

 

Y como el viaje Habana-Santiago dura 15 horas. ¡Prepárese a pasar hambre!  En los vagones, venden unas pocas confituras, se terminan pronto. En las paradas suben vendedores de pancitos con lo que sea. Los ferrocarriles tampoco ofrecen agua potable. Lleve su agua. Y si puede cargue con una botella para orinar, porque el baño de su vagón puede estar desbordado, o peor, clausurado.

 

La misma empleada de información, riéndose nos dijo: “Yo prefiero orinar en una botella”.

 

En la Estación La Coubre, bajo un techo de fibrocemento, un letrero anunciaba: “hasta el 4 de enero, no hay reservaciones”. Si se decide a viajar, debe ir a la lista de espera y anotarse. Con suerte le venderán su pasaje en cinco días. A los que llevan días tirados por el piso, malhumorados, aun les espera lo peor, montarse en un vagón sucio, maloliente, y padecer un viaje torturante.

 

Uno de la lista de espera comentó: “Voy para Guantánamo, estoy aquí, desde hace tres días, tengo el número 500 de la segunda vuelta, hoy tampoco me voy”. El pasajero 2 agregó: “Yo estoy apuntado para Guantánamo, pero voy para Santiago de Cuba. No queda otra”. Otro me dijo “Voy para Guantánamo, pasé 4 días en la lista, para poderme ir hoy, tuve casi que vivir y dormir aquí, pero es la única forma de esperar el año con mi familia. Y casi no tengo dinero para llegar con los míos, aquí, en la terminal, los alimentos son muy caros, en comer se me ha ido lo poco que tenía.”

 

En el 2012, el ferrocarril transportó 9.9 millones de pasajeros. Más de un millón menos que en el 2005.

 

Cuba fue el segundo país en América en tener ferrocarril. El 19 de noviembre de 1837, se inauguró el primer tramo La Habana-Bejucal. En 1859, la capital contaba con servicio de tranvías. Una década después, el ferrocarril llegaba a Calabazar, Santiago de las Vegas, Marianao, Cárdenas, Jovellanos.

 

En las dos primeras décadas del siglo XX, la isla completaría la línea central La Habana-Santiago de Cuba, con ramales secundarios a Pinar del Río, y hasta la Bahía de Guantánamo. Y contaba con una red electrificada, el trencito de Hershey, que enlazaba la capital cubana con la ciudad de Matanzas.

 

En 1959, los trenes fueron el alma de la producción azucarera, dieron vida a poblados y ciudades. Llegaban a casi todos los rincones de Cuba.

 

En 1961, el gobierno revolucionario nacionalizó los ferrocarriles. En pocos años, la red ferroviaria cubana que se extendía sobre unos 12,060 kilómetros, quedó reducida a 8,367 km.

 

En Cuba, la prensa oficial no reporta -salvo casos de muerte- los accidentes ferroviarios. La administración castrista hizo de la refulgente joya ferroviaria cubana un verdadero desastre.