Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Viajar a Cuba en tiempos de Fidel – Partes 1 y 2

 

Daniel Barreto, en Cinco Continentes

 

A no ser que se vaya a Cuba únicamente para tumbarse en la playa en total autarquía, Cuba es un destino que inspira pasiones y sentimientos encontrados en los viajeros.  Seguramente que estas pasiones surgen del hecho que resulta difícil explorar Cuba sin confrontarse a dos temas polémicos, la política y el sexo. Como han pasado ya 10 años desde mi viaje, esta entrada es una crónica de lo que fue y no necesariamente de lo que es, por lo que aprecio todos sus comentarios si han viajado recientemente o viajaran en el futuro a Cuba para que me cuenten que ha cambiado y que sigue igual.  Pensaba escribir esta entrada desde que comencé Cinco Continentes hace tres años. Sabía que algún día iba a hacerla, pero por varias razones siempre la he ido posponiendo. Como viajé a Cuba hace ya hace diez años y las reglas de vida y de viaje en Cuba han cambiado varias veces, desde el 2004, me temía que esta entrada resultaría obsoleta. También está el hecho de que cuando fui a Cuba no tenía una cámara digital y no estoy muy contento con el resultado general de mis fotos. Sin embargo, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre E.E.U.U. y Cuba me han animado a finalmente escribir esta entrada.

 

Casas particulares legales

 

A partir de 1997, el gobierno abrió la posibilidad a familias particulares de alquilar a turistas un máximo de dos habitaciones por vivienda.  Esta medida era supuestamente temporal para compensar por la escasez de cuartos de hotel en la isla mientras el gobierno construía más hoteles.  Según me comentaron diferentes familias con las que me hospedé, una familia tenía que pagar un impuesto fijo de 200 USD por mes por cada habitación alquilada a extranjeros pudiendo alquilar un máximo de dos habitaciones por vivienda.  Este impuesto debía ser pagado sin falta todos los meses aunque la familia no hubiese recibido turistas. El no pagar ésta licencia podría resultar en la confiscación de la vivienda. Los cargos no terminan ahí. Los 200 USD al mes eran por el uso exclusivo de la habitación y los turistas no tenían derecho a estar en otras habitaciones de la vivienda como la sala, salvo si el dueño de casa pagaba un impuesto mensual adicional. Para tener el derecho de poner el  triangulo azul en la puerta para anunciar que en la casa se alquilan cuartos era necesario pagar 75 USD adicionales por mes. Igualmente, las casas particulares no tenían derecho a servir comida a sus clientes si no pagaban una licencia mensual de 300 USD. Toda esta información la obtuve de los diferentes caseros que tuve, pero no pude corroborarlas en ningún otro lado.

 

Y casas particulares ilegales

 

Dormir en una casa particular legal no era ninguna ganga en lo que se refiere a un alojamiento básico en un país del tercer mundo (salvo si se compara con el costo de dormir en un hotel Cubano).  Una habitación costaba a partir de 35 USD en la Habana y a partir de 25 USD en provincias, aunque llegué a negociar rebajas de unos 10 USD la noche.  Sin embargo hay alternativas. La primera vez que me quedé en una casa ilegal fue en el pequeño pueblo colonial de Gibara. Como las dos casas legales del pueblo estaban ocupadas, algunos vecinos me pusieron en contacto con una familia que me alojó en uno de sus cuartos por solo 8 USD la noche. Dado que la familia en cuestión no tenía licencia, me suplicó guardar la máxima discreción al respecto; ya que si bien yo, en tanto que turista, solo arriesgaba una multa y la expulsión del país, la familia arriesgaba mucho más. La diferencia de nivel de vida entre esa familia y las otras, que tenían un flujo constante de dólares era abismal. En la Habana bajo otras circunstancias conocí a una joven pareja viviendo una vida de relativa de lujo en el barrio del Vedado. Bastó una sutil sugerencia de mi parte para que me invitaran a ocupar uno de los dormitorios de su departamento por la módica suma de 12 USD la noche.

 

Cuestiones de política

 

Resulta imposible viajar a Cuba y escaparse de la política, a no ser que uno limite su viaje a tirarse a la playa en un resort cerrado como Varadero. La política y la ideología se respiran por doquier.  Primer shock: la ausencia total de publicidad comercial, que si bien suele resultar siendo polución visual, en algunos casos resulta útil para esconder la desnudez material  de los muros y edificios que cubre.  En Cuba la publicidad se limitaba a eslóganes políticos glorificando los logros de la revolución o salmos exhortando al patriotismo nacional.  Los turistas no playeros suelen llegar con sus preconcepciones sobre la isla. Idealistas europeos o latinoamericanos llegan en busca del paraíso socialista del Caribe, mientras que fervientes creyentes en las virtudes del mercado llegan buscando pruebas que confirmen sus convicciones. Tengo la impresión de que los cubanos al conocerte tratan de evaluar cuáles son tus inclinaciones ideológicas para así darte el discurso que más quieras escuchar, lo cual ellos explotarán de todas las formas posibles para poder sacar algún beneficio económico.

 

Algo que me sorprendió fue la aparente franqueza y humor, con la que te hablan los cubanos contándote sus penurias cotidianas  y hasta criticando al régimen, cerciorándose claro está, de que nadie más les esté oyendo. Muchas de estas conversaciones fueron algunas de las experiencias más memorables del viaje. Le pregunté a un joven quien maldecía a Fidel mientras se pavoneaba de ser sacerdote santero, el por qué no le echaban una maldición a Fidel para deshacerse de él a lo que me respondió:

 

- Chico, ¿y tu quién crees que es el santo más grande de todos?  Si Fidel hizo una gran ceremonia en África donde se consagró como santo bañándose en la sangre de tres elefantes.

 

Me reí y le comenté a mi amigo -Fidel es un genio y cultiva su aura de invencibilidad desde todos los frentes.

 

Es cierto, que Cuba va mucho más allá de la política.  Cuba es el maravilloso museo arquitectónico al aire libre que es la ciudad de la Habana justamente porque ha escapado la construcción desenfrenada durante las últimas cinco décadas.  Cuba cuenta con playas envidiables y con maravillas naturales como el Valle de Viñales.  Pero creo que lo que hace que Cuba sea un destino verdaderamente único, es justamente el contexto político y económico que afecta al país y a sus habitantes con manifestaciones tan particularmente cubanas como el jineterismo y el invento, sobre las cuales les contaré en la próxima entrada.

 

¡No es fácil! Este es el lastimoso quejido que un viajero oye de los cubanos constantemente refiriéndose a las penurias que encuentran en su vida cotidiana. Aquí les comparto la segunda parte de la entrada sobre Cuba que publiqué el mes pasado. Lo que hay que entender es que Cuba es un país que vive un apartheid económico entre los turistas extranjeros (y los cubanos con acceso a divisas extranjeras) y el resto.  Aparte de la pintoresca propaganda política e ideológica que decora la isla, la naturaleza de su sistema político y económico crea penurias y una escasez de productos que en cualquier otro país se consideran básicos. Si viajas con un paquete todo pagado a Varadero, esto no te afectará particularmente, pero si pretendes viajar a Cuba de forma independiente y económica no tardarás en sumarte a ese coro de quejas, ya que para el viajero independiente viajar en Cuba tampoco es fácil.

 

Escasez y disponibilidad de productos

 

El sueldo promedio de un cubano equivale a unos 12 dólares americanos. Desde el comienzo de la revolución se instauró un sistema de racionamiento donde cada familia recibe un libro con cupones con el que pueden acceder a una canasta básica de alimentos que incluye unos kilos de arroz y frijoles, medio litro de aceite, leche en polvo, algunos huevos y algo de pollo (cuando hay) entre otras cosas. El problema es que esta canasta te puede durar un máximo de 15 días. Para cubrir el resto de sus necesidades lo más fácil es recurrir a tiendas estatales que venden sus productos en CUC (o peso equivalente al dólar). Pero los precios practicados en estas tiendas son extremadamente caros y fuera del alcance para el cubano promedio. Por lo que se recurre a mercados de productores legales, o al mercado negro. Pero la escasez en Cuba es selectiva. Mientras que un cubano de a pie tiene que hacer mil malabares para comprarse un kilo de frijoles o unos huevos, los turistas extranjeros comen en los surtidos buffets de los hoteles de cinco estrellas del estado. Los residentes de La Habana corren para alcanzar algunos de los escasos autobuses improvisados en remolques de camión, mientras que turistas extranjeros se pasean por la isla en lujosos autobuses con aire acondicionado. Muchos argumentan que la causa principal de la escasez es el embargo americano, pero la mayor parte de países si comercian con Cuba. El problema es que Cuba simplemente no tiene las divisas para importar los vehículos, granos y petróleo que no producen. Esta situación resulta en que los cubanos recurran al invento para sobrevivir.

 

El Invento

 

El invento consiste en ingeniárselas para poder procurarte algún bien de consumo o material que normalmente esta fuera de tu alcance. Como en principio todos los cubanos trabajan para el estado por un sueldo irrisorio y el estado es propietario de prácticamente todos los bienes, el invento consiste en lucrar de las ventajas que te brinda tu puesto te trabajo. Si eres chofer, utilizas el carro del gobierno en tus ratos libres (o alegas enfermedad para no ir a trabajar) para transportar pasajeros. Si trabajas en una fábrica o almacén de ron o cigarros, te robas unas cuantas botellas o algunos cigarros para vendérselos a los turistas (adulterándolos un poco para poder vender más). Si trabajas en una bodega de abarrotes, alteras la balanza para quitarle unos gramos de arroz a la ración de cada cliente para poder vender estos excedentes en el mercado negro.  Los cubanos gastan una enorme cantidad de tiempo y energía procurándose lo necesario para subsistir a precios que correspondan a su poder adquisitivo.  Es por ello que la gente se ausenta mucho de sus puestos de trabajo. El acuerdo tácito entre el gran empleador estatal y sus empleados parece ser el viejo chiste “ellos pretenden pagarnos y nosotros pretendemos trabajar”. Si bien el estado se hace la vista gorda de todos los tráficos e irregularidades perpetuados por los cubanos, según me contaron muchos, la tolerancia se esfuma desde el momento que una persona comienza a criticar abiertamente al gobierno. La supervivencia cotidiana es asegurada intercambiando favores, productos y servicios entre cubanos que se enteran de su disponibilidad vía los rumores del barrio o “La Radio Bemba” como se les llama popularmente. Pero la mejor manera de sobrevivir es saliéndose del limitado universo cubano y percibir algún tipo de beneficio de la parte de los extranjeros, creando de esta manera el fenómeno del jineterismo.

 

Jineterismo sexual

 

El termino jinetero tiene obvias connotaciones sexuales. Originalmente el término jinetero(a) se refería a los cubanos o cubanas que se ganaban la vida intercambiando favores sexuales o sentimentales con turistas extranjeros. Si bien había oído hablar de este fenómeno, jamás me imaginé lo extendido que estaba el jineterismo sexual. En todos los viajes que he realizado (y he visitado más de 60 países) nunca antes ni después he visto algo parecido. Como turista extranjero, las proposiciones sexuales y sentimentales te llueven por todos lados. Durante mi primera noche en la Habana, fui con mi mejor amigo Shalako y con un chico francés que se quedaba en nuestra casa a un conocido bar llamado La Casa de la Trova. La idea era pasar una noche agradable bailando salsa (o tratando de bailar en mi caso). Al llegar al local nos anunciaron que la entrada costaba 20 dólares.

 

– 20 dólares?  -  Protestó Shalako.

 

– Pero ese es un precio de gringos y lo que queremos es conocer gente cubana. ¿Qué cubano se puede permitir pagar 20 dólares para entrar a un bar?

 

El de seguridad le respondió con una sonrisa pícara:

 

- ¿Pero chico, si lo que querías era conocer cubanas, porque no me lo dijiste antes?  ¿Cómo la quieres, rubia, negra o morena?

 

En menos de dos minutos se aparecieron tres chicas en minifalda desfilando ante nosotros.

 

- Lo siento jefe, pero esto no es lo que teníamos en mente.

 

Esto fue solamente el principio. Durante todo el viaje me llovieron proposiciones de una u otra índole de parte de mujeres y de hombres. Existe el jineterismo inmediato donde recibes la proposición de consumar un acto sexual inmediato a cambio de una tarifa anunciada. Lo más sorprendente es que recibes estas proposiciones en el medio de las situaciones más improbables. Una señora a quien le ofrecimos comprarle un carnet de racionamiento antiguo como souvenir nos invitó a su casa. En su casa tuvimos una conversación interesantísima con sus hijos de unos veintitantos años. De un momento al otro el chico nos ofreció pasar un rato con su hermana por 20 dólares y esto delante de su madre con un tono de total normalidad y sin ningún complejo.

 

Pero también existe el jineterismo sentimental en el cual el jinetero/a invierte mucho más tiempo y energía en el turista, con la esperanza de recibir un dividendo más grande. Dos personas en diferentes momentos se declararon perdidamente enamoradas de mí y querían que me las llevase a Francia. Si sus esfuerzos tienen éxito, cultivan una relación de largo tiempo con uno o múltiples turistas, quienes vuelven a Cuba una y otra vez y les mandan dinero y objetos que les permite subsistir.

 

Una amiga se quedó perdidamente enamorada de un cubano durante su viaje por allá. Mi amiga se comunicaba constantemente con su amado vía el número de celular español que éste le dio. Al cabo de varios meses recibió una llamada desesperada de una chica española. Resulta que la española se había hecho pareja del  cubano, y se percató del número de mi amiga al verlo en la factura del teléfono que ella le pagaba desde España.  Después de un poco de investigación salió a la luz que el chico estaba desarrollando una relación con cinco europeas distintas y estaba a la espera de irse de Cuba con la primera de ellas con quien se concretizara un matrimonio.

 

Los otros jineteros

 

No todos los jineteros son de índole sexual. Hay jineteros que simplemente actúan como intermediarios entre el turista y algún servicio que este necesite. Otros son los prestatarios directos de estos servicios. Para viajar de La Habana a Trinidad, un jinetero nos recomendó a alguien que tenía acceso a un carro oficial para que nos lleve hasta allá. La alternativa era pagar algo más caro el autobús para turistas de la empresa estatal Viazul. De esta manera nuestro dinero iba directamente al bolsillo de un cubano y teníamos la oportunidad de compartir el viaje con gente local. Otros te ofrecen venderte de todo. Y otros simplemente te brindan una entretenida compañía que en otros países se podría considerar como amistad, pero que en el duro contexto cubano no está exento de interés material. Lo triste del caso es que la mayoría de cubanos son gente encantadora y con un buen nivel de educación, pero que debido a la dificultad de la situación por la que viven, es difícil creer que son capaces de proponerte una amistad desinteresada. Siempre terminan compartiéndote una historia triste o alguna urgencia familiar con la expectativa de que te apiades de ellos y les des algo de dinero o algún regalo. Por la calle no faltarán personas de todas las edades que te pidan dinero, ropa, jabón, leche o tu polo. Después de haber observado esto por un mes me resulta difícil encontrar las virtudes que muchos idealistas encuentran en la revolución cubana. No niego que en el resto de América Latina existan terribles desigualdades sociales y económicas que tienen que ser corregidas, pero en mi opinión la solución no pasa por el sistema cubano.

 

A pesar de todo esto, o más bien gracias a todo esto, Cuba será uno de los viajes más memorables que he realizado. Encontré la comida mala, repetitiva y cara; los alojamientos mediocres para el precio pagado y en general la necesidad de luchar para evitar que te cobren precios delirantes por tu condición de extranjero.  Pero encontré a los cubanos sumamente enriquecedores, entretenidos y amigables. Creo que ver un país viviendo en un sistema totalmente paralelo al del resto del planeta es una oportunidad única para comprender al mundo. Mi viaje lo realicé en el 2004. Muchas cosas han cambiado desde entonces y es probable que sigan cambiando. Por un lado les recomiendo que viajen a Cuba, antes de que cambie completamente, pero por otro lado no puedo más que desear que se liberen pronto de ese sistema asfixiante para poder volver y conocer el genuino encanto del pueblo cubano sin intereses de por medio.