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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Universidades cubanas, fuera de la élite

 

Quacquarelli Symonds no reserva ni siquiera el último escaño a ninguno de los centros universitarios de la isla

 

Ernesto Pérez Chang, en Cubanet

 

LA HABANA, Cuba.- Como ha sucedido desde el 2011, la consultora Quacquarelli Symonds (QS), con sede en Londres, ha actualizado y publicado la lista de las que considera las mejores universidades del planeta.

 

A pesar de que el discurso oficial del gobierno cubano no escatima en hacer alardes de la “altísima calidad” de su sistema de educación, el inventario de QS correspondiente al 2015 no reserva ni siquiera el último escaño a ninguno de los centros universitarios establecidos en la isla. Lo que nos perpetúa en la espera del cumplimiento de aquellas promesas de Fidel Castro sobre los generosos frutos que debiera rendir la “educación revolucionaria” o sobre “convertir al pueblo cubano en el más culto del mundo”.

 

Aunque ninguna de las altas casas de estudios de América Latina alcanzó a clasificar entre las 50 mejores a nivel mundial, universidades como las de São Paulo, Rio de Janeiro, Campinas y Brasilia, todas en Brasil; así como los principales colegios de Chile y México, se colocaron a la cabeza de nuestra región. Todo esto llamando la atención sobre la verdadera realidad de la educación superior en Cuba que, de acuerdo con la propaganda oficialista y con las estadísticas que publica en la prensa y divulga en informes dirigidos a los organismos internacionales relacionados con la enseñanza, debiera servir como patrón universal.

 

El ranking de QS, reconocido en todos los ámbitos académicos por su rigurosidad, se establece a partir de numerosos indicadores entre los que se encuentran la calidad de la docencia, la correspondencia entre el número de profesores y el de estudiantes, así como la importancia y el alcance de los programas de investigación de cada universidad.

 

De creer con fe ciega en lo que dicen los dirigentes cubanos, la tabla clasificadora de QS pudiera parecer una injusticia. Pero lo que en verdad sucede al interior de nuestras universidades revelaría incluso que muchos de los centros de estudios que en la isla llamamos “universitarios”, debieran ser registrados en otros niveles docentes de grado inferior.

 

En una encuesta realizada por Cubanet a 100 estudiantes universitarios de 4to. y 5to. años de diversas carreras de la Universidad de La Habana, se pudo comprobar que el 89 por ciento califica de “mala” o “muy mala” la calidad de las clases, mientras que un número similar considera que más de la mitad del claustro de profesores no está lo suficientemente preparado para impartir las asignaturas fundamentales.

 

La misma encuesta reveló que un 76 por ciento reconoce que tanto los contenidos de los planes de estudios y la información de los libros de textos  están desactualizados, mientras que un 84 por ciento dice no sentirse capacitado para enfrentarse a la vida laboral debido a la insuficiencia en la preparación. En este sentido, un asombroso 93 por ciento aseguró sentirse defraudado debido a las expectativas que, causadas por la propaganda oficial, se forjaron antes de matricular en sus especialidades.

 

Manuel, estudiante de la Facultad de Biología en la Universidad de La Habana, habla de algunos de los fenómenos que atentan contra  la calidad de la educación superior: “No hay estabilidad con los profesores. A veces ni siquiera los hay y te ponen a un estudiante de 4to. o de 5to. que puede ser muy bueno pero no es igual. No sabe explicar, ni está bien preparado para aclarar todas las dudas. Los buenos profesores se han ido porque sienten que pierden el tiempo y no les pagan bien o simplemente ni les pagan. Los mismos alumnos que se gradúan pasan a ser profesores e incluso hasta jefes de asignatura, lo cual es un disparate. Y por lo que sé, así es en todas las facultades.”

 

Gabriela, estudiante de Física, nos dice: “En 1ro. y 2do. años, sobre todo, se pierde mucho tiempo con asignaturas que nada tienen que ver con la carrera o que debieron ser parte de las asignaturas del preuniversitario o incluso de la secundaria. Después vienen las asignaturas políticas y de preparación militar por aquello del “graduado integral”, es decir, no puedes aspirar a ser el mejor expediente de tu carrera si no te involucras en ese tipo de idioteces que al final no aportan nada a tu carrera científica. (…) Los profesores somos nosotros mismos y en muy raras ocasiones invitan a un profesor de prestigio de alguna universidad también prestigiosa para que nos imparta una asignatura o nos dé una buena conferencia. Hay profesores buenísimos, pero son los menos, el resto son alumnos ayudantes, recién graduados, y eso es fatal”.

 

Una estudiante de Historia (de la que no mencionaremos su nombre porque, al ser este poco común, pudiera ser identificada fácilmente), afirma estar arrepentida de la especialidad que eligió: “Me gustaba la historia y tengo que reconocer que aquí en la universidad aprendí a odiarla. Es que te das cuenta que todo lo politizan, que no te dan margen para elegir tus métodos de estudio de la historia. Creo que es de las carreras más politizadas y en las que más comprometimiento ideológico te exigen. Hay profesores muy buenos y otros que aparentan serlo pero que al final te das cuenta de que son solo fama porque ni saben dar clases ni los libros que han escrito valen un centavo. Si les haces una pregunta fuera de su tema de investigación no saben ni pitoche. Yo he tenido profesores que te sacan las cosas de la Wikipedia, o amigos míos que hacen sus trabajos, incluso las tesis, copiando y pegando de internet y los profesores les dan 5 (máxima calificación) (…) Y no te pongas a discutir de política porque la puedes pasar muy mal.”

 

Orlando, estudiante de Economía, señala los puntos más problemáticos de la carrera que eligió: “El [idioma] inglés que dan es una mierda. Las clases no sirven para nada porque suponen que en el preuniversitario te enseñaron lo básico, de modo que pierdes el tiempo y estás obligado a matricular idioma en otra parte, porque después no puedes aspirar a una beca [en el exterior]. (…) Ni hablar de los libros de texto y de la información. Los mismos profesores te dicen que no saben cómo explicar la economía cubana porque ningún modelo se le acerca, porque es un disparate. Te preparan para una economía ideal pero en la concreta la realidad cubana es como la ciencia ficción. A muchos recién graduados se los ha comido ese león. Hasta los otros días se hablaba de planificación socialista y eso está en las mentes de muchos profesores, nada se puede hacer porque con esa leche los amamantaron y no les queda más remedio que morir dando clases. A todo eso agrégale el aluvión de asignaturas que solo sirven para lavarte el cerebro pero, como la imparten profesores muy mediocres, lo que logran es todo lo contrario.”

 

Incluso en Medicina, una de las carreras más promovidas por el gobierno debido a sus planes de “exportación” de médicos, la calidad de la enseñanza deja mucho que desear. Las presiones por el afán de lucrar con la atención médica, han desencadenado una verdadera producción en serie donde la cantidad de graduados se impone a la calidad de estos.

 

Centenares de policlínicos y hospitales tienen locales improvisados donde se imparte la carrera, según nos informa un funcionario del Ministerio de Salud Pública que nos ha pedido discreción. Siempre escasean los profesores, los materiales de estudio y, hasta en ocasiones, se han debido suspender las clases por falta de personal para impartirlas o reunir a los estudiantes en aulas donde la matrícula supera los niveles recomendados. No obstante, para alcanzar la alta cifra de “producción de graduados”, se ha disminuido la rigurosidad en los exámenes y se ha eliminado contenido fundamental en los planes de clases.

 

Los problemas en las universidades cubanas se irán agravando en la medida que el gobierno continúe resistiéndose a implementar un plan de reformas urgentes que ayuden a la formación de un profesional de calidad.

 

Las inversiones extranjeras, el establecimiento de grandes empresas trasnacionales con que el gobierno pretende salvarse, no servirán de nada si el país no es capaz de formar profesionales de calidad. De lo contrario, nuestro graduados solo serán personal de segunda a las órdenes de expertos importados desde esas otras universidades de reconocido prestigio. Nuestras universidades, para estar a tono con el mundo, deberán desgajarse del control estatal y convertirse en verdaderas fuentes de capital humano.