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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Unificación monetaria: causas y límites

 

Dimas Castellanos, Lleida, en Diario de Cuba

 

Entre las reformas parciales del gobierno de Raúl Castro se anunció la puesta en vigor de un cronograma de medidas para eliminar la dualidad monetaria, implementada a raíz de la pérdida de los subsidios soviéticos. Una mirada retrospectiva al tema ayuda a identificar algunas de las causas y limitaciones del anunciado cronograma.

 

En el período comprendido entre las dos grandes guerras de independencia que tuvieron lugar en la segunda mitad del siglo XIX cubano, la Isla se convirtió en el primer país en arribar al millón de toneladas de azúcar, de la cual más del 90% se exportaba hacia Estados Unidos. Ello permitió al país vecino imponer a España el tratado de reciprocidad comercial conocido como Bill Mc Kinley, mediante el cual se estableció la libre entrada de azúcar cubana a esa nación. De forma simultánea se desarrolló una alta concentración de la propiedad agraria, especialmente en compañías norteamericanas. En esa condición de dependencia económica, al cesar la dominación española el gobierno de ocupación introdujo el dólar como patrón monetario básico, el cual se fue imponiendo hasta la desaparición de las monedas restantes (francesas, españolas, mexicanas), lo que explica la presencia del dólar en los primeros años de  la República nacida en 1902.

 

En ese contexto, con el propósito nacionalista de disminuir la dependencia respecto al dólar norteamericano, el gobierno del general Mario García Menocal dictó en 1914 la Ley de Defensa Económica, la cual dio nacimiento a la moneda nacional. Esa ley estableció un patrón de oro como unidad monetaria con el mismo peso y ley que el dólar. Así, de una decisión nacionalista, emergió la primera versión de dualidad monetaria en Cuba, que duró hasta los años 50 del pasado siglo.

 

De forma diferente, en 1991, la desaparición de la Unión Soviética provocó la pérdida de las enormes subvenciones basadas en relaciones ideológicas, las cuales solaparon durante décadas la ineficiencia del modelo cubano. Ese hecho, unido a la depresión en los precios del azúcar, condujo al país a una profunda crisis estructural bautizada con el eufemismo de Período Especial en Tiempos de Paz. En respuesta a la crisis, el gobierno cubano, en lugar de emprender una reforma profunda dirigida a lograr una economía propia y eficiente, definió una estrategia dirigida a salvar al modelo y conservar el poder. Con ese fin introdujo varias medidas coyunturales.

 

En 1993 se crearon las Unidades Básicas de Producción Cooperativas, mediante las que se les entregó una parte de las tierras ociosas del Estado a los trabajadores en condición de usufructo; se autorizaron los mercados campesinos y el trabajo por cuenta propia; se dio la entrada al turismo y a la inversión extranjera; se admitieron las remesas familiares del exterior; se despenalizó la tenencia del dólar y, en 1994, se autorizó su libre circulación, dando lugar a la actual dualidad monetaria.

 

Como puede apreciarse, la dualidad monetaria introducida en 1914 fue motivada por razones diametralmente opuestas a la ocurrida en 1994. La primera creó e introdujo la moneda nacional paralela al dólar, la segunda legalizó al dólar paralelo a la moneda nacional.

 

El camino y la voluntad política

 

Las causas que condujeron a la dolarización en 1994 tienen su raíz en las primeras medidas revolucionarias, cuyo fin declarado era la desaparición de todas las relaciones mercantiles y, con ellas, del dinero. En 1960 se nacionalizaron todas las entidades bancarias nacionales y extranjeras que existían en Cuba, en 1961 se centralizaron en manos del Estado, mientras la dirección de esas actividades se puso en manos de los revolucionarios procedentes de la lucha armada. Así ocurrió con figuras cuya concepción de la economía difería de las del líder de la revolución, como ocurrió con el economista Felipe Pazos Roque, fundador y primer presidente del Banco Nacional de Cuba desde su fundación en 1948, quien a pesar de renunciar a esa responsabilidad por su posición contra el Golpe de Estado de 1952 y ser nombrado nuevamente al frente de esa institución en 1959, fue sustituido unos meses después por el comandante Ernesto Guevara.

 

La marcha del proceso fue más o menos la siguiente: se introdujo el dólar en 1994; se creó el peso convertible (CUC), una segunda moneda nacional como alternativa al dólar y con el mismo valor que éste; en 2004 se eliminó la circulación del dólar; luego se impuso un impuesto al dólar del 10% y se revaluó el CUC con relación al dólar en un 8%; en marzo de 2011 se retomó el valor original de uno a uno pero se mantuvo el impuesto del 10%. En resumen, se mantuvo la dualidad gracias a la cual Cuba es el único país del mundo con dos monedas nacionales, ninguna de las cuales es realmente convertible.

 

La dolarización y la dualidad monetaria, además de multiplicar la diferenciación social, aumentaron la pérdida del poco valor que ya tenía el peso cubano, una de cuyas manifestaciones fue la inflación expresada en los precios del mercado negro, en la disminución de los menguados salarios y en el desestímulo a la producción.

 

La moneda cubana, representación del dinero, perdió o disminuyó sus funciones como medida de valor, instrumento de adquisición de bienes, medio de atesoramiento, instrumento de liberación de deudas y medio de pago. Por ese resultado la unificación monetaria, si bien constituye un paso imprescindible para el actual o para cualquier otro Gobierno, no resolverá la actual crisis estructural, debido a que la moneda cubana no está respaldada por el Producto Interno Bruto, es decir, por la suma de los bienes y servicios que le permitan reasumir sus funciones y equipararse a las monedas foráneas.

 

La salida está en priorizar la eficiencia productiva, para lo cual se requiere de la inversión nacional y extranjera, que provea al país de capital, tecnología y mercados, lo que a su vez exige una nueva Ley de Inversiones y la elevación de los salarios actuales, que no alcanzan para cubrir más de la tercera parte de las necesidades básicas.

 

Pero como solo se puede distribuir lo que se produce, el Gobierno se enfrenta a una compleja contradicción: sin aumentos de salarios los cubanos no están dispuestos a producir y sin producción es imposible elevar los salarios, por lo que la unificación monetaria por sí sola resultará fútil.

 

En fin, que continúa en falta un proyecto integral que incluya la descentralización de la economía, permita la formación de una clase media, destrabe los obstáculos que frenan la producción y restituya los derechos y libertades ciudadanas. El camino está claro, lo que falta es la voluntad política para transitarlo.