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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Una negra menos

 

Juan González Febles, Infierno de Palo

 

Un heroico esbirro de la policía Seguridad del Estado, educado desde su infancia para ser como el Che, parece haber logrado su objetivo. Asignado para la represión política ciudadana en la provincia Villa Clara y consternado por la muerte del caudillo bolivariano Hugo Chávez, el esbirro se ocupaba de mantener el orden y así, asumió el enfrentamiento al movimiento opositor femenino pacífico Rosa Parks.

 

El Movimiento Rosa Parks liderado por la opositora pacífica Iris Pérez Aguilera cada jueves sale a las calles en marcha pacífica. Las marchas se desarrollan en Santa Clara, en la periferia de la plaza donde se encuentra el monumento memorial del guerrillero argentino Ernesto Che Guevara. Imbuido en los principios en que fue educado, el esbirro con aspiraciones de convertirse en una “fría y eficiente máquina de matar”, tomó a Iris Pérez Aguilera por el cabello y la proyectó con violencia como tantas veces ensayó en los entrenamientos.

 

Los hechos tuvieron lugar el 7 de marzo. La cabeza de Iris golpeó con fuerza el contén y el  esbirro logró cumplir con la orden de enfrentar con energía la “actividad enemiga”.

 

Desde mi más tierna infancia conservo en la memoria afectiva la impronta de mi madre. Ella era una especialista fuera de serie de primer grado en pediatría. Los traumatismos craneales fueron su obsesión. Cuando con 11 años caí de la bicicleta y me golpeé en la cabeza, me mantuvo durante tres días en observación en un hospital. Todo contra la oposición tenaz de mi abuela. Ella repetía de forma obsesiva que “los traumatismos craneales eran traicioneros”.

 

Coincidí con Antúnez, el esposo de Iris que es un opositor de fila, conocedor de golpes y encontronazos con la Seguridad del Estado en una sala de internet habanera poco antes de los sucesos. Junto a Iris, se esforzaba por desentrañar la para él incomprensible red de redes. Ella lo guiaba y él se dejaba guiar. Verlos juntos fue estimulante porque la ternura complementa y estimula.

 

Cuando me llegaron los primeros sms que informaban sobre la forma violenta en que Iris Pérez Aguilera fue reprimida y severamente lesionada, la noticia me consternó. Fue sometida a una golpiza criminal.

 

La líder opositora Marta Beatriz Roque Cabello manifestó con una indignación apenas reprimida que Iris fue conducida en una ambulancia hasta el hospital provincial de Santa Clara. De primera instancia, el médico en el Cuerpo de Guardia ordenó una tomografía axial computarizada como parte de una asistencia que prestó en una forma descompuesta y abiertamente hostil hacia la paciente a quien debió ayudar y aliviar en su dolor. Al parecer, quería ser como el Che y lo logró. Cuando llegó, Iris ya había vomitado sangre.

 

El ex preso político y miembro del Grupo de los 75, Librado Linares, denunció que el hospital fue tomado por fuerzas policiales animadas por una agresividad ostensible que proyectaron con violencia sobre todo el que les pareció sospechoso de simpatizar con Iris Pérez.

 

Poco después y de acuerdo con testigos presenciales, el médico, presionado o requerido para ello por la policía Seguridad del Estado, prescribió calmantes (duralgina) y en una ambulancia que demandó y obtuvo de inmediato, envió a su paciente de regreso a su casa.

 

Quizás este médico, en lo más profundo de su ser, aspiraba ser otra fría y eficiente máquina de matar. Para él, existía otro compromiso situado por encima del sacerdocio médico. Este compromiso afín con el odio y colocado por encima de la misión de curar y aliviar el dolor, determinó que pasara por alto la observación hospitalaria de una paciente que sufrió un traumatismo craneal severo.

 

Grupos y movimientos opositores como Opción Alternativa y Jóvenes por la Democracia se pronunciaron contra lo que calificaron “la conducta criminal” de la policía Seguridad del Estado. Para muchos, solo se trató de la práctica racista de una autocracia totalitaria que en esencia resume el caso en la frase escuchada a uno de los policías con uniforme de la llamada Policía Nacional Revolucionaria (PNR) “Vamos -dijo- una negra menos, no hay más na”.