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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Una conferencia nada promisoria

 

El Partido Comunista fundado con posterioridad a 1959 ha sido un instrumento en manos de un grupo de políticos deseosos de mantener el poder absoluto

 

Oscar Espinosa Chepe, La Habana, en Cubaencuentro

 

La Primera Conferencia del Partido Comunista de Cuba se efectuará el próximo 28 de enero. A pocos días de celebrarse este evento, si algo la caracteriza es el total desinterés de la población por sus resultados. Hasta los medios de prensa oficiales, incluido el periódico Granma, prácticamente no aluden al cónclave, quizás como indicación de lo poco que cabe aguardar de sus debates.

 

La reacción del pueblo denota el cansancio ocasionado por tanto tiempo de promesas incumplidas y la lentitud en la ejecución de los cambios económicos urgentemente requeridos. Aplicados, adicionalmente, con insuficiencias, limitaciones y cortapisas, que han impedido brindar los beneficios esperados, como se ha visto en los casos del cuentapromismo y la entrega en usufructo de tierras ociosas.

 

Además, el proyecto de documento base para la Conferencia, vendido a la población semanas atrás, repite las consignas de que el PCC representa la vanguardia de la sociedad como partido único de la nación cubana, manteniendo una supuesta condición de organización marxista, leninista y martiana, con la gastada manipulación de tratar de mezclar incompatibles concepciones; las primeras basadas en la promoción del enfrentamiento clasista, la intolerancia y el totalitarismo, y la del Apóstol edificada para obtener la libertad y emancipación de los pueblos, y discrepante de la lucha de clases, cuestión que expuso con claridad en su respetuosa crónica a la muerte de Carlos Marx.

 

En el Tercer Pleno del Comité Central del PCC, ocurrido el 22 de diciembre pasado, se informó que el proyecto se discutió en más de 65.000 reuniones de los núcleos del partido y comités de base de la Unión de Jóvenes Comunistas, y como resultado de los debates efectuados fueron modificados 78 de los 96 objetivos trazados en el documento base, incorporándose otros 5; sin explicar, por lo menos, en qué consisten esos cambios. El PCC es una organización que monopoliza el poder en Cuba, y con sus decisiones —aunque sean de carácter interno— afectan la existencia de todos los ciudadanos de una forma u otra.

 

Prevalece la opinión de que en la Conferencia el partido no reconocerá los enormes errores cometidos durante decenios, que han conducido el país “al borde del precipicio”. Todo indica que continuará la pretensión de identificar patria, revolución y socialismo, de manera que todo aquel que tenga una idea diferente continuará siendo calificado como agente de una potencia extranjera y en el mejor de los casos tratado como un ciudadano de tercera clase. Habría que preguntarse si la ejecutoria del Partido Comunista ha respondido realmente a concepciones socialistas, pues la práctica seguida difiere totalmente de esa ideología en cuanto a temas cardinales. En Cuba jamás ha existido una verdadera propiedad social o la distribución de la riqueza de acuerdo con el aporte de los ciudadanos a la sociedad. Los trabajadores han carecido hasta de reales sindicatos que protejan sus derechos, mientras han sido el sector más explotado y menesteroso del país, con salarios que el propio Gobierno ha reconocido son insuficientes para vivir.

 

El Partido Comunista fundado con posterioridad a 1959 ha sido un instrumento en manos de un grupo de políticos deseosos de mantener el poder absoluto, fundamentalmente de una persona, mientras la supuesta ideología marxista-leninista ha sido el aderezo para encubrir una variante cubana del caudillismo latinoamericano. Este partido se ha basado en el clientelismo y la obediencia ciega a las decisiones del líder. Si alguien ha osado emitir una opinión distinta, ha sido castigado con saña, incluidos muchas personas engañadas por los falsos propósitos esgrimidos. No es un secreto para nadie, que una cantidad apreciable de oportunistas y logreros no ingresaron al Partido Comunista por motivos ideológicos, sino para disfrutar de las “mieles del poder”, casi único camino a disposición de los ciudadanos para progresar en Cuba; el camino de la prostitución personal, el engaño, la doble moral y la mentira. Si se revisa la lista de las personas de medio y alto nivel arrestadas por corrupción en los últimos años, difícilmente se encontrará alguien que no posea el carnet del partido, ya que este documento es básico para poseer un cargo de dirección, con lo cual se creó un mecanismo de promoción del oportunismo a gran escala.

 

Ahora parece que el cambio será que no se requerirá ser militante del partido o la juventud comunista para ocupar cargos de dirección en la administración central del Estado, pero tendrán que asumir la política del partido —el mismo perro, pero con distinto collar—, o sea una forma de garantizar el clientelismo y la obediencia política a una organización fallida, y como reconociera su actual primer secretario, Raúl Castro, en su Informe al VI Congreso, incapaz de cumplir los acuerdos tomados en los distintos congresos.

 

Por otra parte, las propuestas de cambios contempladas en el proyecto son absolutamente cosméticas, copiadas de las medidas tomadas hace muchos años por los partidos comunistas de China y Vietnam en lo referente a limitar a un máximo de dos períodos consecutivos de cinco años el desempeño de los cargos políticos y estatales fundamentales. Esto, por demás, en nada perjudicará a la envejecida dirección histórica.

 

En estas circunstancias sobran las preocupaciones expresadas por el presidente Raúl Castro de que no debían hacerse demasiadas ilusiones sobre los resultados de la Primera Conferencia del Partido Comunista, expuestas a la prensa extranjera en la despedida al Presidente de Irán, en el Aeropuerto Internacional José Martí, el pasado 11 de enero. La población e incluso amplios sectores de la militancia del PCC están conscientes de que en esa ocasión no se darán los pasos urgentemente necesitados por el país. De manera que habrá que seguir soportando el infamante Artículo 5 de la Constitución que proclama a la fallida organización como “vanguardia organizada de la nación cubana… fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

 

Si se pretende rectificar los errores cometidos durante tantos años habría que eliminar ese Artículo 5 de la Constitución, y separar las funciones del partido de la gestión estatal. De lo contrario continuará el oportunismo y la promoción de los logreros. También habrá que tener el coraje suficiente para reconocer los errores cometidos y terminar con el monopolio político del PCC en la sociedad cubana. Por otra parte, mientras se habla de respetar el cuentapropismo, se trata de impedir el progreso de quienes emplean su talento y esfuerzo para desarrollar sus negocios, a través de impuestos y otros mecanismos.

 

El verdadero sector de izquierda dentro del PCC podría tener un promisorio espacio político en la Cuba del futuro. Pero para ello tendrá que abandonar las concepciones totalitarias, y asumir la pluralidad y la tolerancia en una sociedad libre, con una visión democrática, donde incluso pudiera cooperar con otras corrientes políticas, como las de origen cristiano, que tienen por objetivo favorecer el mejoramiento humano, la solidaridad y la justicia social, como ha sucedido en Chile durante años de alianza entre socialistas y democristianos, con resultados muy favorables para su pueblo. Es tiempo de rectificar radicalmente el rumbo; retomar decididamente el camino perdido hace tantos años hacia una Cuba sin exclusiones y reconciliada: “con todos y para el bien de todos”.