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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Una casa que se vuelve dinero

 

Una casa en Cuba era un bien con fines de uso y que también se podía legar a los herederos. Ahora, se puede convertir en dinero en efectivo.

 

Rolando Cartaya, martinoticias.com

 

Llevaría yo tres meses en Estados Unidos cuando conseguí mi primer trabajo -en un programa de televisión que conducía el cómico cubano Guillermo Álvarez Guedes- y decidí mudarme con mi familia, de la casa de mi hermana al lado de la autopista Palmetto, a un apartamento en la Pequeña Habana, por detrás de lo que entonces era el Orange Bowl y hoy es el nuevo estadio de los Marlins de Miami.

 

Desde entonces, a todo el que le contaba que me había mudado, me aconsejaba que, tan pronto pudiera, comprara mi casa, porque eso de vivir pagando renta era “una botadera de dinero”.

 

Vine a entender mejor la cosa cuando alguien me explicó lo que era el equity. O sea, una casa no era, como en Cuba, sólo un lugar donde vivir y algo para dejarles a los hijos (a menos que se te ocurriera irte del país, el pretexto predilecto del Estado para confiscártela). También podía ser un activo, algo que tiene un alto valor en el mercado y que en caso de necesidad puede ayudarte financieramente de varias maneras.

 

Ese ángulo de la propiedad inmobiliaria como capital, que hasta ahora no se aplicaba a los cubanos, lo trata en su blog The Cuban Triangle el analista del Instituto Lexington Phil Peters, luego del anuncio, esta semana en Granma, de que los cubanos podrán comprar y vender bienes raíces, sin intervención del Estado, a partir del 10 de noviembre

 

Dice Peters que la "formación de capital", una acumulación de dinero que permite eventualmente a las personas, las empresas y las economías invertir y crecer, no suele ser un suceso instantáneo, sino un proceso que requiere años de trabajo, producción y ahorro. Salvo en excepciones -acota el autor- como lo que acaba de ocurrir en Cuba.

 

Explica el administrador de The Cuban Triangle que al autorizar la compra y venta de propiedades inmobiliarias a partir del 10 de noviembre, el Estado ha transformado la naturaleza de esas propiedades. Antes, como ya sugerimos, una casa era un bien con fines de uso y que también se podía legar a los herederos. Ahora, se puede convertir en dinero en efectivo.

 

El resultado, a nivel familiar -continúa diciendo- es una formación instantánea de capital, creación de riqueza al crearse una nueva utilización legal de aquellos bienes sobre los cuales las familias cubanas tienen un título de propiedad legítimo.

 

Para Peters, éste es un paso histórico y un hito en el proceso de reformas encabezado por Raúl Castro.

 

Apunta el autor que con el decreto 288 el gobierno ha creado un nuevo y amplio stock de capitales en manos de particulares, que se utilizará para fines privados en un nuevo mercado movido por las decisiones de actores igualmente privados.

 

Este mercado -anticipa- será reforzado por una corriente de capitales de los cubanos en el exterior, que ayudarán a sus familiares a comprar casas. Para asegurar que funcione, el gobierno ha excluido del proceso de la transacción al Instituto Nacional de la Vivienda, algo que los cubanos han recibido con agrado, por haber sufrido en carne propia, o de familiares y amigos, las mordidas de la corrupción rampante en ese baluarte de la burocracia estatal.

 

El analista cree que, con esta medida, queda despejada la interrogante sobre la voluntad del gobierno para poner fin a extenuantes controles y permitir importantes expansiones de la actividad privada.

 

Opina asimismo Peters que el decreto-ley supone una importante mejora para los derechos humanos, ya que transforma la naturaleza de los derechos de propiedad y pone fin a una prohibición de transacciones normales y beneficiosas que venía afectando a todas las familias cubanas.

 

Y de paso elimina un aspecto odioso de las inéditas, pero draconianas regulaciones cubanas de inmigración: la exigencia de que los emigrantes (en la categoría de Salida Definitiva del País, en sí misma una buena candidata para ser abolida) entreguen sus propiedades al gobierno.

 

En conjunto, termina diciendo Phil Peters en The Cuban Triangle, fue un buen día para Cuba, y para el pueblo cubano.