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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Una buena noticia

 

Fernando Ravsberg, BBC Mundo

 

"Brindar información sistemática, veraz, diversa, que permita abordar la realidad desde todas las complejas aristas que pueda ofrecer, no constituye un favor, sino un derecho del pueblo", asegura un artículo del periódico Granma.

 

Que el órgano oficial del Partido Comunista Cubano (PCC) publique semejante declaración de principios es, sin lugar a dudas, un importantísimo primer paso hacia la consecución de un periodismo como Dios manda y Cuba necesita.

 

Sin embargo, más adelante Granma hace una curiosa repartición de culpas. Según el artículo los problemas de la prensa cubana se deben a "la incomprensión de muchos funcionarios administrativos" que impiden su labor periodística.

 

Se queja el periódico de que las autoridades ponen obstáculos incluso para que puedan hacer reportajes en escuelas primarias o en una empresa de reciclaje de neumáticos, para lo cual les exigen la autorización de un viceministro.

 

Los periodistas extranjeros podemos certificar que todo eso es verdad. Llevo 2 años esperando una entrevista con el Ministerio de Agricultura y tardaron meses en darme acceso a los hospitales para escribir sobre la mortalidad infantil.

 

Pero hay algo esencial que falla en el análisis de Granma. Me refiero a la actitud pasiva y obediente del periódico que calla y se sienta a esperar a que le llegue el permiso oficial para acceder a la información y divulgarla.

 

Lo cierto es que en ocasiones estos permisos no son necesarios para investigar y publicar lo que ocurre en el país. Pudieron hacerlo en casos tan sonados como el de Mazorra, la corrupción en la Aviación y miles de temas más.

 

La dirección de Granma podría haber enviado periodistas al psiquiátrico o al aeropuerto en lugar de dedicar sus equipos de investigación a temas tan "trascendentales" como averiguar cuánto ganan los cuidadores de automóviles.

 

Ahora pretenden culpar a los políticos y funcionarios por la publicación en sus páginas "de materiales aburridos, improvisados y superficiales" cuando verdaderamente ese "mérito" es de la dirección del periódico.

 

Es verdad que los políticos nos evitan, es cierto que emiten órdenes para limitar nuestros accesos y hasta el Presidente reconoce que existe un secretismo innecesario pero eso no justifica que los periodistas nos crucemos de brazos.

 

No solo en Cuba los funcionarios ponen trabas a nuestra labor, habría que recordar que en otros países estas pueden incluso costar la vida de nuestros colegas, a pesar de lo cual muchos de ellos continúan trabajando con seriedad y valentía.

 

Si Granma realmente cree que la información es un derecho del pueblo entonces debería defenderlo, pasar por encima de cualquier obstáculo y denunciar en sus páginas a aquellos que lo violan, ocupen el cargo que ocupen.

 

Mendigando permisos oficiales no se garantizará el acceso de la gente a la información. Si ese es el verdadero objetivo de Granma solo lo logrará saltándose todas esas prohibiciones de dudosa legalidad y ninguna moralidad.

 

Que tan poderosas pueden ser las fuerzas contrarias al cambio cuando la mayor parte de la población, la máxima instancia del gobierno e incluso los periodistas de a pie reclaman que la prensa se convierta en un reflejo crítico de la sociedad.

 

Las direcciones de los medios tienen en sus manos la posibilidad de responder a esa aspiración general pero el camino no pasa por repartir culpas sino por una autocrítica que ponga fin a la docilidad que tanto daña siempre al periodismo.

 

Los medios de prensa oficiales lo tienen casi todo: un plantel de periodistas con buena formación, están inmersos en la sociedad, con acceso real a casi cualquier lugar y con recursos materiales, escasos pero suficientes.

 

Si no lo hacen mejor es porque el buen periodismo necesita otros 3 ingredientes: independencia de compromisos espurios, irreverencia para tocar cualquier tema y valentía para buscarse problemas con los poderosos.

 

Dicho en palabras de José Martí "debe desobedecer los apetitos del bien personal y atender implacablemente al bien público".