Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Un trauma nacionalista

 

Los atletas cubanos deben residir en la Isla. Aunque a las autoridades les gusta hablar de integración, en la práctica son renuentes a ella.

 

Fernando Dámaso, La Habana, en Diario de Cuba

 

Desde semanas antes del comienzo de los XVII Juegos Panamericanos Toronto-2015, las autoridades deportivas cubanas orquestaron una campaña de declaraciones, asegurando el mantenimiento por Cuba del segundo lugar por países. Algunos especialistas y ciudadanos, conocedores de los graves problemas por los que atraviesa el deporte nacional -que no es ajeno a la crisis general en que se encuentra el país-, lo pusieron en duda. Estados Unidos, Canadá y Brasil se reconocían como los más fuertes contrincantes.

 

La campaña orquestada me recordó una similar, cuando la Zafra de los Diez Millones, donde, aún cuando se sabía que éstos no se alcanzarían, como habían pronosticado algunos especialistas cañeros responsables, hasta el último segundo se estuvo repitiendo aquello de “los diez millones van, de que van, van...”, que sirvió hasta de nombre a una popular orquesta de música popular.

 

Hoy, ya en los días finales del calendario de los Juegos, Estados Unidos se encuentra en primer lugar, seguido por Canadá y Brasil, y Cuba ocupa el cuarto lugar en el medallero, seguida muy de cerca por Colombia. Al haberse producido muchas más derrotas que las previstas, nuestros narradores y comentaristas deportivos, de seguro cumpliendo instrucciones superiores, han comenzado a cuestionar la actuación de los árbitros y jueces, acusándolos de favorecer a Canadá y de perjudicar a Cuba en sus decisiones.

 

No es nada original, pues ya lo han practicado anteriormente. Aceptar las deficiencias propias y las derrotas con dignidad y elegancia, reconociendo los valores de los contrarios, siempre ha sido una asignatura pendiente de nuestros atletas y autoridades deportivas, así como de muchos de nuestros ciudadanos, envenenados todos por el chovinismo patriotero de los últimos 56 años, que ha pretendido presentar a los cubanos como seres superiores: los más valientes, aguerridos, luchadores, patriotas, dignos, tenaces, etcétera. En realidad, somos similares a los demás seres humanos, con nuestras virtudes y defectos. Por eso, a veces ganamos, y a veces perdemos.

 

Las autoridades -desconozco si consciente o inconscientemente- parecen asumir la misma obsoleta concepción de “raza superior” utilizada en la Alemania nazi. Los atletas alemanes de entonces debían ser blancos, rubios y de ojos azules, o sea, alemanes puros. Los atletas cubanos de hoy deben ser nacidos en la Isla y residentes en ella, no permitiéndose los nacionalizados de otros países ni los nacidos en Cuba que residan en otros países. Aunque les gusta hablar de integración, en la práctica son renuentes a ella.

 

Tal vez aquí radique el continuo señalamiento, tanto por las autoridades como por los narradores deportivos, del lugar de nacimiento de los atletas que compiten por uno u otro país, sin darse cuenta de que están hablando de países multiétnicos, compuestos por personas de diferentes orígenes y naciones, que emigraron y se asentaron en ellos y son ciudadanos de los mismos. Canadá y Estados Unidos son dos buenos ejemplos. Hoy, tal vez con algunas excepciones, como las de Cuba y Corea del Norte, los equipos deportivos de la mayoría de los países son multiétnicos y están formados por atletas de diferentes naciones. El fútbol y el béisbol también son buenos ejemplos.

 

Este nacionalismo barato no ayuda al desarrollo deportivo del país, llegándose hasta el extremo de que la máxima autoridad institucional del deporte cubano, ante recientes preguntas de los medios de prensa extranjeros sobre la pobre actuación de la delegación, en lugar de aceptar la triste realidad, se apareció con esta insulsa declaración: “Nuestra delegación, que carece de talentos comprados o nacionalizados en función de las medallas, ha enfrentado cada jornada con el espíritu de lucha que caracteriza al deporte cubano”.

 

Habría que aclarar: Cuba no tiene talentos “comprados o nacionalizados", porque a ninguno le interesa ser “comprado o nacionalizado” por Cuba. Además, Cuba carece de recursos económicos para ello, ya que no puede pagarles, siquiera decorosamente, ni a sus propios atletas.

 

Los éxitos de años anteriores, que se recuerdan machaconamente, muchos obtenidos con atletas profesionales contra verdaderos atletas aficionados, deberían constituir una vergüenza, en lugar de esgrimirse constantemente como demostración de la justeza de esta política errónea, que ha llegado a calificar de “desertores” y “traidores” a los atletas cubanos que han decidido competir bajo otras banderas. El Estado totalitario, dueño de todo, también se considera dueño de los atletas.

 

Nuestras autoridades se plantearon una meta política, sin valorar las posibilidades deportivas reales. Los únicos posibles títulos a obtener, en el día que resta antes del fin de los Juegos, además de en el atletismo, descansan en el boxeo, donde los púgiles, “congelados” durante años en el equipo nacional, no pueden desarrollar carreras profesionales individuales, a no ser que abandonen el país y se conviertan en “apátridas”.

 

Como el deporte en Cuba es una cuestión eminentemente política y, además, se ha utilizado siempre para suplir la falta de “pan”, formando parte del “circo”, esto de no ser capaces de mantener el segundo lugar en los Juegos se ha convertido en un trauma nacional. Nuestras autoridades, de tantas derrotas acumuladas en diferentes campos, ya deberían estar adaptadas a ellas.