Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Un tipo muy valiente, o breve reseña sobre un cuento cubano

 

Miriam Celaya, SinEVAsión

 

 

 

Había una vez un tipo muy valiente. Se llamaba Carlos Serpa y era tan temerario que incluso arriesgó su vida infiltrándose entre unas terribles amazonas caribeñas conocidas como Damas de Blanco, señoras que tenían la muy peligrosa costumbre de hacer caminatas por las calles de La Habana blandiendo sus mortales gladiolos y amenazando la vida de todos y la tranquilidad ciudadana, por la simple y caprichosa coyuntura de que sus esposos o hijos habían sido encerrados por un bondadoso anciano gobernante que solo quería el bien para los esclavos a su servicio… Perdón, quise decir para su pueblo.

 

Pero Carlos, valeroso a toda prueba, nunca se amilanó. El no se iba a empequeñecer frente a la furia de las Damas, que insistían una y otra vez en reclamar la libertad de sus espantables familiares magnánimamente recluidos en discretos retiros para impedir que contaminaran la sociedad con sus descabelladas ideas de ese flagelo de la humanidad que llaman democracia. No señor. Tanta maldad no quedaría impune mientras él pudiera impedirlo.

 

Fue así que este héroe popular fingió durante años ser el vocero de las temibles Damas que tanto daño causaban. El reportaba cómo las Damas no tuvieron nunca el valor de replegarse ante la justa indignación del pueblo y, cobardemente, insistían en marchar cada domingo, ¡tan asustadizas son! Carlos también quiso demostrar que, además, ellas realizaban peregrinaciones públicas porque recibían para ello el financiamiento de un poderoso y satánico imperio cercano, que no cesa de envidiar la prosperidad y felicidad de los cubanos. ¡Tan malagradecidas ellas, que cuentan con todas las oportunidades de este sistema, con el privilegio de la generosa cartilla de racionamiento que les garantiza su alimentación, con el más flamante sistema de salud que haya tenido jamás país alguno, y con todas las ventajas que tiene ser familiar de un preso político en Cuba!  Ellas, que seguramente rechazan ofrecer sus servicios en la agricultura o en la construcción de viviendas mientras los dirigentes de este país se encargan de los complicados asuntos de la administración y sacrifican sus vidas viajando fatigosamente por el mundo y hospedándose en hoteles lujosos, para denunciar con conocimiento de causa los vicios del capitalismo; ellas, repito, tienen la desvergüenza de estar aceptando ayuditas y apoyo del exterior, de ese mismo capitalismo que nuestros gobernantes se empeñan en desenmascarar fingiéndose burgueses y teniendo que emplear para esos elevados fines cuantiosos recursos que bien pudieran destinarse a otras necesidades del país. ¡Maldito sea el bloqueo imperialista!

 

Afortunadamente, la sagacidad de Carlitos no tiene límites, así que –con el heroísmo que reclamaba la acción– no dudó en difundir falacias por una radio enemiga, para demostrar que esa retorcida emisora y sus malévolos financistas son unos mentirosos. No creo tener que comentar aquí la falta de solidaridad de los periodistas de esa emisora, que a veces tardaban hasta dos minutos en responder al desesperado reclamo de Carlos Serpa (¡criminales que son!) mientras él esperaba hacer la denuncia de daños imaginarios recibidos de la policía nacional revolucionaria y de las fingidas amenazas que le dispensaban los agentes de la policía política. A los periodistas independientes, a los presos políticos y comunes de este país y hasta a la terrífica Yoani Sánchez les consta que estos simpáticos muchachos son incapaces de dañar a nadie ni con el pétalo… de un gladiolo.

 

Quizás por razones de espacio, o por esa proverbial modestia que caracteriza a nuestros esforzados combatientes del MININT, Carlos –que no flaqueó a la hora de declarar que el imperio enemigo financia la subversión al interior de esta Isla– nunca nos dijo cuánto dinero cobró él en su calidad de vocero de las financiadas. Tampoco nos dijo cómo podremos nosotros comprobar las informaciones que él nos da; porque está claro que no vamos a caer en los mismos vicios de la radio enemiga, que propala infundios sin comprobar la veracidad de la información y achacándolos al reportero (como si un simple periodista tuviera la obligación de hacerse responsable de lo que divulga, faltaría más). Seguramente esto ha sido un lapsus mental de Carlitos, el pobre, o la premura con que prepararon el material para mantener informado a nuestro pueblo. Porque, sin dudas, este material está dirigido a nuestro pueblo, y solo a él.

 

No quiero abrumar a mis lectores con otros pormenores de este fantástico cuento. Ha sido tal el éxito mediático del glorioso Carlos, que no solo los periódicos de aquí han publicado una entrevista al sufrido paladín, que se confiesa muy emocionado después de pasar por tantos y tan cruentos peligros, sino que además la TV ha puesto y repuesto repetidamente un excelente documental sobre sus acciones encubiertas en las que desplegó un verdadero alarde de disimulo y sangre fría. Es por eso que muchos nos quedamos con los deseos de saber más. Hubiésemos querido saber, sobre todo, qué razones tuvieron nuestros aguerridos dirigentes para “quemar” ahora a tan valioso colaborador que había escalado tal alto y con tanto esfuerzo en el podio de la subversión y que parecía gozar de toda la confianza del enemigo. Incluso, tenía una valiosa visa USA, con la que hubiese podido llegar a las propias entrañas del monstruo y convertirse en el Sexto. Hubiese sido infinitamente más útil desenmascarando a adversarios tan poderosos. No sé, me da por pensar que nuestro paternal gobierno temió exponerlo tanto y perderlo; pero de todas formas es una pena que lo hayan desenmascarado ahora, cuando se están produciendo en el mundo tantas y tantas sublevaciones de revoltosos malagradecidos que también reciben financiamiento a cambio de ser masacrados: hay que mantener a los malos en la mira. Pienso que estábamos mejor protegidos cuando nuestro curtido agente “Emilio”  se desvelaba por nosotros metido en la mismísima madriguera de estas especies de medusas de la posmodernidad, las Damas de Blanco.

 

Ojalá esta vez no ocurra como en 2003, cuando un grupito de agentes del MININT, captados dentro de las filas de la propia contrarrevolución, fue presentado a la opinión pública. En aquella ocasión, la policía política demostró trabajar tan convincentemente que hasta logró convertir un pederasta en combatiente; sin embargo, con la exposición de héroes que exhibieron por toda Cuba no pudieron impedir que, incomprensiblemente –después de encarcelar a los 75 más peligrosos enemigos internos –, se multiplicaran los grupos de disidentes dentro del país. La proliferación de enemigos no tiene explicación, casi por cada agente infiltrado que se ha desenmascarado han surgido unos diez nuevos reporteros hostiles. Y al parecer, la cantera de mercenarios está garantizada; lo dice el propio Carlos Serpa cuando asegura que “siempre habrá un Emilio”.