Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Un testigo presencial de la muerte de Oswaldo Payá decide hablar

 

The Washington Post

 

En octubre 2003, el disidente cubano Oswaldo Payá escribió una carta desde La Habana a su mentor Vaclav Havel, ex presidente checo y dramaturgo disidente que luchó para derrocar al régimen comunista. En ese momento, las esperanzas de Payá en una mayor libertad en Cuba estaban siendo aplastadas por Fidel Castro en una ofensiva de gran alcance. Decenas de sus amigos y colegas estaban siendo arrojados a la cárcel. "Todavía vivimos en un entorno formado por la cultura del miedo que genera el régimen comunista a lo largo de toda la sociedad", se lamentó Payá en su carta.

 

Casi nueve años después -el 22 de julio del 2012- Payá, de 60 años, murió en un accidente automovilístico en la provincia oriental de Granma, cerca de la ciudad de Bayamo, junto con otro activista, Harold Cepero. Ambos eran pasajeros del asiento trasero de un vehículo alquilado. La familia de Payá ha cuestionado la versión oficial del accidente: El auto iba a exceso de velocidad y se proyectó contra un árbol. Hoy hemos publicado las respuestas a preguntas que le hicimos al hombre que estaba al volante ese día, Ángel Carromero, quien fue encarcelado y condenado por homicidio vehicular en Cuba después del accidente. Carromero, de 27 años, vice secretario general del gobernante Partido Popular de España, fue liberado y enviado en diciembre a España para cumplir su condena, y él habló aquí por primera vez desde que salió de Cuba.

 

Sus palabras son un testimonio sobre la "cultura del miedo" que perdura en Cuba.  Carromero ofrece un relato sombrío y detallado de cómo el auto que conducía fue embestido por detrás por un vehículo con placa del gobierno cubano; él dice que esto causó el fatal accidente. Carromero alega que fue drogado y luego interrogado, y su vida se vio amenazada. Bajo presión, apareció en un video realizado por las autoridades cubanas. "Ningún otro vehículo nos golpeó por detrás", dijo en la grabación. Pero el video era una farsa. Carromero dice que estaba repitiendo las palabras escritas en un cuaderno por un funcionario cubano para que lo leyera, y que fue obligado a firmar una confesión que distorsionaba lo que ocurrió.

 

La historia de Carromero es una pesadilla: un impacto repentino por detrás, inyecciones misteriosas, el encarcelamiento en una celda plagada de cucarachas y advertencias severas para repetir mentiras oficiales. Carromero dice que había ido a Cuba por su cuenta y estaba conduciendo ese día para ayudar a un campeón de los derechos humanos, el señor Payá, quien había ganado el Premio Sájarov de la Unión Europea y fue nominado por Havel para el Premio Nobel de la Paz. Ahora, la familia de Payá ha pedido a Carromero que rompa su silencio. "Cuando ellos me pidieron la verdad, yo no quise ocultarla", nos dijo. Su decisión es un valente homenaje a los principios de Payá.

 

Desde su juventud, Payá fue independiente de pensamiento y espíritu. Se negó a ser miembro de la Liga de la Juventud Comunista y en 1968 fue el único en su clase que se negó a apoyar la invasión soviética a Checoslovaquia para aplastar la Primavera de Praga. Eso le costó a Payá tres años en un campo de trabajo forzado, pero él nunca perdió la inspiración en el ejemplo de los checos y los eslovacos, así como en los polacos y los húngaros que se resistieron a la opresión. Ingeniero y católico, visitó Praga años más tarde, después del fin de la dominación soviética, y recordó en la carta a Havel: "Fue como viajar al futuro y encontrar la prueba de que es posible liberarse".

 

En la búsqueda de esa libertad, Payá fue el artífice del Proyecto Varela, una petición del 2002 que buscaba un referendo nacional para garantizar la libertad de expresión y asociación, la amnistía para los presos políticos y elecciones libres. La petición atrajo a más de 11,000 firmas y sacudió al régimen de Castro y su cohorte, provocando un operativo en el que decenas de firmantes de la petición fueron enviados a las mazmorras. Payá no fue encarcelado, pero su familia recuerda que estaba bajo vigilancia constante. Apenas dos meses antes de morir, se vio involucrado en otro sospechoso accidente en el que un vehículo apareció de súblito en una calle de La Habana y golpeó el suyo. Payá resultó levemente herido.

 

El pasado verano, cuando el carro que conducía Carromero perdió el control en plena vía, las autoridades cubanas debieron haber concluido que por fin habían silenciado a Payá y no oirían nada más sobre él. Probablemente pensaron que habían intimidado y obligado también al silencio al joven español. Pero fracasaron. Ahora tenemos un testigo presencial que sugiere firmemente que agentes castristas planearon matar a Payá y luego intentaron encubrir el asesinato.

 

La única acción apropiada en este caso es convocar a una investigación internacional que puede ser realmente independiente y descontaminada de los métodos ejercidos por los matones del régimen castrista. El legado de Payá tiene que ser el hallazgo de la verdad acerca de su muerte, y desplegar esa verdad para que todos la vean, especialmente el pueblo de Cuba, para el que Payá reclamaba nada menos que el derecho a vivir libres de tiranía.

 

Traducción: CaféFuerte