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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Un político del PP, rehén de la batalla entre España y Cuba

 

Alberto Pérez Giménez, Ateneadigital.es

 

 

Decía Schopenahuer que "el destino mezcla las cartas y nosotros las jugamos", pero en las relaciones entre España y Cuba, desde hace tiempo parece que el destino baraja las cartas y siempre las juegan los hermanos Castro. Y el trágico accidente de hace dos domingos en Bayamo (Cuba) no hace sino ratificarlo. ¿Cómo explicar, de otro modo, que la muerte de uno de los principales opositores al régimen acabe siendo un balón de oxígeno para la dictadura y un problema, otro más, para el Gobierno español?

 

El domingo 21 de julio, en el mediodía cubano, un vehículo de alquiler se estrellaba contra un árbol cerca de Bayamo. De sus cuatro ocupantes, los dos que viajaban en la parte trasera, sin cinturón, prácticamente murieron en el acto. La noticia se extendió rápidamente como la pólvora por las redes sociales en la noche (por el cambio
horario) de España: uno de los fallecidos era, ni más ni menos, que Osvaldo Payá Sardinas, dirigente del Movimiento Cristiano de Liberación, opositor histórico al régimen castrista, reconocido con el Premio Sajarov de la UE por su defensa de los Derechos Humanos, 'protegido' de FAES (el think tank del PP) y, en resumen, uno de los mayores quebraderos de cabeza para el agonizante régimen cubano.

 

A través de las redes sociales comenzó a extenderse la denuncia, alentada por los exiliados y por los propios familiares de Payá, de que el accidente podría haber sido un atentado orquestado por las autoridades. En varios puntos de España se amplifica la denuncia sin tener ninguna prueba. Y, lo que es peor, ignorando un detalle crucial:
dos de los supervivientes, prácticamente ilesos, son dos políticos conservadores que acompañaban a Payá, uno sueco y otro Miguel Ángel Carromero, vicesecretario de las Nuevas Generaciones del PP en Madrid y técnico del Ayuntamiento de la capital de España.

 

La lógica invitaba ya a pensar en la noche de ese domingo que si los dos políticos europeos habían resultado ilesos, era poco creíble la tesis del ataque de las autoridades y el vehículo que, supuestamente, había embestido varias veces al coche de Payá hasta sacarlo de la carretera. El régimen cubano está decrépito, pero no tanto como para planear y ejecutar un ataque contra uno de sus principales opositores y dejar luego como testigos a dos políticos extranjeros. Sin embargo, la lógica y la prudencia no se imponen nunca en las relaciones entre Cuba y España o entre la isla y sus exiliados, y las vísceras se impusieron: se hablaba de asesinato mientras que el régimen callaba y el Partido Popular pedía prudencia.

 

El entierro de Payá en La Habana fue un desafío al régimen. Presidido por el cardenal Ortega, reunió varios cientos de familiares y opositores, incluidas las Damas de Blanco. La policía castrista golpeó y detuvo a varios de ellos que gritaban libertad, incluido Guillermo Fariñas, famoso por sus huelgas de hambre... Y ante el cariz que tomaban los acontecimientos comenzó el contraataque del régimen:

 

"¿Quieren saber quién mató a Payá?", clamaban desde los medios oficiales: "Un político del PP". Miguel Ángel Carromero era quien conducía el vehículo y testificó que no vio una señal de obras en la carretera. El régimen le culpa de conducir por encima de 120 kilómetros, le ha trasladado a La Habana y le mantiene retenido, aún sin cargos oficiales. La Embajada española le ha puesto un abogado.

 

Una vez más, los Castro ganan. El destino se ha llevado por delante a Osvaldo Payá y, en vez de volverse su muerte contra los hombres que Payá denunció en vida como los mayores cercenadores de la libertad en toda América, la TV oficial castrista usa su figura para atacar al político español y a una nueva injerencia del Gobierno de Mariano Rajoy. No hay que olvidar que Carromero entró con visado de turista y era ilegal que acompañara a Payá en sus actividades, aunque si hubiera pedido permiso no le hubieran permitido entrar.

 

Lo único cierto es que ahora, el 'caso Payá' se ha convertido en el 'caso Carromero': el joven político español permanece retenido en Cuba y así seguirá mientras al régimen le convenga. Será usado como moneda de cambio en la siempre difícil relación entre La Habana y Madrid con un Gobierno del PP, que había apostado por el endurecimiento de la postura europea contra los Castro por la falta de avances democráticos en la isla. Ahora, la diplomacia española deberá tentarse la ropa antes de 'apretar las tuercas' al régimen: la espada de Damocles de la dictadura castrista pende sobre la cabeza de un joven político español que, más que responder por una hipotética imprudencia al volante, ha entrado de cabeza en pleno campo de juego entre España y Cuba. Y él es la pelota.