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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Un escenario factible

 

Fernando Dámaso, La Habana, en Diario de Cuba

 

 La deseada transición cubana deberá gestarse principalmente desde el territorio nacional, mediante la participación de la mayor parte de la ciudadanía, en un proceso de cambios económicos y sociales mucho más profundos y abarcadores que los que se producen actualmente y que incluya, además, cambios políticos. Para propiciarla, no es imprescindible lograr previamente la unidad de los diferentes grupos que apuestan por ella, sino que éstos, independientemente de sus proyectos particulares, se dediquen, seria y responsablemente, a la tarea de potenciar la mayor participación ciudadana, con el objetivo de estructurar una fuerte sociedad civil donde cada cual, superando el miedo inducido durante más de 54 años de totalitarismo, sea capaz de expresarse y actuar cívicamente.

 

Es precisamente el activismo de la mayor parte de la ciudadanía, exigiendo sus derechos y no aceptando ser gobernados como hasta ahora, lo que permitirá crear las condiciones reales para la transición.

 

A lo anterior debe agregarse la necesaria participación del exilio, principalmente del asentado en Estados Unidos y más concretamente en el estado de Florida, sin descartar el ubicado en otras latitudes. Dichos cubanos aportarán poder económico y suficiente experiencia democrática, algo de lo que nuestras generaciones activas carecen.

 

Ya actualmente -con sus remesas, tanto en efectivo como en especies (mediante el envío o la compra en el país de prendas de vestir, víveres, electrodomésticos, medicinas…-, el exilio representa el verdadero motor oculto de la economía cubana, superando lo que aportan en conjunto las exportaciones de azúcar, níquel, medicamentos y el turismo (en el 2012, 5,105.12 millones de dólares contra 4,917.60 millones). Además, lo aportado llega al 62% de los hogares cubanos, respalda casi el 90% del mercado minorista y favorece el empleo de decenas de miles de personas. Por si fuera poco, la emigración cubana que viaja a Cuba (poco más de medio millón de viajeros anuales), constituye el segundo grupo turístico del mercado nacional, solo superado por Canadá, con 1.1 millones de visitantes.

 

Todos estos datos demuestran que, desde hace algún tiempo, ya el exilio juega un papel importantísimo en el país, y que junto a los cubanos de aquí, será determinante durante la transición y, más aún, en la necesaria reconstrucción democrática. Sus posibles inversiones de capital, además de su traslado de conocimientos y experiencias en el manejo eficiente de pequeñas, medianas y grandes empresas, serán invaluables.

 

Debe tenerse en cuenta que este proceso -que comienza en Cuba y pasa por Miami- culmina en Washington, donde de una posición de rechazo al régimen totalitario, se pasaría a una de apoyo al nuevo régimen democrático, restableciéndose las relaciones de todo tipo entre los dos países. Pésele a quien le pese y duélale a quien le duela, los cerrados conceptos de independencia y soberanía vigentes en el pasado son hoy obsoletos, y lo avanzado lo constituyen los estados-naciones transnacionales, donde muchos de sus ciudadanos con poderío económico y político, residen fuera de sus territorios  nacionales, aportan a ellos y gozan de derechos.

 

Ante esta realidad y ante la existencia de un mundo globalizado, la dependencia entre naciones es imposible de obviar. (Cuba fue en definitiva, durante más de treinta años, un estado-nación transnacional subdesarrollado vinculado a Moscú, y desde hace algo menos pasó a serlo de Caracas.) Por tanto, la relación con terceras naciones no es nada nuevo, solo que en un futuro escenario deberá plantearse a un nivel superior de beneficios mutuos y apuesta por el desarrollo, con un país histórica y geográficamente tan cercano a nosotros como EEUU.

 

Nadie está hablando de anexionismo ni de nada parecido, sino de un país con sus ciudadanos residiendo en dos regiones geográficas cercanas y diferentes: una parte (once millones) en el territorio nacional y otra (1.8 millones) en Florida, territorio norteamericano, dos ámbitos de fuertes lazos familiares, sociales, económicos y políticos.

 

Esta realidad, negada durante más de 54 años por el régimen actual, deberá ser asumida legalmente por el nuevo Estado que surja de la transición, estableciendo la doble nacionalidad y la igualdad de derechos para todos los cubanos, residan donde residan, incluyendo el derecho a votar y a ser elegidos electoralmente.

 

Independientemente de algún que otro elemento coyuntural que pudiera presentarse, éste tal vez sea uno de los escenarios probables para la gestación, desarrollo y realización de la transición, la cual, importante como es, constituirá solo el paso hacia el verdadero objetivo: la reconstrucción democrática de la nación.