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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Un edificio en ruinas

 

Hiram González, en El Nuevo Herald

 

No tengo dudas de que la libertad regresará a nuestro país, pero temo que nosotros, los de la tercera edad, que hemos dedicado nuestras vidas a luchar por el bienestar de nuestra patria, no podremos disfrutar de esa felicidad. Si tenemos algún consuelo es que con nosotros también se irán los malvados que han destruido a nuestra patria material y moralmente y que si escaparon de la justicia de los hombres no escaparán del castigo eterno que nuestro Señor les tiene reservado.

 

Muchos de los nuevos inmigrantes no entienden por qué los que ayer combatimos al régimen cuando éramos unos jóvenes idealistas y que hoy que somos abuelos, estamos empecinados en continuar luchando y la respuesta es muy simple y contundente: el sonido de las balas asesinando a nuestros hermanos en el paredón de fusilamiento, los gritos de Viva Cuba Libre y Viva Cristo Rey, el último abrazo, las cartas de despedida, la masacre de Boniato, el trabajo forzado y los crímenes cometidos en la prisión de Isla de Pinos, las mujeres maltratadas y vejadas en la prisión.

 

A otros más afortunados les robaron todas sus propiedades y negocios obtenidos a base de trabajo y sacrificio y tuvieron que abandonar el país para evitar ser encarcelados, porque la robolución decidió acabar con los ricos y no con los pobres, para reemplazarlos por la “nueva clase” que engendró el comunismo, como la describió Milovan Djilas, que viven en la opulencia, viajan en primera y se hospedan en hoteles de cinco estrellas, que a diferencia de los ricos que despojaron de sus bienes, no se lo ganaron con trabajo y sacrificio; sino por medio de un botín hereditario, mientras el pueblo vive en una miseria sin esperanzas.

 

Esos recuerdos imborrables son nuestro acicate, ese es nuestro aliento, esa es la fuerza interna que nos prohíbe olvidar. Esos recuerdos no permiten que nos rindamos, ni que nos sentemos en la misma mesa con nuestros verdugos que no sea para exigirles que renuncien al poder que ejercen ilegalmente desde hace más de medio siglo.

 

El régimen es como un edificio en ruinas de los tantos que vemos en La Habana que se caerá inevitablemente, por las mismas razones que desapareció la Unión Soviética y todos los regímenes comunistas de Europa del Este, víctimas de la corrupción, de su ineficacia endémica, de sus propias contradicciones y porque las mismas medicinas que aplicaron para salvarlo fueron las que causaron su muerte.

 

Descartados todos los métodos bélicos e insurreccionales, no tenemos otra alternativa para que se derrumbe lo más rápido posible ese edificio en ruinas, que dejar a un lado pugnas y divisiones y socavar su cimiento abrazando como la mejor y única alternativa los métodos de la no violencia de Gene Sharp para que se conviertan en una Biblia que recorra la isla de San Antonio a Maisí y que consiste básicamente en mantener una presión constante contra el régimen a través de protestas públicas y actos de desobediencia civil, pacíficas y firmes, como respuesta a su incapacidad de cubrir las necesidades básicas de la población y a su negativa a restablecer las libertades y derechos del ciudadano, sin usar la violencia, ni responder a ella, sin resistirse al arresto, sin insultar a los represores, sin odiar a nadie que no sea el régimen opresor que ya tiene en su interior a los que nos ayudarán a eliminarlo.