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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Un auto en La Habana o un apartamento en Nueva York?

 

Darío Carrazana, en Cuba Contemporanéa

 

En un inicio de año de escasos frentes fríos en La Habana, entre los temas favoritos de mis vecinos han estado los sismos –casi o más seguidos que los frentes fríos, por suerte no más fuertes- y la venta liberada de autos, que con sus tarifas sorprendió a muchos tanto como un evento telúrico y congeló las esperanzas de algunos como el más helado viento del norte.

 

Corren rumores de que habrá cambios. Unos dicen que en los precios, otros que en los derechos de quienes tenían cartas oficiales para comprar vehículos, pero hasta el momento, según nos comentó un amable empleado de la agencia Peugeot de Vía Blanca y Primelles, nada ha cambiado, la venta y los precios se mantienen y no han recibido directiva alguna que apunte lo contrario.

 

Por ahora, a esa agencia, que por estos días ha tenido una copiosa promoción internacional, sigue llegando la gente a mirar, a ver con ojos propios los autos - modernos, nuevos, vírgenes- y los tableros en que se leen los precios establecidos -“perpetrados”, dice un vecino dado a rebusques idiomáticos- para los cero-kilómetro y los de segunda mano.

 

Estuve diez minutos y vi a varios llegar, pero a nadie entrar. Todos miraban, andaban de un lado a otro, hacían fotos como las harían a las estatuas humanas de La Habana Vieja, un barco de cruceros anclado en la bahía o un A380 hipotéticamente aterrizando en Boyeros.

 

Nadie entraba. Todos iban recorriendo lentamente la vidriera, tocando detenidamente los autos con los ojos, y terminaban frente a los dos tableros de precios: 212 mil, 239 mil, 145 mil, 91 mil, 108 mil, 109 mil, 232 mil, 262 mil CUC… Todos Peugeot, modelos Expert Tepee, 4008, Partner Tepee, 206+, 301, 5008, 508.

 

Como he escuchado a vecinos y amigos tocar profusamente el tema, y como en la agencia Peugeot la casi totalidad de los curiosos (improbables clientes) miraban ora los carros ora los precios con el sobrecogimiento propio del ateo que entra al templo extraño -abrumados, silenciosos-, me permito hacer un ejercicio de traslación y poner en sus mentes el Top Ten de reflexiones y frases que he escuchado desde inicios de 2014, prescindiendo de las habituales interjecciones y giros del habla popular:

 

1- Con esos precios, me doy el viaje, lo compro en Europa, lo traigo en barco y lo que me queda lo meto al banco.

2- No creo que se vaya a recaudar mucho para el transporte público.

3- Después dicen que Gómez exageraba.

4- ¿A cuánto se van a poner ahora los Ladas y los “polaquitos”?

5- Nunca voy a tener un carro.

6- La lógica del comercio implica vender y mover precios.

7- Pobres los que tenían cartas.

8- Estoy más preocupado por el precio de la malanga.

9- Si es por el flete, ¿es tan caro traer un carro a Cuba?

10- Lo que me preocupa es que todo lo liberado vaya a ser tan caro.

 

Y claro, muchas preguntas: ¿En qué bases se sustentan tales precios? ¿Quiénes los definieron? ¿Se habrá vendido alguno de los autos kilómetro-cero? Y otra que seguramente se hacen muchos: con tanto dinero, ¿cuánto me compraría, cuántas cosas resolvería?

 

El asunto ha puesto otra vez a la Cucarachita Martina en una encrucijada, luego de encontrarse una mochila repleta de dinero, según el primer chiste creado este año que escuché. Ahora -usando un término de la época de internet-, Martina ha “refinado” su pregunta, ya no es tan vaga como aquella de “¿Qué me compraré?”, sino más puntual: ¿Qué me compraré, un auto en La Habana o un apartamento en Nueva York?

 

Tal vez parezca un chiste desinformado. Siempre escuchamos sobre los precios millonarios de los pisos en Nueva York. Sin embargo, no quise quedarme con la duda y revisé varias webs de corredores inmobiliarios. Y sí, con el dinero para comprarse un auto en la agencia oficial habanera la Cucarachita Martina puede optar por pequeños pisos en el Bronx, Queens o Brooklyn, y hasta con un vuelto para un carro incluso de primera mano. En una de las ciudades más caras del mundo.

 

Puede decidir entre comprarse un Peugeot 508 en más de 262 mil CUC (en La Habana) o esperar a que esté lista la Space-Ship-Two de Virgin Galactic y enrolarse por 250 mil dólares en uno de sus viajes suborbitales para ser uno de los pocos humanos que han visto desde lejos el planeta azul.

 

Otros ecos en tono satírico circulan vía correo electrónico, como una propuesta de Premio Nacional de Humorismo al espectáculo "Venta Liberada de Vehículos Automotores a los Ciudadanos Cubanos".

 

Luego de dos semanas, mis vecinos siguen comentando sobre los sismos de estos días y los precios de los autos, sin olvidar la segunda fase de la Serie Nacional de béisbol o la telenovela, donde (dijo una vecina con chispa) Carmina quizá pueda decir a Tifón, la próxima vez que quiera sacarle dinero, que desea comprarse un auto en La Habana.

 

Quizá mis vecinos no saben con exactitud cuán sobrevalorados están los Peugeot en Cuba (el 508, a 262.185 CUC en La Habana, va desde 25 mil a 39 mil euros en diferentes versiones y equipamientos, según la web de un vendedor europeo).

 

Tal vez ignoran que a ese precio en el mercado internacional se ofrecen modelos de autos de alta gama o marcas más exclusivas como Aston Martin, Ferrari, Mc Laren, Bentley o Lamborghini.

 

Pero intuyen, con la experiencia de los años y los rigores de la vida cubana, que el país no está para esos precios, no los necesita ni los puede asimilar.

 

Y aun cuando su horizonte no fuera comprar un auto –pues como dijo un vecino deben pensar más en la malanga y otras cosas- esperan que mañana alguien ponga racionalidad en los precios y aquellos que tenían sus ahorros, o su carta y su “capitalito”, tengan finalmente el auto que merecen y pueden comprar. Quizá así aumenten las ventas, fluya más el dinero y haya alguna mejora en el transporte público que la mayoría usa a diario.