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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

UN ANÁLISIS COMPARATIVO DE DOS DICTADURAS CARIBEÑAS

         

Rolando Alum, en Voces

 

“El odio y los dictadores pasarán,

y el poder que ellos tomaron de los pueblos retornará a los pueblos”

                                                                                                                 Charlie Chaplin

 

 

Este 30 de mayo se conmemoró el 50o aniversario del ajusticiamiento de Rafael TRUJILLO, el tirano que atormentó a la República Dominicana (R.D.) por 31 prolongados y sangrientos años (1930-61). Desde entonces, la RD ha evolucionado hacia una democracia liberal estable, acompañada de un desarrollo socio-económico relativamente impresionante. Este panorama esperanzador contrasta con la pobreza y la opresión vividas bajo Trujillo, y con la falta de libertades básicas, así como la creciente miseria socio-económica y espiritual de la Cuba “socialista”.

 

Por años he venido argumentando a través de mis escritos que, mientras la RD progresa democráticamente, es obvio que Cuba ha retrocedido. Es más, desde 1959 la Cuba “revolucionaria” se asemeja en numerosos aspectos a la RD trujillista.

 

Durante la “Era de Trujillo”, entre otras características malévolas, podemos citar:

 

1. Al igual que la Alemania hitleriana, el país fue insidiosamente militarizado. Los uniformes militares devinieron objeto de obsesión, y los militares por su parte se convirtieron en una casta privilegiada con gran control del sector económico.

 

2. Se permitía sólo el Partido Dominicano, dominado por Trujillo, el cual ejercía una hegemonía parecida a la de los partidos comunistas acaparadores de las sociedades de corte soviético.

 

3. Se realizaban elecciones, pero usualmente sólo aparecían en la boleta Trujillo y/o sus títeres, quienes eran “elegidos abrumadoramente”.

 

4. Existía un parlamento simbólico el cual servía como un sello gomígrafo que duplicaba en coro las órdenes del déspota diabólico (luego alabadas hiperbólicamente en la prensa controlada).

 

5. Parecido a la Rusia estalinista, se creó un monstruoso aparato represivo de terror (la red de “caliés” o chivatos, similares a los infames Tontons Macoutes haitianos bajo los Duvalier). Nadie estaba seguro; todos corrían el riesgo de caer en desgracia en cualquier momento. Hasta los propios ex-colaboradores de Trujillo fueron sus víctimas más conspicuas, en particular ciertos intelectuales que, bochornosamente, habían sido serviles al dictador.

 

6. La adulación a la persona del tirano era un deber constante; su foto era ubicua a través del país, a la vez que se auto-dotaba de títulos grandiosos (El Benefactor, Máximo Jefe, etc.). Se vivía una doble moral kafkiana fingiéndole lealtad absoluta; el hogar que no desplegara el letrerito En esta casa el jefe es Trujillo era sospechoso ante la subyugadora maquinaria gubernamental.

 

7. Se montó un siniestro andamiaje propagandístico internacional, semejante al de Mussolini, cuyos tentáculos llegaban a influenciar universidades, medios informativos y gobiernos extranjeros.

 

8. Escondiéndose detrás de un mega-nacionalismo demagógico, al estilo de su aliado, el dictador español Franco, Trujillo culpaba con gran melodrama a sus opositores de las fallas de su gobierno.

 

9. Se organizó un extenso clientelismo. Virtualmente todo, desde un mero empleo hasta los servicios educacionales y de salud, se acreditaba como producto de la “generosidad” paternalista del Máximo Líder (literalmente, Führer). Nadie devengaba nada; todo había que agradecérselo a “la singular oportunidad que él” y/o su hermano menor brindaban.

 

10. Si bien se toleraba hasta cierto punto la propiedad privada, simbólicamente todo le pertenecía al Líder y a sus familiares, como si ellos constituyesen el centro carismático de lo que llamaban la “nueva nación”. Incluso actuaban como si las personas fuesen bienes personales de los Trujillo, desde campesinos y obreros, hasta las reinas de belleza, los atletas y los intelectuales.

 

11. Aunque es verdad que el dictador militarista autoritario cubano Fulgencio Batista (1952-59, en su última fase) no alardeaba de su ancestro mulato, al menos no lo negaba. Trujillo, por lo contrario, lo escondía risiblemente en un país en donde la mayoría de la población es fisonómicamente mulata. La negrofobia trujillista provocó una masacre de miles de inmigrantes haitianos en 1937. (Fue el gobierno cubano de entonces el que medió al respecto entre los gobiernos dominicano y haitiano. Cuba estaba dominada a la sazón, precisamente, por Batista en su primera etapa, quien por cierto era aliado del Partido Comunista cubano, ligado a Moscú).

 

12. Trujillo intervino clandestina y violentamente en los asuntos internos de otros países como Haití y Venezuela.

 

13. Finalmente, hasta apenas horas antes del asesinato del tirano, se organizaban desfiles multitudinarios estilo fascista que daban la impresión de que contaba con el apoyo indiscutible del pueblo. Incluso cuando se esparció la noticia de su muerte, se vio a mujeres en las plazas públicas con ataques histéricos lamentando su deceso.

 

Casi todo esto es aplicable similarmente, de una manera u otra, a diferentes dictaduras, tanto de la llamada derecha como de la susodicha izquierda. En mi artículo anterior en Voces (No. 7; Abril/2011) comentaba cómo la colega antropóloga Katherine Verdery describe en sus etnografías las vicisitudes del pueblo rumano bajo el totalitarismo comunista de N. Ceaucescu. Estas incluían colas, racionamiento, escasez, desnutrición, pobreza, intolerancia, desconfianza, pesimismo, y fatalismo: atributos típicos de los regímenes dictatoriales.

 

Fidel y Raúl CASTRO arribaron al poder en Cuba en 1959, indudablemente con un apoyo popular sin precedentes. Ese entusiasmo se fue desvaneciendo al convertir dichos hermanos al país-isla en una sociedad orweliana asfixiante; más cerrada, opresora, subdesarrollada, corrupta, disfuncional, intolerante, militarizada, miserable, y dependiente del extranjero de lo que jamás fue antes en su medio siglo de independencia republicana.

 

La historiadora Lauren Derby apunta en su libro The Dictator´s Seduction (2009) que, previo a los fraternos Castro, Trujillo no tuvo paralelo en las Américas como modelo perverso del autócrata absolutista. En ambos casos, cuando les convino, el poder titular se traspasó de hermano mayor al menor; y también los dos suplentes devinieron en generales de a dedo: Héctor Trujillo y Raúl Castro, respectivamente. Ambos países caribeños fueron transformados de facto en ridículas semi-monarquías dinásticas hereditarias.

 

Adicionalmente, las similitudes entre las dictaduras de los Trujillo y los Castro incluyen el beneficio de una legión de intelectuales y periodistas apologistas en el extranjero quienes tratan de “lavar” los excesos de sus déspotas predilectos al repetir las consignas oficialistas. Los acólitos de los Castro más militantes se enfocan, además, en atacar vilmente a los cubanos en la diáspora, los mismos que, paradójicamente, subsidian la fallida economía cubana con sus generosos envíos humanitarios a parientes atrapados en la Isla. La infusión caritativa de la comunidad cubana exterior ya sobrepasa mil millones de dólares anuales, prácticamente la primera industria nacional (sin embargo, Trujillo no gozó de esa benevolencia financiera externa).

 

En mis propias investigaciones entre dominicanos he conocido a admiradores del trujillismo, quienes arguyen que el Caudillo llevó, al menos, una “estabilidad” a la RD (en parte es cierto, pero, ¿a qué precio humano?). Los apologistas de las dictaduras regularmente intentan desacreditar a quienes favorecemos el concepto que el filósofo Karl Popper llamó “la sociedad abierta”. Pero el resultado de las tiranías suele ser funesto, dejando un triste rastro de vidas arruinadas, presos, exilados, desaparecidos, muertes, corrupción, penurias, atraso socio-económico, pobreza, y una frustración nacional generalizada.

 

Inusitadamente, como consecuencia de la anacrónica versión tropical del modelo soviético impuesto, Cuba, siendo una isla dotada de una legendaria tierra fértil, ahora tiene que importar la mayoría de sus comestibles, incluso el café y el azúcar, por cuya producción fue famosa durante siglos. Al mismo tiempo, la incidencia de depresión mental y de suicidios es alarmante.

 

La triste noche del patriarca vitalicio ha quedado atrás para el pueblo dominicano hace cinco décadas. Sin embargo, la pesadilla dictatorial aún perdura para los cubanos. No obstante, podemos aspirar con optimismo a transiciones pacíficas hacia la democracia liberal; o sea, a un sistema que promueva la tan ansiada prosperidad económica, y sobre todo, a una sociedad confraternizante, de inspiración martiana, con todos y para el bien de todos...