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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Trilogía sobre el estado de la economía cubana

 

Elías Amor Bravo, Unión Liberal Cubana

 

I. “Fidel, los Lineamientos van bien...”

 

Inasequible al desaliento, como viene siendo habitual en cada cónclave de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el máximo responsable de la economía castrista, Marino Murillo ha informado sobre la implementación de los acuerdos del Sexto Congreso del Partido, y la política de los llamados Lineamientos.

 

Información en clave positiva, demagógica tal vez, donde todos son logros y éxitos, sin reconocer que el campo está plagado de peligrosas minas de ineficiencia y de elementos que impiden alcanzar los resultados que se quiere conseguir.

 

Mucho bombo y platillo para algo que simplemente no va a funcionar, porque es la intención de quién está al frente. Aunque parezca difícil de creer, en la gerontocracia castrista y sus aledaños, no existe el menor interés en atender los cambios que necesita realmente la economía cubana o culminar plan o proyecto estratégico alguno. Por ese motivo, más de uno se lo tomará a risa, como una hazaña más de la continúa serie de fracasos que en política económica se ha convertido la dictadura en su 54 años de existencia.

 

La Conceptualización del Modelo Económico: nada hay donde asirse.  Pero, ¿es que no han tenido tiempo suficiente para darse cuenta de que es un fracaso y no funciona. ¿Es que no se dan cuenta de que el colectivismo no se puede actualizar, porque simplemente es algo pasado de moda, que huele a rancio como las bodegas del racionamiento? Conceptualicen el modelo económico, fijen metas de largo plazo, en ese futuro que para el castrismo nunca llega, y ganen tiempo.

 

En materia de políticas macroeconómicas, ¿qué podemos señalar?. Muy sencillo, que la economía cubana sigue estando en las antípodas de cualquier ejercicio de racionalidad en las cuentas públicas, que carece de instrumentos de política monetaria y fiscal, y que olvida que sin consenso social no es posible avanzar. Pensando en ello, se lanzan a vender como un gran logro los 47 mil préstamos del sistema crediticio, (¿cuál es el monto total, y a cuántos prestatarios?), cuando es difícil saber si es mucho, o poco, o ha conseguido algo de beneficio para la economía, o el asunto de los pagos y cobros, para los que la receta es la misma de siempre máxima y estricta disciplina.

 

Lo más llamativo es el Reconocimiento de la Empresa Estatal Socialista como la Forma Principal de la Economía, así que en medio siglo no hubiera experiencia suficiente de fracaso. Pues no. Ahora les ha dado por una Plataforma Organizativa para la Realización de Experimentos en Organizaciones Empresariales Seleccionadas, con la que una vez más se va a ensayar, probar, investigar y todas esas cosas que no suponen más que pérdidas de tiempo, cuando en la gestión de la economía, dos más dos son cuatro y no hay más.

 

En el colmo de los colmos, estos burócratas comunistas aspiran a crear entre las empresas, las organizaciones superiores de dirección empresarial (OSDE) y los organismos un nuevo Sistema de Relaciones”. ¿Qué, van a ensayar pasos de conga o de vals? Seamos serios. La mejor forma de relacionar a todo tipo de unidad económica es el mercado, con la información transparente y libre de los precios. Ni flexibilidad de los objetos sociales o la posibilidad de aprobar precios, teniendo en cuenta los referentes internacionales y los costos de producción, representan solución mientras exista una mano oculta dirigiendo la economía con criterios intervencionistas.

 

La propuesta de autorizar cooperativas no solo en la actividad agraria, sino en otras 200 ramas productivas, me parece acertada. Aunque una vez más estamos, ellos dicen, ante un Ensayo experimental (¿no son los ensayos, esencialmente, experimentales?), los cambios en la realidad económica siempre deben ser bien recibidos. Subsisten dudas sobre quién estará al frente de estas cooperativas y la participación del partido único, los órganos de administración local y provinciales en sus consejos, en suma, la supeditación de los intereses políticos a los económicos, lo que puede convertir todos los efectos benéficos de este proceso, en papel mojado. Al final, acabará siendo un instrumento más de recaudación estatal (por la vía de alquileres) y directamente de más impuestos.

 

Murillo ofreció cifras sobre el trabajo por cuenta propia, actualmente estancado en sus cifras, ante el parón decretado por las autoridades para no perder el control del proceso, al apreciar los primeros síntomas de malestar y protesta social. En junio del 2012, 390,598 personas inscritas, cifra muy distante del millón del que hablaban las autoridades al inicio del proceso. La mayor parte de los trabajadores por cuenta propia orientados al sector de la población que recibe remesas de las familias exiliadas, los elaboradores-vendedores de alimentos (57.504); y los transportistas (42.530).

 

Al parecer Murillo señaló que se continuarán aumentado las figuras aprobadas, flexibilizando prohibiciones, y eliminando contravenciones obsoletas (que no atenten contra el orden), en función del Lineamiento 168. Habría que ver qué es eso de atentar contra el orden, en un país en el que todo en este sentido, es ampliamente interpretable.

 

El plato fuerte llegó con la Ley Tributaria (aprobada en este periodo de sesiones), a la que se define como más moderna y flexible, y yo califico como usurera y confiscatoria, orientada a mantener bajo control cualquier resquicio de actividad económica privada.

 

El pago de impuestos por los ingresos personales en una economía en la que todo, absolutamente todos los activos, medios de producción, el trabajo, etc, es propiedad del Estado, no está muy justificado. No es extraño que las autoridades reconozcan que los cubanos no estén acostumbrados a ello. Con salarios inferiores a 18 euros mensuales, poco margen existe para el pago de impuestos. ¿Hacia dónde va la Ley Tributaria? Evidentemente, a la masa de trabajadores estatales mal pagados, no. Sino a la red de cuentapropistas, cuyo crecimiento se pretende cercenar.

 

Murillo continuó ese maremágnum de datos hablando de cosas absolutamente increíbles, como por ejemplo, cómo piensa afrontar el elevado ritmo de envejecimiento de la población cubana, para el que también dice tener “una estrategia integral”. Ya veremos.

 

Y continuó refiriéndose al problema de siempre: ¿cómo incrementar la producción agropecuaria, por su sensibilidad para la economía nacional? Hizo referencia a la aprobación el pasado mes de marzo de 17 medidas para eliminar las ataduras que limitan el funcionamiento de las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), las cuales se harán extensivas a las cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) y de Crédito y Servicios (CCS) en lo que corresponda. Ataduras que serían fácilmente eliminables cambiando el modelo económico, y dejándose de tanto parche.

 

Por ejemplo, qué hacer para mejorar la política de comercialización de productos agropecuarios para las provincias de La Habana, Artemisa y Mayabeque, la cual comenzará a implementarse en septiembre, otro experimento, como si la logística y el marketing empresarial no estuvieran suficientemente experimentados.

 

Otros temas que expuso Murillo fueron el proceso de subsidiar personas y no productos, la venta de materiales de la construcción, reconociendo los problemas existentes con la calidad, fundamentalmente en la carpintería de aluminio y los muebles sanitarios, lo que constituye un reto para la industria, en palabras del dirigente castrista.

 

Hubo críticas hacia la lentitud inicial de los Consejos de la Administración Municipal para aplicar el Reglamento del Consejo de Ministros sobre el otorgamiento de subsidios a las personas sin solvencia económica, que hacen obras en sus hogares.

 

Murillo anunció más decisiones en estudio, como la venta liberada de alimentos cocinados, o de gas licuado de petróleo (GLP), para quienes deseen complementar este con las demás variantes existentes, todo ello sin subsidios.

 

Más experimentos respecto al arreglo de los equipos electrodomésticos, otro de los quebraderos de cabeza de los cubanos. Para este fin, se anunciaron medidas para lograr sistemática en la disponibilidad de piezas de repuesto, como realizar importaciones para un mayor periodo y la elaboración de ellas en el país. Algún miembro de la Asamblea preguntó al ministro sobre la posible protección estatal, más subvenciones, al precio de reparación de estos equipos, bajo las nuevas fórmulas de gestión en talleres destinados a esta función de los cuentapropistas.

 

Murillo Jorge expresó que la voluntad estatal era mantener las tarifas actuales, pero para ello resultaba indispensable asegurar la disponibilidad de piezas de repuesto, pues ante toda escasez de oferta para una amplia demanda emergen actitudes lucrativas, al margen de lo aprobado. Es tan difícil apostar por la economía de mercado libre.

 

Y hasta aquí todo lo que dio la comparecencia de Murillo. Nada nuevo bajo el sol. Fidel puede estar tranquilo y contento. Nadie le va a mover su sillón. Eso sí, tal vez por vez primera, desde que realizo el seguimiento de estas conferencias, no hubo referencia alguna al embargo de EEUU como el principal mal de todos los problemas de la economía castrista. ¿Por qué será?

 

I I.  Impuestos, ¿pa´ qué?

 

Los que vivieron aquellos años nefastos me van a perdonar que utilice una expresión vulgar, grosera y profundamente antidemocrática de Fidel Castro a comienzos de los años 60, cuando confirmó que la llamada Revolución era lo más parecido a una dictadura que más tarde devino comunista.

 

Medio siglo más tarde, el castrismo lanza un “Proyecto de Ley del Sistema Tributario Cubano”, ante la Asamblea Nacional, después de un largo proceso de análisis y reflexión, como casi todos los cambios que se vienen introduciendo recientemente. Y aquella expresión de Castro, vuelve a adquirir todo su significado. Ya verán por qué.

 

La reforma tributaria se percibe por las autoridades del régimen como uno de los instrumentos básicos para avanzar en la actualización del modelo económico en los términos planteados por el Sexto Congreso del Partido.   En dicho modelo, cuyos rasgos generales permiten afirmar que no es ni más ni menos que el mismo sistema económico fracasado de medio siglo, la política tributaria quiere alcanzar una base legal para cumplir su papel regulador y permitir un modo de funcionamiento de la economía más apoyado en principios generales de derechos y de regulación económica que en disposiciones administrativas.

 

(En el clásico “The Power to Tax: Analytical Foundations of a Fiscal Constitution” de James M. Buchanan y Geoffrey Brennan, la capacidad fiscal de un gobierno se encuentra directamente relacionada con su base constitucional y democrática. Precisamente esa Ley fundamental, emanada de un órgano representativo en el que se plasma el pluralismo social y político, se convierte en el instrumento que fija los límites para la exacción de rentas que supone cualquier norma tributaria. Lo contrario es feudalismo económico).

En el régimen castrista, se deben creer que el precario armazón de ilegalidades con el que han construido el sistema institucional comunista que rige en la Isla es suficiente para normar la actividad tributaria. Se equivocan. Porque ese bodrio de constitución que exhiben al mundo como un ejemplo de falsa institucionalidad, es antidemocrático, no se ha edificado a partir de un sistema de consulta electoral basado en la competencia entre partidos de distintas ideologías que confrontan programas y ofertas. Es un remedo construido a partir del intento, voluntarista, de transformar una vulgar dictadura, en un sistema presidencial.

 

Tal vez por ello, la falta de legitimidad democrática de esta Ley tributaria, aun cuando sea aprobada por la Asamblea Nacional, la convierte en papel mojado antes de nacer, y de seguro, impedirá que el Estado comunista que carece de legitimidad democrática, pueda contar con un instrumento de política económica, que permita obtener ingresos en la cuantía suficiente, a la vez que estimular los sectores, actividades y conductas que contribuyen al desarrollo socio-económico. Sin democracia y estado constitucional, no es posible, por mucho que se empeñen los castristas, en construir una cultura tributaria en la sociedad.

 

El proyecto de Ley identifica, como no podría ser de otro modo, la redistribución de los ingresos de los sectores de mayor capacidad económica hacia los de menores ingresos como un objetivo fundamental. Este enunciado significa que el castrismo, finalmente, reconoce públicamente la existencia de clases sociales que afloran, que convierten en fracaso el legado de la llamada “revolución” si es que alguna vez existió, y que tira por la borda medio siglo de políticas erráticas para destruir la economía cubana.

 

La Ley tributaria quiere sustituir la anterior, Punto 73 "Del Sistema Tributario", de 4 de agosto de 1994, creada a toda prisa durante el llamado período especial con voracidad recaudatoria, en un momento en que la economía castrista se hundía de forma imparable al perder los apoyos de Europa del Este, tras la caída del muro de Berlín.

 

Algunos aspectos que merecen destacarse de la nueva Ley son, entre otros:

 

- El mantenimiento de la exención sobre los salarios en el impuesto a los ingresos personales mientras se mantengan las actuales condiciones económicas, es decir, se entiende que un salario medio de 18 dólares, difícilmente puede someterse a impuesto directo alguno. No hay previsión alguna de cuando se va a dar solución a esta cuestión, lo que vacía de contenido este impuesto.

 

- Dicen que la aplicación de la escala progresiva se dirige a abrir espacios al trabajo por cuenta propia, lo que se plasma en una disminución de la carga tributaria a los trabajadores por cuenta propia entre un 3% y un 7%, para mayores y menores ingresos respectivamente. Es evidente que la actual estructura tributaria desincentiva el establecimiento por cuenta propia y con ello se pretende aligerar la presión.

 

- Reducción del 50% del tipo impositivo a los beneficios obtenidos por los productores agropecuarios, con el objetivo de estimular la producción de alimentos y de diversos productos del sector. En igual sentido actuará el impuesto por la ociosidad de tierras agrícolas y forestales, así como la exoneración a los usufructuarios de tierras estatales del pago de los impuestos sobre ingresos personales, sobre la propiedad o posesión de tierras agrícolas y por la utilización de la fuerza de trabajo, por un periodo de dos años a partir de la entrega de las tierras y cuatro si fuera necesario emprender trabajos adicionales por la existencia de plantas leñosas como el marabú. Ya veremos si este tipo de medidas contribuye a mejorar la producción agrícola. Tenemos dudas mientras no se altere el marco actual de derechos de propiedad y se consigan aumentos reales de productividad en el sector.

 

- El impuesto de circulación, que es una rémora del pasado, desaparecerá gradualmente para ser sustituido por los impuestos sobre ventas y especial a productos y servicios, aún por definir y concretar, pero de claro significado inflacionista y distorsionador.

 

- Los impuestos que se anuncian sobre la propiedad de viviendas y solares yermos no se aplicarán hasta que no se den las condiciones económicas y de gestión (mencionan expresamente la actualización del Registro de la Propiedad) que los hagan posible. ¿El regreso de la propiedad privada? No lo creo. Además, de manera sorprendente, se exonera del pago de este impuesto a los propietarios de viviendas declaradas inhabitables. La pregunta es, ¿no existe en la Isla el derecho a una vivienda digna? ¿Dónde ha quedado toda esa propaganda?

 

- Se pretende igualmente fomentar la contratación de trabajadores por los cuentapropistas, y para ello se fija la disminución del tipo impositivo del impuesto por la utilización de la fuerza de trabajo, de un 25% a un 5% en un plazo de cinco años. Se ratifica la exoneración del pago de este impuesto a los trabajadores por cuenta propia, los agricultores individuales y otras personas naturales que sean autorizadas a contratar fuerza de trabajo, por la contratación de hasta cinco trabajadores, y por encima de esa cantidad se establece una escala progresiva en proporción al salario medio de la provincia de que se trate. ¿Qué quieren, que la dimensión media se quede en cinco trabajadores? Un modelo de minifundismo fácil de controlar y dominar. Menos mal que la influencia del sistema impositivo sobre el empleo es una cuestión sobre la que los autores no se ponen de acuerdo. Tal vez sería mejor que se revisaran los niveles de productividad del trabajo, pero esa cuestión no está sobre la mesa de las autoridades del régimen.

 

- Y así, por esa voracidad recaudatoria con la que nace la Ley, aparece un conjunto de nuevos impuestos que recaen sobre bases imponibles relativamente novedosas, como la protección del medio ambiente y los recursos naturales, por medio de impuestos por el uso y explotación de las playas, el uso y explotación de bahías, el derecho de uso de las aguas terrestres, la utilización y explotación de los recursos forestales y la fauna silvestre, así como por el vertimiento aprobado de residuales en cuencas hidrográficas. La cuestión es, ¿Quién pagará estos impuestos? ¿Los turistas? Ya veremos qué incidencia tienen sobre el coste de los paquetes de turismo y como la demanda reacciona a un cambio en los precios relativos de los resorts del Caribe.

 

- De igual modo, promueven una idea de estímulo al desarrollo local, con la aplicación de un tributo territorial definido centralmente que pagarán las empresas, las sociedades mercantiles y las cooperativas a los Consejos de la Administración Municipales donde operen sus establecimientos. Una especie de tasa que va a generar no pocas distorsiones en la distribución de la actividad económica en todo el territorio, empobreciendo unas zonas en detrimento del rápido enriquecimiento de otras.

 

Toda esa letanía de  nuevos impuestos y tasas se acompaña de exhortaciones a una disciplina tributaria y el fomento de una cultura en el pago de impuestos, mediante la implantación de bonificaciones a los contribuyentes que efectúen sus pagos en plazos tempranos a la vez que se penaliza a los morosos e incumplidores. Un sistema parecido al de las multas de tráfico, que tienen una reducción si se pagan en el instante. Créanme que este tipo de prácticas tienen poco que ver con el objetivo de construir una cultura tributaria, que se debe abordar desde las primeras etapas de la educación.

 

A ello se añaden cuestiones controvertidas como el arancel de aduanas, que será presentado a la aprobación del Consejo de Ministros, que decidirá sobre su eventualidad cuando sea necesario, o los regímenes especiales de tributación en las zonas especiales de desarrollo, así como otros regímenes tributarios para determinados sectores de la economía, dando cuenta de ello a la Asamblea Nacional del Poder Popular, y poco más.

 

La imagen que se obtiene de todo esto es justo la contraria que se debe alcanzar. Un sistema complejo, de difícil encuadre con la actividad económica que sigue siendo mayoritariamente estatal, y de dudoso impacto sobre la economía. Además, el consejo de ministros se reserva competencias muy relevantes para modificación de tipos, exenciones y todo tipo de arbitrariedades que suponen un marco jurídico especialmente agresivo sobre las decisiones de los agentes económicos. Cosa que, por otra parte, es muy habitual en la economía castrista.

 

¿Qué conclusiones podemos extraer de esta iniciativa? Una ley tributaria que se somete a aprobación de una Asamblea Nacional, que asiste como mero espectador a los designios que desde el ejecutivo se le obliga a aceptar (destacan las 54 modificaciones, sin más), tiene escaso recorrido en términos de aceptación social. Me parece tiempo perdido, esfuerzos baladíes que no van a tener los objetivos que se persiguen.

 

La actualización del modelo económico cubano necesita mucho más que una ley tributaria para tener éxito. Su futuro es bastante incierto. A tenor de las disposiciones contenidas en esta norma, todas las reformas del raulismo están cuestionadas y se incorporan incentivos, estímulos y medidas para activarlas. Creo que ni así lo conseguirán. La economía necesita derechos de propiedad y economía de mercado libre. Un paradigma que está en las antípodas de la economía castrista.

 

I I I.  El duro ajuste del gasto público en el régimen castrista:

Algunas evidencias recientes

 

En estos días, en los que la atención hacia la Isla viene motivada por la pérdida irreparable de Oswaldo Payá Sardiñas, varios acontecimientos importantes se han producido en materia económica durante las sesiones de la Asamblea Nacional.

 

Uno de ellos, fue el Informe de la liquidación del presupuesto del estado castrista en 2011, a cargo del presidente de la Comisión de Asuntos Económicos, Osvaldo Martínez. Menuda tarea.

 

Tal vez sin saberlo, ha puesto encima de la mesa una serie de informaciones que arrojan luz sobre el estado caótico de la economía castrista en estos primeros meses de 2012.

 

Para empezar, se presenta como importante reducción del déficit fiscal entre el estimado presentado en diciembre pasado (3,8% del PIB) y el real de 1,7%, lo que a duras penas no es fácil de comprender en una economía en la que todos los activos están en manos del Estado, sin que esa separación entre las bases de los ingresos y fuente de generación de los mismos dificulte realizar esta comparación.

 

Tal vez convendría explicar brevemente a los dirigentes del castrismo en qué consiste el déficit del Estado.

 

En cualquier economía donde conviven lo privado y lo público, el Estado ejerce una influencia sobre la actividad económica recaudando impuestos y realizando gastos para cumplir con una serie de fines. La diferencia entre estas dos partidas, cuando es negativa, se llama déficit, y su comparación con el valor del producto interior bruto, PIB, permite realizar los contrastes habituales que todos conocen.

 

¿Qué ocurre en la economía castrista que la hace distinta del resto? Muy sencillo. Mientras que en cualquier economía del mundo, la mayor parte de la actividad económica tiene un origen privado, o mixto privado y público, de ahí que el Estado fije impuestos para detraer una parte de los ingresos que se obtienen en esa esfera de la actividad, en la economía castrista, el 90% de la base productiva continúa siendo propiedad de quién se encarga de recaudar.

 

Es decir, que la producción de la economía podría interpretarse, en sentido estricto, como ingresos estatales, ya que va íntegramente a la caja del Estado que es el propietario de las fuentes de producción. Se podría afirmar que lo que crece la economía castrista es similar a lo que crecen los ingresos estatales. Los gastos, se corresponden con los distintos programas que realiza el Estado (subvenciones, sueldos de funcionarios, inversiones).

 

¿Qué nos está diciendo el malabarista Osvaldo Martínez? Muy sencillo. Si, con la economía creciendo al 2,1% el déficit era del 3,8% del PIB, y ahora con un crecimiento del 2%, muy similar, se ha reducido el déficit al 1,7%, el ajuste realizado por las autoridades en los gastos tiene mucho que ver con las políticas de ajuste duro tipo FMI, o neoliberales, que tanto critican los castristas en otros países. En efecto, si los ingresos crecen más o menos lo mismo que hace un año, y el déficit se reduce a casi la mitad, el ajuste a la baja se ha producido en los gastos públicos. La severidad del ajuste del gasto que han realizado las autoridades castristas tiene sus efectos sobre la población y siembra las condiciones para un creciente nivel de malestar social.

 

(O sea, si en el período (a) la economía es igual a 100, y en el período (b) ésta crece al 2%, entonces la economía es igual a 102.  Pero... el estado ha reducido su gasto de 3.8 a 1.7, es decir, una disminución de 2.1.  Dado que el estado es el motor de la economía en Cuba, si el estado gasta menos, ¿cómo puede crecer el PIB?)

 

Lo realmente sorprendente no es que el bajo nivel alcanzado por el déficit del presupuesto del estado castrista, sino que coincida con un crecimiento de la economía del 2%. Nos encontraríamos ante una situación excepcional de la economía, desconocida a lo largo de sus cincuenta años de existencia, buscando una enigmática ortodoxia fiscal alejada de los esquemas convencionales de funcionamiento, que viene impuesta por las difíciles condiciones del entorno y la previsible pérdida de apoyos económicos externos (Venezuela y Chávez). Es muy probable que chinos, rusos y vietnamitas hayan exigido a Raúl Castro que sanee en profundidad sus cuentas públicas, antes de embarcarse en proyectos financieros a medio y largo plazo. En cualquier caso, el ajuste del gasto público en el régimen castrista se puede calificar de temerario. Las repercusiones pueden estallar en cualquier momento.

 

Algunos datos expuestos por Martínez nos descubren la grave situación de quiebra estructural de las cuentas del estado castrista en sus principales partidas sociales. Por ejemplo, según Martínez, la seguridad social del régimen solo cubre con sus ingresos el 59% de los gastos, que ascendieron a 2.078,3 MMP, necesitando apoyo del resto de los ingresos estatales para cuadrar sus cuentas. Si a ello se añade el bajo nivel de las pensiones y el rápido envejecimiento de la población de la Isla, no cabe duda que este es un aspecto al que habrá que prestar mucha más atención, y dejarse de demagogias trasnochadas.

 

Otro dato que merece atención es la cifra, ciertamente elevada, de 4.148,1 MMP que el Presupuesto dedicó a subsidios por la diferencia entre los precios minoristas y los del mercado internacional para promover exportaciones y sustituir importaciones. Una economía que apenas tiene recursos para atender las necesidades de su población, situada en niveles mínimos de subsistencia, fomentando con subvenciones vía precios las exportaciones. ¿Alguien puede comprender qué sentido tiene esta política económica? Más aun, cuando Martínez confía que ese nivel de gasto, una de las partidas más relevantes, puede y debe reducirse mediante una disminución de los costos nacionales. Pero, ¿cómo pretende Martínez rebajar los costes nacionales sin una mejora de la competitividad, de la productividad y una mayor libertad económica?

 

Por si todo esto no fuera suficiente, Martínez entró en el guión de las culpas y responsabilidades, ese argumentario que se ha puesto de moda en la corte raulista en los últimos tiempos. Por ejemplo, anunció que se dejaron de ingresar 2.739 MMP por concepto del impuesto sobre circulación y ventas (uno de los más relevantes de la economía) debido a la falta de materiales de construcción para la venta por 1.232,3 MMP o la débil gestión de cobro de los efectos electrodomésticos por 570 MMP. Además, debido a incumplimientos en la producción se dejaron de recaudar 366 MMP en panaderías, 115,5 MMP en venta de fósforos y 108 MMP por déficit en la producción de cigarros. Todo ello indicadores de una gestión deficiente.

 

Martínez continuó entonando su mea culpa al señalar que la cifra de 2.141,2 MMP dedicada al subsidio a los precios minoristas a la población “es claramente insostenible”, y para no salir del guión culpó al “sostenido crecimiento de los precios internacionales de los alimentos en medio de la crisis económica global y la especulación que empuja al alza dichos precios”, de ser los responsables de ese descontrol del gasto que parece que cuenta con la firme voluntad del Gobierno “para proteger al máximo posible a la población”. Lo cierto es que los cubanos cada vez compran menos productos subsidiados, no tanto porque escasean, sino porque se han ido eliminando progresivamente. Otro problema que tiene fácil solución: producir más, liberalizar el mercado y dejar que las fuerzas privadas se encarguen de lo que es suyo.

 

Otra fuente de quebranto para el presupuesto viene del eterno subsidio por pérdidas a las ineficientes empresas estatales agrícolas, MINAGRI, AZCUBA, MINBAS, MINIL y los OLPP, y se concentra en un 77,3% de sus presupuestos. A la vista de estos resultados, casi es mejor cerrarlas todas y comprar los alimentos en el exterior, con lo que además podrían ahorrarse las subvenciones a los precios minoristas para promover las exportaciones.

 

Después de todo esto, no debe extrañar que las autoridades se embarquen en reformas de las leyes tributarias. Insisto, mientras que no se produzca la necesaria separación de bases imponibles privadas y públicas, y se permita el sólido desarrollo y consolidación de las primeras, la economía socialista de planificación central, actualizada o no, que se fija en los Lineamientos y seguirá siendo un caos, un ejemplo de ineficiencia y de pésima gestión.

 

La transformación de la economía privada cubana en el estado socialista caótico, ineficiente y subvencionado del exterior se consagró en poco tiempo a costa de la violencia, de los robos y confiscaciones y la pérdida injusta de vidas humanas. El retorno a la economía competitiva, dinámica y eficiente que caracterizó a la República en su medio siglo de existencia antes de 1959 va a resultar cuando menos problemática, pero debe hacerse y debe hacerse bien.