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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Tres errores de Gorbachov que los cubanos no debemos olvidar

 

Pedro Campos, La Habana

 

En escritos anteriores se han valorado los errores que impidieron al exlíder de la URSS Mijaíl Gorbachov poder realizar las transformaciones que se proponía la perestroika y que, a la postre, condujeron al ascenso político de Boris Yeltsin y su grupo, apoyados por liberales, demócratas, ruso-nacionalistas y partidarios de la restauración del capitalismo privado en la antigua URSS, ante la asonada conservadora-militar y como alternativa al regreso pleno del estalinismo.

 

Entre esos desaciertos, hay tres muy importantes al abordar la autogestión económica y el trato a la oposición y a los conservadores en el gobierno-partido.

 

Apenas los mencioné en mi artículo sobre los dos partidos comunistas en Cuba, pero los cubanos debemos tenerlos muy en cuenta.

 

Ahora, sintéticamente, trataré de explicarlos: 1- Gorbachov no desarrolló ampliamente las formas autogestionarias de producción y mantuvo muchos frenos estatales a las mismas; 2- no buscó la alianza con las clases medias y las fuerzas democráticas; y 3- no enfrentó ni derrotó a las fuerzas conservadoras del neoestalinismo en el PCUS que, a la postre, le dieron el golpe de Estado.

 

Veamos:

 

1-Gorbachov logró pasar una ley sobre la autogestión en las empresas estatales que no tuvo tiempo para desplegarse ampliamente, mientras el Estado siguió burocráticamente imponiendo la "planificación" y el control sobre los resultados de la producción. Por eso los trabajadores nunca llegaron a sentirse dueños ni pudieron consolidar el control sobre las empresas y la producción.

 

Realmente no le dieron tiempo. Esto, unido al tradicional control estatal que había agotado el "entusiasmo revolucionario" y había convertido aquella sociedad en un hastío del cual solo se podía escapar con el alcohol, impidió que los trabajadores tomaran el control de la economía e identificaran la socialización en ciernes como el verdadero camino a la nueva sociedad.

 

Mayor fuerza asumió la economía privada, nacional y extranjera, que explotaba asalariados.

 

En el fondo seguía predominando en el PCUS la vieja concepción neoestalinista de que el capitalismo debía ser "eliminado" por imposición y no por obsolescencia, por demanda natural del desarrollo de las fuerzas productivas y el progresivo avance de las relaciones de producción asociadas de todo tipo.

 

Sin una participación directa y efectiva de los trabajadores en la dirección, la gestión y en las ganancias de las empresas, no hay control real de los trabajadores, no hay propiedad autogestionaria, no hay socialismo posible ni existen posibilidades concretas de un amplio respaldo de los trabajadores a las tareas de socialización de la economía, por la distancia entre ellos, la propiedad sobre los medios de producción y la apropiación de sus resultados.

 

Si en el área de la libertad de expresión, con la glasnost (política de transparencia informativa), la perestroika (renovación) logró conquistar los corazones de los "soviéticos", las mayorías habían perdido ya la confianza en el "socialismo". Y la dirección del mismo hacia la socialización quedó tronchada por el golpe de Estado que concitó –lógicamente- la reacción natural contra los defensores de un régimen identificado como "socialista".

 

2- Aunque Gorbachov y sus seguidores sacaron de las cárceles y el ostracismo a muchos luchadores por la democratización, no fueron capaces de establecer una alianza política con ellos, las clases medias y los liberales, que ganara a esas fuerzas para la perestroika y sirviera de contrapeso decisivo a los elementos retranca.

 

Latía el viejo error sectario de los comunistas sobre el rechazo a las alianzas con las fuerzas democráticas y liberales, consideradas "burguesas".

 

Cuando el golpe de Estado, las fuerzas que Gorbachov debió ganarse, no tuvieron otra opción que aliarse a la única posibilidad antiestalinista con capacidad para gobernar, representada por Yeltsin, quien había sido Secretario del PCUS en Moscú y ex compañero de Gorbachov.

 

3- Gorbachov no quiso o no pudo sacar de la dirección del Partido y el Gobierno y especialmente de las Fuerzas Armadas a los tradicionales conservadores neoestalinistas. Había la creencia del respeto absoluto al dirigente principal del Partido que había contado con el apoyo de la mayoría en el Buró Político. Ya casi nadie se acordaba de la destitución de Nikita Jruschov a manos de esas fuerzas oscuras.

 

La permanencia de esas elites conservadoras puso todos los obstáculos que pudo a la perestroika y a la postre terminó promoviendo y asestando un golpe de Estado que abrió el camino a Yeltsin y a la coalición que lo apoyó, la cual en nombre de la lucha "contra el socialismo", desmontó también los planes renovadores de la Perestroika y aceleró los procesos de privatización.

 

Salvando las distancias y diferencias entre la ex URSS y Cuba, entre Gorbachov y Raúl Castro y entre la perestroika y la Actualización, que no son pocas, encontramos que en Cuba se manifiestan también esas "regularidades", para utilizar un término muy manejado por los académicos cubanos de la Ciencias Sociales.

 

De no haber una rectificación en el tratamiento a las mismas, un eventual vacío de poder en Cuba podría llevarnos a algo parecido a lo que entonces aconteció en la antigua URSS, de modo que la Actualización podría concluir en un proceso acelerado de privatizaciones, en medio de un caos económico, social y político, aquí, a 90 millas de EEUU.

 

Por una cuestión de espacio y para no cansar a los lectores con el tema, en artículo que publicaré posteriormente, trataré la forma en que se manifiestan esas "regularidades" en la realidad cubana del momento y la manera en que podrían aprovecharse positivamente otras experiencias.