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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Transparencia, honestidad y libre flujo de la información

son prácticas inexistentes en Cuba

 

En el ejercicio del periodismo independiente, dentro de las propias filas de la oposición, hay que lidiar con personas negadas a responder sobre el manejo de las finanzas o las cláusulas para dirigir sus proyectos

 

Iván García, Diario Las Américas

 

LA HABANA.- Más por raro que por novedoso, cuando Berta Soler, líder de uno de los tres grupos escindidos de las Damas de Blanco, convocó a un plebiscito revocatorio tras un escándalo en el otoño de 2014 por agresión verbal a una de sus miembros, marcó un hito en el mundillo disidente.

 

No hay cultura ni costumbre en la sociedad cubana de normas democráticas o referendos que se propongan ser un contrapeso a la inveterada tradición humana de manejar el poder a su libre albedrío.

 

Cincuenta y seis años de administrar la nación como una bodega de barrio, de manera vertical y sin mecanismos de frenos que impidan la creación de caudillos en miniatura, es la causa principal del irrespeto a las leyes, escasos hábitos democráticos y dirigir una fábrica o un grupo disidente, al estilo de un cártel mafioso.

 

Comenzaré mi disección por la oposición local. Desgraciadamente, al igual que al resto de la sociedad cubana bajo la bota autocrática desde 1959, la mayoría de los líderes disidentes llevan dentro un Fidel Castro vestido de civil.

 

En mi ejercicio del libre periodismo, me ha tocado lidiar con personajes de fábulas. Ególatras, soberbios y poco dados a responder preguntas sobre el manejo de las finanzas o si tienen cláusulas democráticas para dirigir sus proyectos.

 

Suelo recibir la callada por respuesta. Una tontería: en las páginas oficiales de Estados Unidos aparece el dinero que organismos estadounidenses otorgan a opositores cubanos, porque es información pública.

 

Como pretexto arguyen la discreción. Dicen que si esa información fuese conocida por el Departamento de Seguridad del Estado podría ser un arma letal. Otra superchería.

 

Los servicios especiales tienen más topos dentro de la disidencia que caspa una cabeza sin lavar. A los represores no les falta internet, y con solo 'googlear' unos minutos obtienen ésos y otros datos.

 

Lo que se esconde detrás de tanto secretismo es tender un velo de silencio para manejar dineros, influencias y recursos como dictadores de bolsillo. Que es lo que viene sucediendo en la práctica.

 

Grupos donde se emplantillan familiares y amigos, a la usanza de la ‘botella’ (nepotismo) en la etapa  de la Cuba republicana. Lo primero que hace un líder disidente es rodearse de tipos lacayunos. Aquéllos que preguntan demasiado o cuestionan sus procedimientos son considerados 'altamente sospechosos'. Los apartan o los mantienen a distancia.

 

Excepto Antonio Rodiles [de estado de SATS], ningún grupo opositor me invita a sus conferencias de prensa o debates. Todavía estoy esperando que Espacio Abierto de la Sociedad Civil Cubana me abra un hueco en su agenda.

 

Desde hace dos meses intento participar en una de sus actividades, para redactar una nota. Tal vez no me invitan porque no soy el típico periodista, que luego escribirá una simple nota o una historia panfletaria. Y eso no les gusta.

 

Sigue latente en el imaginario opositor que cuando alguien publica un artículo medianamente crítico, es un enemigo acérrimo. Es obvio que no es así. Pero en la sociedad cubana la cultura democrática y del debate se asemeja con un ave rara.

 

Les cuento una anécdota. No tengo nada personal contra esos hombres que llevan bastante tiempo tras las rejas, ni por la cruzada en pos de su libertad que lleva a cabo la oposición. Pero investigando sus causas, observé que la mayoría no son presos de conciencia.  Pongo dos ejemplos.

 

En 1992, Elías Pérez Boucourt intentó secuestrar un bote a punta de pistola para llegar a Estados Unidos. Ernesto Borges Pérez, exoficial de contrainteligencia, podría ser un santo, pero fue sancionado por desvelar información clasificada al enemigo. Su padre, Raúl Borges, es una buena persona.

 

Hace unas semanas, en una conferencia en casa de Rodiles dije que era un error de bulto, tratar de etiquetar como presos políticos a esa categoría de reos, aunque ellos estén en contra del régimen.

 

Si usáramos de manera tan superficial la definición de prisionero político o de conciencia, en ese listado tendríamos que incluir a todos los juzgados por Peligrosidad, un término jurídico de corte fascista que ha enviado a la cárcel a cientos de cubanos, jóvenes en su mayoría, sin siquiera haber cometido un delito.

 

Pero tales diferencias de criterios provocan una enemistad definitiva en ciertos disidentes, quienes como mínimo te tachan de apestado. Por supuesto, los opositores no llegaron de otro planeta.

 

Son parte de una sociedad enferma de retórica ideológica y una manipulación política limítrofe con el delirio. Ellos no rinden cuentas. Algo 'normal' en un país donde nadie rinde cuentas, empezando por los hermanos de Birán. Administran sus proyectos opositores como islotes privados, a semejanza de los caciques del partido comunista.

 

Transparencia es una palabra inexistente en Cuba. La ciudadanía no dispone de oficinas que los proteja como consumidores ni donde obtener datos y estadísticas. O poder quejarse y ser respondido.

 

Casi todo es secreto. Conocer a cuánto asciende el fondo de inversión creado para comprar ómnibus urbanos tras la autorización gubernamental de vender autos es una misión imposible, ni James Bond.

 

Tampoco la población tiene cómo averiguar en qué se usa el dinero recaudado por el Estado mediante los abusivos impuestos a los trabajadores privados o el procedente de los gravámenes del 240% en las tiendas por divisas.

 

De esa plata no se habla. Menos aún de los salarios. A la gente le gustaría saber lo que gana Luis Alberto López-Callejas, el yerno de Raúl Castro que administra la Zona Especial del Mariel.

 

A diferencia de los países democráticos, en Cuba no se informa con antelación de los viajes presidenciales. Todo está oculto tras una cortina de humo. Ha calado tanto la mentalidad de  genuflexión, que muchos ciudadanos consideran que no es importante saber cómo el Gobierno maneja nuestro dinero.  

 

Llenar la ciudad de Starbucks, McDonald's o Burger King no será muy complejo. Formar mujeres y hombres modernos con conocimiento jurídicos de sus derechos y deberes y que sepan reclamarles a sus gobernantes sus faltas, será una tarea de unos cuantos años. Más de lo que quisiéramos.