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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Tibio, tibio…

 

Miriam Celaya, SinEVAsión

 

Recientemente leí en la red un documento que, por lo sugerente de su título y la justicia que reclama en su contenido, atrapó de inmediato mi atención. Contra la Censura en Cuba, fechado en febrero 27 de este año y promovido por el Grupo Concordia (havanatimes.org), es una denuncia a determinadas acciones oficiales que, “en los últimos meses”, plantea, “se han estado llevando a cabo contra comunidades y colectivos culturales e informativos de la población cubana”, y hace un recuento de algunos hechos destacados en dicha escalada de censura.

 

El documento en cuestión toma en cuenta como inicio de los actos que denuncia el 25 de noviembre de 2011, cuando fue suspendido en San Antonio de los Baños el Primer Festival Cultural ArtEco: Arte, Ecología y Comunidad, organizado por el Colectivo La Rueda (grupo “socialista-libertario”) con recursos personales de sus animadores.

 

Más adelante se incluye el caso del encuentro programado por el proyecto “Estado de SATS”, con fecha 10 de febrero de 2012, saboteado por agentes de la policía política al presionar, para impedir que asistiera, al menos a uno de los invitados principales, el poeta estadounidense Hank Lazer que debía participar en el encuentro. Tanto éste, como su compatriota, el músico Andrew Raffo, que también se presentaría, se encontraban de visita en Cuba a propósito de la celebración de “diez años de colaboración entre las universidades de Alabama y de San Gerónimo de La Habana Vieja”.

 

Por último, se denuncia “el bloqueo de la dirección electrónica de Observatorio Crítico (observatoriocritico@gmail.com) durante el mes de febrero del presente año”.

 

Por su importancia, y por la indiscutible veracidad de los hechos que se denuncian, yo deseo suscribir ese documento. Me uno a la denuncia, convencida del derecho que asiste a todos los cubanos y organizaciones autónomas de la sociedad civil a organizarse, debatir y promover sus propios proyectos en pos de los cambios que urge implementar en el país. La censura es incompatible con las aspiraciones de democracia de amplios sectores de la población cubana, pero también va más allá de los colectivos culturales e informativos.

 

Es por esto que me permito algunas observaciones sobre ciertos elementos que, desde mi punto de vista, limitan el alcance del documento:

 

1. Saltan a la vista algunas omisiones que debieran ser tomadas en cuenta en cualquier documento serio que pretenda condenar la censura ejercida por parte del gobierno cubano contra los ciudadanos de la sociedad civil. La más escandalosa censura oficial es, por ejemplo, la que se manifiesta bajo la forma de “mítines de repudio” contra activistas cívicos, como las Damas de Blanco y grupos opositores pacíficos, no a partir de “los últimos meses”, sino a lo largo de varios años. A la vez, es una peligrosa práctica que alienta el odio y la violencia entre los hijos legítimos de una misma nación.

 

2. Se podría ampliar el diapasón de condena a los bloqueos oficiales aplicados también a otras páginas electrónicas, de los cuales el Observatorio Crítico no es exactamente la primera víctima, si bien ese grupo ha tenido antes el civismo de condenar las prácticas de los censores. Los sitios desdecuba.com y vocescubanas.com, han sido bloqueados sistemáticamente desde los años 2008 y 2009, respectivamente, y de vez en vez son “hackeados” por los cibertalibanes al servicio del gobierno cubano. Curiosamente, entre los dolientes de hoy se encuentran algunos que dudaron de la veracidad de nuestra denuncia de aquellos hechos, y en aquel momento pocos se hicieron eco de nuestra protesta.

 

3. Numerosos periodistas y blogueros al interior de Cuba son privados de su derecho a acudir a los sitios de conexión, al ser interceptados o detenidos por los agentes de la policía política, aun cuando se sabe que generalmente deben trasladarse a largas distancias con sus propios recursos para tratar de utilizar un mínimo tiempo de ciber-navegación. Es otro de los muchos rostros de la censura en Cuba.

 

4. La última edición del Festival del Cine Pobre de Gibara fue torpemente boicoteada por funcionarios de la cultura, específicamente del ICAIC, y por conocidos “ideólogos” servidores del gobierno, pese a tratarse de un destacado y ya tradicional acontecimiento cultural que ha brindado espacios a producciones cinematográficas menos favorecidas por financiamientos y mecenazgos oficiales.

 

5. A la cuasi demoníaca bloguera Yoani Sánchez, tan premiada como castigada, se le ha negado por veinte veces consecutivas el permiso de salir de Cuba. Las absurdas leyes migratorias cubanas son una de las más humillantes formas de censura que hemos estado soportando todos los cubanos.

 

Estas son solo algunas ausencias relevantes de la lista, hechos que –según mi criterio personal– también “se destacan”, aun cuando la intención del documento de referencia no sea presentar un listado completo. De hecho, me hubiese gustado conocer los criterios seguidos para una selección tan peculiar. O quizás no hay tales exclusiones y los eventos que menciono como omitidos están incluidos en la genérica categoría de “muchos otros”. Depongamos las posibles suspicacias.

 

No albergo duda alguna sobre el derecho que tienen los animadores del Documento Contra la Censura para elegir qué actos incluir en su enumeración y cuáles son los límites temporales que consideran apropiados. Es decir, si asumen que la censura oficial es criticable desde noviembre último en adelante, no tengo nada que objetar. Firmo yo también, que cualquier censura que coarta las libertades cívicas es “censurable” en todo momento, incluso aquella que se dirige contra las propias líneas afines a la prédica oficial, es decir, a la izquierda (nótese que solo me refiero a la “prédica”, asumiendo que el gobierno cubano no es de izquierdas ni de derechas, sino “de sí mismo”). Y, por supuesto, nadie debe exigir una especie de derecho de pernada por el mero hecho de haber sido censurado, reprimido o amenazado desde mucho antes, o por no pertenecer a las filas de los creyentes-simpatizantes de una u otra ideología… O de ninguna.

 

Sin embargo, más allá de las diferencias ideológicas de cada grupo que las tenga, es evidente que quedan por saltar numerosas barreras de desconfianza en la sociedad civil cubana. Persisten reservas, atavismos heredados de décadas de exclusiones. Pero más temprano que tarde habrá que asumir que el activismo cívico no se circunscribe a los aspectos puramente sociales o culturales habida cuenta que toda actividad independiente o autónoma en Cuba está revestida de un matiz político inevitable. Por otro lado, la política es un elemento contenido en la cultura de toda sociedad. ¿A qué evadir el término? Las causas del actual renacer del activismo ciudadano en la Isla tienen un innegable viso político desde el mismo momento en que se enfrentan –sea o no esa la intención– al monolítico poder de más de medio siglo de autoritarismo. Cada proyecto independiente –no importa si se trata de titiriteros, músicos, poetas, liberales, diletantes o socialistas “puros” – constituye un desafío al gobierno y, por eso mismo, tiene implícita una actitud “política”.

 

De cualquier manera, este Documento es otro paso positivo. No necesariamente todas las máquinas trabajan a la misma temperatura ni todos estamos obligados a asumir los mismos riesgos. En cuanto a mí, suscribo todo documento de denuncia contra cualquier atropello que se realice por parte del poder y sus agentes sobre los ciudadanos. No me importa si los denunciantes son de derechas, de izquierdas, de centro, religiosos, políticos o “apolíticos”, de adentro o de afuera, creyentes o ateos. Contra la censura en Cuba, yo firmo.