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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Son creíbles los medios de Cuba?

 

Roberto Álvarez Quiñones, Los Ángeles, en Diario de Cuba

 

La doctora Olga Rosa González, del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana (CESHEU), cometió hace unos días una de las mayores pifias por parte de un funcionario del régimen cuando declaró en una entrevista que si la emisora Radio TV Martí fuese "desfederalizada" y gestionada por una entidad privada, ganaría en credibilidad pues no sería ya un entidad del Gobierno de Estados Unidos.

 

La investigadora del think tank marxista-leninista afirmó que una emisora radial no operada directamente por el Gobierno de Washington "podría contratar a periodistas independientes que ya no serían pagados, oficialmente, por el Gobierno estadounidense sino por una entidad privada".

 

Agregó que con su privatización, Radio TV Martí "podría lograr un nivel de credibilidad importante ante sus públicos" y sus periodistas sentirían más libertad.

 

La burbuja política en que está inmersa la doctora González le impidió percatarse de que lo que hizo fue destacar que medios como Granma, Juventud Rebelde, la Televisión Nacional, Radio Habana-Cuba, y las restantes plataformas de comunicación en Cuba no tienen credibilidad precisamente por ser propiedad estatal y estar gestionadas directamente por el Gobierno y el Departamento Ideológico (DI) del Comité Central del Partido Comunista (PCC).

 

Al tocar el tema de los periodistas independientes, González puso sobre el tapete que, en la Isla, a los periodistas que no trabajan en los medios estatales (los independientes) se les apalea, hostiga y encarcela, y se les impide hacer su trabajo.

 

El de la doctora González es un error académico típico de sistemas totalitarios, donde a los ciudadanos, incluidos los académicos -acostumbrados a que la élite dictatorial piense por ellos y a no analizar con criterio propio las causas de la devastadora crisis nacional, ni la inviabilidad del sistema sociopolítico imperante-, se les adormecen las neuronas.

 

En Cuba la población es educada para obedecer sin rechistar las "orientaciones" del PCC y del Gobierno. Y hay aquí una diferencia clave: mientras la dictadura convencional de Fulgencio  Batista censuraba o clausuraba los medios opositores, el régimen totalitario de los Castro convirtió en propiedad del Estado a todos los medios de comunicación.

 

A partir de ahí, desde 1960 Fidel Castro utilizó la TV cubana, ya propiedad suya, y los demás medios, para lavarle el cerebro a la población con un discurso totalitario.

 

Cuba, líder en 1958

 

Aquella televisión cubana había sido la pionera de Latinoamérica y no por obra del gobierno de Carlos Prío, sino de los audaces empresarios Gaspar Pumarejo y Goar Mestre, quienes convirtieron a Cuba en el segundo país del mundo, tras Estados Unidos, en poseer una red nacional de televisión.

 

Los académicos de la Isla serían sancionados hoy si investigasen y revelasen lo que casi nadie sabe allí. Cuba era la nación de América Latina con más periódicos, revistas, y aparatos de TV per cápita; con un millón de radiorreceptores, era el octavo país del planeta en cantidad per cápita. Había decenas de diarios nacionales, 126 revistas semanales y 160 radioemisoras. Todos privados, contrataban a periodistas independientes, tal y como desea la doctora González que haga Radio Martí.

 

Es cierto que los medios de propiedad estatal pierden credibilidad al tener que ajustarse al perfil informativo de cada Gobierno -aunque en democracias hay mecanismos reguladores que se ocupan de las cuotas de objetividad e independencia-, pero resulta insólito que según el CESHEU, a los medios y periodistas que trabajan para el Gobierno de EEUU les falta la credibilidad que sí tienen quienes se emplean en los medios propiedad del Gobierno castrista. ¿Cuál lógica es esa?

 

Si los gobiernos de Nicolás Maduro, Evo Morales, Daniel Ortega, Rafael Correa o Dilma Rousseff, tuviesen radioemisoras lanzando un mensaje izquierdista y de propaganda favorable a La Habana, los académicos isleños, lejos de cuestionar su credibilidad, los elogiarían, como ensalzan a Radio Habana-Cuba, que invade el éter con loas al castrismo y ataques a Washington y el capitalismo.

 

Manipulación de la noticia

 

En Cuba no solo no hay libertad de prensa porque el Estado monopoliza los medios, sino que  cada medio manipula la información cotidianamente. No se basan en la regla de oro enunciada por José Martí de que "la palabra es para decir la verdad, no para ocultarla", sino en la cínica filosofía del estadounidense William James: "Solo es verdad lo que me es útil". Para los Castro y el PCC, si algo es verdad pero no conviene a la "revolución", es mentira y no se publica o difunde. Y si es mentira, o una verdad a medias, pero conveniente, se publica al instante sin remilgos acerca de su veracidad.

 

El ocultamiento de lo no conveniente y la manipulación de lo que se publica ya forma   parte del ADN del periodismo en Cuba. Esa antiética es lo normal. El redactor hace lo que le enseñaron en la universidad y le dicen sus jefes.

 

Si el presidente de una nación dice que se debe levantar el embargo a Cuba y expresa su deseo de que haya una apertura política en la Isla, además de libertad de expresión y que no se reprima a los opositores, los editores de los medios cubanos publican únicamente lo del embargo y suprimen olímpicamente todo lo demás.

 

En la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana había una asignatura llamada "Cable Internacional" -no sé si aún existe. En el examen, los profesores entregaban a los estudiantes despachos noticiosos de agencias de prensa internacionales, y les pedían redactarlos "correctamente". En la medida en que el alumno lo limpiara del "veneno capitalista", obtenía una mejor o peor calificación.

 

Y de la espantosa realidad cubana ni hablar. La versión edulcorada que ofrecen los medios oficiales es absurdamente ridícula. Un extranjero que compre Granma no va a tener ni la más mínima idea de lo que ocurre en el país.

 

Tampoco se cumple allí la regla universal de que de toda noticia hay que ofrecer todos los elementos y ángulos, y que con despolitizada objetividad hay que reflejar las dos caras de la moneda y no una sola. El PCC obliga a que solo se dé la cara favorable a la "revolución".

 

Ninguno de los directores de los más de 500 medios que hay en Cuba tiene autoridad para decidir nada medianamente importante. No pueden trazar la política editorial, ni publicar nada que no haya sido aprobado por el PCC, o no haya pasado por la férrea censura.

 

La censura no se ejerce con la presencia física de un censor, sino que cada periodista tiene trazada una raya imaginaria (autocensura) que no puede pasar si quiere seguir en la profesión. En todas las instancias territoriales del PCC hay funcionarios del DI encargados de que nadie pase esa raya. Y funciona igualmente para los corresponsales extranjeros.

 

Tras este bosquejo de los medios oficiales de comunicación en Cuba, cabe preguntarse: ¿son creíbles?

 

Moraleja: con tan frágil techo de cristal, los doctores y doctoras del CESHEU no deberían tirar piedras al vecino del Norte.