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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Si el modelo no sirve ¿qué esperar de la copia?

 

Dimas Castellanos, La Habana, en Diario de Cuba

 

La zafra vuelve a ser un desastre. Así será mientras la economía continúe subordinada a la ideología.

 

La capacidad de los criollos, conjuntamente con el efecto de la ocupación de La Habana por los ingleses y la revolución de Haití, en la segunda mitad del siglo XVIII, favorecieron la conversión de Cuba en potencia azucarera. Los hacendados de la Isla comprendieron la importancia de desarrollar rápidamente la agricultura antes de que Haití se rehabilitara. Había que mirar a la vecina isla, decía Francisco de Arango y Parreño, "no sólo con compasión, sino con ojos políticos". Como resultado, Cuba se convirtió en la principal productora y exportadora de azúcar del mundo.

 

La producción de azúcar, que en 1860 fue de 447 mil toneladas, alcanzó 1,4 millones en 1895, se elevó en 1919 por encima de los 4 millones, en 1925 alcanzó los 5,3 millones y en 1952 llegó a 7,2 millones de toneladas. En 1970, después de un colosal esfuerzo que dislocó toda la economía cubana, se produjeron 8,5 millones, para comenzar a descender hasta el año 2001, cuando la producción no rebasó los 3,5 millones de toneladas; cifra por debajo de lo alcanzado en 1919.

 

Para revertir el declive se designó al General de División Ulises Rosales del Toro al frente del Ministerio del Azúcar (MINAZ) y se emprendieron la Reestructuración de la Industria Azucarera y la Tarea Álvaro Reynoso. La primera dirigida a lograr un rendimiento industrial del 11% (extraer de cada 100 toneladas de caña 11 de azúcar) y la segunda para producir 54 toneladas de caña por hectárea (según la FAO el promedio mundial era de 63 toneladas).

 

Los resultado de ambos proyectos durante una década, en millones de toneladas, fueron: en 2002, 2,2 millones; en 2003, 2,1; en 2004, 2,52; en 2005, 1,3 (40% por debajo de la anterior); en los años 2006, 2007 y 2007 fueron similares al 2005; luego en 2009 subió ligeramente hasta 1,4 (la cifra alcanzada en 1895); y tocó fondo en el año 2010, cuando se produjeron solo 1,1 millones de toneladas. El promedio anual de ese decenio apenas sobrepasó los 1,8 millones. Luego, la zafra de 2011 quedó por debajo de 1,3 millones de toneladas.

 

En respuesta a los fracasos, el MINAZ fue remplazado por el monopolio estatal AZCUBA, entidad que, teniendo en cuenta dos de los factores que incidieron fuertemente en las reducidas producciones, para la zafra de 2012 sembró suficiente caña y logró contar, desde el inicio de la contienda, con la casi totalidad de los recursos contratados. Sin embargo, esta vez tampoco se pudo cumplir un plan de 1, 45 millones de toneladas, ni se terminó en la fecha planificada.

 

Finalmente, en diciembre de 2012, al iniciarse la presente zafra, AZCUBA, haciendo uso de la experiencia acumulada, se propuso producir 1,7 millones de toneladas de azúcar (20% mayor que la cosecha anterior) y anunció que la mayoría de las fábricas cerrarían antes del mes de mayo, para evitar el efecto negativo del calor y las lluvias de ese mes que deterioran la calidad de la caña.

 

Las dificultades asomaron temprano. A principios de febrero ya se contaba con un atraso productivo de 7,8 por ciento. A mediados del mes de marzo la prensa oficial comentó que la mayoría de las 13 provincias productoras del dulce tendrían que seguir moliendo después de la fecha fijada para poder alcanzar los 1,7 millones de toneladas. En las postrimerías de marzo el atraso productivo alcanzaba el 18%. A principio de abril, debido al insuficiente abasto de caña, el país estaba moliendo al 65% de la norma potencial. Así se inició mayo con el cumplimiento de dos de las 13 provincias azucareras, Cienfuegos y Artemisa aproximadamente al 90% de sus planes y Matanzas con un atraso de algo más de 30 mil toneladas de azúcar, mientras Villa Clara, Santiago de Cuba, Holguín, Las Tunas, Granma y Mayabeque, estaban moliendo por debajo del 60% de la norma potencial. Al concluir mayo se supo que Camagüey, una de las provincias que se esperaba cumpliera el plan, se quedó por debajo. Ahora, a principios de junio, Azcuba anuncia que la zafra quedó a un 11 por ciento por debajo del previsto.

 

El central Uruguay, en Sancti Spiritus -que en los últimos seis años cumplió su plan técnico-económico-, produjo 8 mil toneladas más que en la anterior zafra y logró el rendimiento industrial acumulado más alto del país (11,95); así, no constituye la regla, sino la excepción.

 

En resumen, el cambios de dirigentes, la Reestructuración de la Industria Azucarera, la Tarea Álvaro Reynoso, el cierre de unas 100 fábricas de azúcar, la redistribución para otros cultivos de un alto por ciento de las tierras destinadas a las plantaciones de caña, la sustitución del MINAZ por AZCUBA y un variado paquete de medidas económicas y estructurales, no han logrado alcanzar la cantidad de caña por hectárea ni el rendimiento industrial planificados.

 

La zafra de 2013 adoleció de los mismos problemas anteriores: arrancadas tardías, insuficiente abasto de caña, bajos rendimientos agrícolas e industriales, problemas de transporte, deficiente mantenimiento y roturas en la industria, mala calidad de las reparaciones de la maquinaría agrícola, envejecimiento de la materia prima, falta de piezas de repuesto, baja calificación del personal, incapacidad administrativa y elevado costo de producción por tonelada, entre otros factores.

 

Aunque el popular tango de Carlos Gardel y Alfredo Lepera dice que veinte años no es nada, en materia económica sí son suficientes para desechar el modelo empleado, que obsoleto o actualizado, sencillamente no funciona y no puede funcionar porque la economía continúa subordinada a la ideología, al predominio de la propiedad estatal y a una planificación que no guarda ninguna relación con la realidad, tal y como se copió del modelo soviético.

 

Se trata de una situación similar a la existente en Cuba a fines del siglo XVIII, cuando las soluciones que planteaba España ya no respondían a los cambios ocurridos en la Isla, lo que motivó a Francisco de Arango y Parreño a expresar aquella frase lapidaria: "si el modelo no sirve, ¿qué se puede esperar de la copia?"