Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Secretismo a voces

 

Esteban Gutiérrez, La Habana, en Cubaencuentro

 

Una de las campañas “nuevas” del gobierno de Raúl Castro es la lucha contra lo que han dado en llamar “el secretismo”. Quien escuchó por la televisión algunas de las sesiones del recientemente celebrado Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) podría pensar que “ahora sí”, una vez más, las cosas iban a cambiar con relación a la prensa cubana. Raúl Castro se ha “desayunado” -y no con el vasito de leche prometido en 2006- conque hay muchísimos problemas de indisciplina social, económica, política y moral. Y recitó un rosario de lamentables conductas que se observan con preocupación por el gobierno. Y no sin razón. Contra eso, la prensa oficial tiene permiso para arremeter con fuerza y no poca audacia. Talía González, una de las autorizadas periodistas para ejercer la crítica televisiva comenzó ya hace unas semanas con una serie de reportajes sobre temas económicos. Ahora hay una nueva sección en el Noticiero Nacional de TV, “Cuba dice”, donde ya se han tocado temas escabrosos, uno de ellos, el de los albergados. En una Mesa Redonda el pasado sábado 14 de septiembre, se abordó el tema del alcoholismo y posteriormente el fraude generalizado en las escuelas. Es una avalancha de críticas pero todo queda en la superficie.

 

Recuerdo que en 1984, en una de las tantas campañas iniciadas y luego censuradas, el Comandante decidió empezar una cruzada que llamó “rectificación de errores y tendencias negativas”. Y la prensa recibió el permiso de expresarse con “libertad” contra todas las cosas mal hechas. Recuerdo en Granma la crítica a una panadería que confeccionaba cakes para entregar el Día de las Madres (¡ah, qué tiempos aquellos en que “daban” un cake por núcleo familiar! En todas las casas cubanas se comía el mismo cake, pero era a un precio asequible, en moneda nacional. Ahora no todos los hijos pueden disponer de 6 CUC, o sea, 144 pesos, el 36 % del salario de un economista, por ejemplo, para regalarle a su mamá un cake de peor calidad que aquellos. Pero bueno…). En el cake encontraron un intruso indeseado: ¡un ratón! Y así, muchas críticas. Siempre, cíclicamente, se abre la llavecita, la gente se desahoga pero hay un momento en que hay que cerrarla porque es una vergüenza que estén pasando tantas cosas malas en un país donde, se suponía, iba a florecer la cultura, la educación y la felicidad de todos sus hijos.

 

Recuerdo también en 1991, a partir del famoso “Llamamiento al IV Congreso del PCC”, en el que se le pidió a la gente que hablara “con la lengua suelta”. Imagínense la época: Período Especial, derrumbe del campo socialista, “desmerengamiento” de la URSS, ¡lo que se empezó a publicar en aquella revistica soviética que costaba cinco centavos, Novedades de Moscú, eran sacrilegios! Hubo que aclararle “al pueblo en general” que se podía criticar pero no de todo. Había tres temas sagrados: el liderazgo histórico de los dirigentes, el partido único y el socialismo como exclusiva opción posible. Se acabaron las críticas. Y así, campañitas van, campañitas vienen. Pero, en mi modesta opinión, “el cuartico está (casi) igualito” y esta película ya muchos la vimos. Por ejemplo, todavía se escuchaba el eco de la voz del General Presidente y de su Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Díaz Canel, reclamando el fin del secretismo; todavía no se habían cerrado las puertas del Palacio de Convenciones y nuestros periodistas no habían podido sentarse a digerir todos los nuevos permisos que se les habían concedido, cuando comenzó a circular por los correos electrónicos y los canales de televisión clandestinos la noticia del barco norcoreano atrapado en Panamá, con azúcar, cohetes, granadas, y no se sabe cuántas cosas más, procedente de Cuba con destino a la República Popular Democrática de Corea. “¿Qué hacemos?”, habrán pensado muchos periodistas, “¿qué se hace con esta papa caliente?”. La respuesta no tuvieron que esperarla ni recibirla, ellos la sabían desde el principio: nada. En ningún medio de prensa oficial se hubiera podido publicar un artículo donde, aunque fuese muy tímidamente, algún periodista preguntara lo que todo los cubanos se estaban preguntando (los que habían podido tener acceso a la noticia. Después, la información oficial publicada en Granma, tampoco aclaró mucho): ¿por qué rayos desde Cuba tuvo que salir un barco con armas escondidas bajo sacos de azúcar para Corea del Norte?, ¿por qué unas armas obsoletas, fabricadas en la antigua URSS tenían que irse a reparar a Corea del Norte, que no las fabricó?, ¿por qué no se repararon aquí, donde según dicen, hay posibilidades de hacerlo?, ¿es con un armamento obsoleto con el que Cuba piensa enfrentar algún tipo de agresión por parte del imperio yanqui?, ¿a quién se le ocurrió la peregrina idea de hacer algo tan burdo y torpe? No, ningún periodista pudo escribir nada de eso.

 

El sábado 12 se realizó un acto en la Tribuna Antiimperialista o “protestódromo”, como se le conoce popularmente, con motivo de cumplirse quince años de la captura de los agentes de la Seguridad del Estado cubanos que formaban parte de la conocida Red Avispa. Fue un acto muy promocionado. El gobierno cubano se ha gastado miles de miles de dólares en divulgar el “injusto encierro” de los cinco espías, hay comités de solidaridad en todo el mundo y en la televisión y en la prensa plana todos los días se habla de “los héroes”. Es una cantaleta interminable que durará muchos años pues uno de ellos está condenado, nada más y nada menos, que a dos cadenas perpetuas. La “causa de los 5” se ha convertido en un verdadero culebrón mediático y ha logrado sensibilizar a una parte importante y mayoritaria de este pueblo, que solo tiene acceso a lo que la prensa oficial y única existente en el país les dice y repite hasta el cansancio. Entonces, muchos cubanos se sentaron frente al televisor a ver en qué iba a consistir el acto. Frente a mi casa estuvieron pasando toda la tarde guaguas llenas de jóvenes que habían sido movilizados para asistir a la Tribuna Antiimperialista y reclamar, con su vigor y alegría juvenil, el regreso a casa de los ex agentes presos. O, al menos, eso era lo que yo y muchos pensábamos. Lo que pasó en aquel lugar no se puede describir porque no tenía ni pies ni cabeza. Consistió en la reunión más desconcertante e incoherente de grupos musicales y cantantes que se haya visto nunca. Por ahí pasó todo el mundo, trovadores, salseros, reguetoneros, declamadores, una verdadera caldosa musical. El audio era pésimo y los cantantes en ocasiones ni se oían, pero eso parecía no importarle a nadie. Fue un gasto de dinero, de recursos, de electricidad enormes, cuatro horas oyendo ruido. Toda aquella multitud estaba muy alegre, era una verdadera pachanga, un auténtico “fetecún”, ¿celebrando qué?, ¿el encarcelamiento de esos cuatro agentes? ¿Entonces todo eso del injusto encierro, de la separación de las familias, no es algo triste sino alegre? Nadie entendía nada. Para colmo de males algunos jóvenes irreverentes aprovecharon el “protestódromo” para… protestar. Un grupo que se llama El Adversario, arremetió contra una serie de males sociales, entre ellos, si no escuché mal, el abuso a menores. Pero el que puso la tapa al pomo fue Robertico Carcassés que sorprendió a todos planteando, en vivo y en directo, y en un acto de grandes connotaciones políticas, una serie de demandas y cuestionamientos delante de Díaz Canel, de Abel Prieto, del espía René y de todos los familiares de los famosos “cinco”. ¿Y la prensa nacional, ¿ha dicho algo? ¿Ha aparecido alguna nota crítica de, digamos, la calidad del audio, para no meterse en otro tipo de honduras? ¿Ha habido algún tipo de reseña sobre el lamentable espectáculo musical que se trasmitió por el principal canal de la televisión, en horario estelar, sacrificando la programación habitual de la novela de turno? Tampoco. No pueden hacerlo, esa crítica no está dentro de las autorizadas. Que critiquen los precios del agro, la suciedad de las calles, la indisciplina social, ese tipo de cosas, sí. ¿Algo político?, ¿un cuestionamiento profundo, incluso, de las causas de esas indisciplinas sociales, de la estafa, de la corrupción extendida a todos los niveles, de la chabacanería y la mala educación? Tampoco. ¿Por qué no se habla del robo y la corrupción existente en las altas esferas del gobierno?, ¿por qué eso solo se trasmite en videítos a puertas cerradas? Esos sí son ladrones, millones y millones de dólares han “volado” desde las sacrosantas oficinas del Historiador de la Ciudad, se rumora. ¿Quiénes fueron?, ¿cómo se permitió? ¿Qué fue lo que pasó realmente con Alarcón?, ¿por qué cayó en desgracia?, ¿dónde se metieron su “segundo al mando” y su mujer? Misterio, misterio.

 

Fidel Castro sabía muy bien el valor y la importancia de la prensa para movilizar ideas y estados de opinión y desde el mismo 59 comenzó a “chapear bajito”. Fue en el 61, con sus tristemente célebres “Palabras a los intelectuales”, cuando logró, parafraseando un poema de Lezama, “su definición mejor”: “dentro de la Revolución todo, contra la Revolución, nada”. Los límites los puso él y así han seguido hasta el sol de hoy. El control absoluto sobre los medios de información en un país donde no existen ni existirán por muchos años las ventajas indudables que ha traído la electrónica, la computación y la telefonía celular para el libre flujo de las noticias y de la información, le permite al gobierno mantener al pueblo totalmente desinformado y manipulado por su propaganda. Lo más “audaz” que se ve y escucha en estos momentos es, créanlo o no, Telesur, aunque sabemos muy bien de “la pata que cojea”. Raúl Castro, si algo ha demostrado, es su lealtad absoluta e incondicional a su hermano, aparte de ser un fiel seguidor de estos “principios” con relación a lo que se le debe decir o no al ilustrado y cultísimo, según ellos, hombre nuevo que quisieron formar. Recuerdo aquel discurso que todavía debe provocarle pesadillas, el 14 de junio de 1989, cuando se salió del texto que tenía escrito y comenzó a decir disparates e incoherencias contra Ochoa. En medio de aquello, en vivo y en directo, igualito que Robertico Carcassés, de pronto, dijo: “pero lo que saldrá mañana en la prensa es esto que tengo en la mano”. Ya eso fue el colmo de los colmos. Y así mismitico fue. Al otro día, los que no habían escuchado su intervención y fueron a Granma, “que nunca miente”, lo que encontraron fue el discurso escrito que jamás leyó.

 

Estaba terminando de escribir estas notas cuando supe dos noticias que, en apariencia, no están relacionadas entre sí ni con el tema de este artículo, pero sí lo están, y mucho. La Conferencia Episcopal ha repartido en las Iglesias, según noticias que circulan por el correo electrónico, una Carta Pastoral titulada “La Esperanza no defrauda”, donde  se reclama “que se escuchen voces que no sean las que estén afiliadas en una línea o en una orientación oficial estricta” y piden reformas políticas democráticas que acompañen los cambios económicos iniciados. Hace justamente veinte años, los obispos católicos de  Cuba se atrevieron a manifestar, en una pastoral leída y repartida en las Iglesias, su preocupación por la situación moral y económica del país. En aquella oportunidad la prensa oficial, la única, arremetió contra ellos de forma brutal. En Granma, el 30 de septiembre de 1993, Félix Pita Astudillo, publicó un ofensivo artículo titulado “Arsénico y encajes” en el que, entre otros muchos insultos, afirmaba: “parapetados en una prosa anfibia (…) los Ilustrísimos once se sueltan la trenza con un manifiesto político contrarrevolucionario, que llama al desarme moral, a la desmovilización de los revolucionarios y a la constitución de un mundo a imagen y semejanza de ese magro cabildo episcopal” (todo el mundo conoce en Cuba las implicaciones homofóbicas que tiene la expresión “soltarse la trenza”). Esperemos que “20 años sí sean mucho” y que la respuesta gubernamental esta vez sea receptiva e inclusiva.

 

La otra información a la que me refiero fue leída en la sección cultural del Noticiero de Televisión del mediodía: la tristísima noticia de la muerte del cineasta Daniel Díaz Torres. En la relación que leyeron de su extensa filmografía no se mencionó, por supuesto, el título de su polémica película Alicia en el pueblo de Maravillas, una sátira política realizada en 1991, justo en los tiempos del “Llamamiento al IV Congreso del PCC”, en el que se pedía que se criticara todo lo mal hecho y que todo el pueblo se expresara con entera libertad. Lo que le vino arriba a Danielito fue mucho. Los que habíamos pensado que la época de los actos de repudio había quedado atrás como el recuerdo de una terrible pesadilla, nos espantamos. Se citó a militantes de la Juventud Comunista y del Partido para que asistieran a las funciones del filme y lo repudiaran, con “viril indignación revolucionaria”. Los movilizados se pasaban la tarde y la noche en el cine y se les garantizó almuerzo y merienda en cajitas repartidas a todos para la ocasión. Si usted estuvo en una de esas funciones recordará, perfectamente, que aquello daba miedo. Hay muchos cubanos que no saben esta historia. No saben que el joven que fue Daniel Díaz Torres hizo una película que podría calificarse  de contestataria, incómoda, muy incómoda, para el gobierno. Ojalá que cuando se escriba sobre él, sobre su fructífera vida como cineasta, como profesor, como crítico de cine, se mencione Alicia en el pueblo de Maravillas y de todo lo que pasó, y que los periodistas de hoy puedan expresarse con la libertad que no tuvieron en aquellos años y que no han tenido nunca.

 

Y es que el problema de la prensa no se podrá resolver ni habrá un verdadero debate de ideas en este país mientras exista un solo partido, mientras solo pueda escucharse una voz, mientras existan límites a la libertad de expresión, y mientras ese monopolio sea propiedad absoluto del gobierno, que es el único realmente libre. El derecho a la libertad de expresión es un derecho humano tan necesario como el derecho a la vida, a la educación, a la salud. Los derechos no se conceden o dosifican. En nuestro país, como sucedió en la ex Unión Soviética y en los países del ex campo socialista, por mecanismos siniestros de represión y muy complejos de analizar en pocas palabras, se les ha inculcado a las personas el miedo a expresarse con libertad y a reclamar esos derechos. Ese temor se ha ido perdiendo, lentamente, aunque todavía falta mucho camino por recorrer. Pero el mundo ha cambiado y este país también está cambiando. En Los idus de marzo (para no citar a Martí, que tantas veces y tan bien lo dijo), dice Thornton Wilder a través de uno de los personajes del libro: “La represión de la carne es amarga, pero la del espíritu es todavía peor. El pensamiento y los actos de quienes despiertan a la conciencia de haber sido engañados son penosos para ellos mismos y peligrosos para los demás”. Y unos párrafos después, refiriéndose a los jóvenes: “se les despojó del conocimiento que más atrae a las mentes juveniles: que el logro supremo de la vida reside en el ejercicio de la libre elección”.

 

Ojalá que el gobierno escuche y no posponga por más tiempo esos cambios políticos que tantos están pidiendo. De no hacerlo, solo lograría postergar el bienestar y la felicidad de un pueblo que ya ha esperado y aguantado demasiado. Y eso, como ya lo dijo el escritor norteamericano, puede ser peligroso.