Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Se mueve el piso

 

Américo Martín, en El Nuevo Herald

 

“Que el gato sea blanco o pardo, no importa, lo que importa es que cace ratones”

 

Den Xiaoping

 

“Los hombres que se han envanecido de haber hecho una revolución han comprendido que no sabían lo que hacían, que la revolución acabada no se parecía en nada a la que ellos querían hacer”

 

Carlos Marx

 

UNO. En un libro aún cautivo en la editorial, que he titulado Huracán sobre el Caribe, me esmero en demostrar o intentar hacerlo, que las tendencias básicas de la realidad cubana siguen su marcha, no importa cuánto bailen, griten o se arrastren sobre su piel los dueños del teatro. Si en alguna parte se evidencia una honda contradicción entre lo que aparece a la vista y los hechos cada vez más irreductibles, es en esta isla de fuerzas subyacentes cabalgando sobre un modelo “que ya no le sirve ni a los cubanos”.

 

Las resoluciones del VI Congreso del PCC fueron reveladoras por lo que dijeron y sobre todo por lo que, si bien sugirieron, dejaron en el limbo. Creo sin embargo, que ya es posible dar por demostrado lo siguiente:

 

El modelo castrista no da más. No puede sobrevivir sin acercarse a las fuentes principales de capital y tecnología. Sin inversiones foráneas que la fertilicen la economía cubana no tiene la menor esperanza de recuperarse, y las pomposas relaciones con Venezuela lo encubren malamente.

 

Raúl bracea contra la corriente haciendo un titánico cuan frustrante esfuerzo para establecer un mercado más o menos eficiente que reactive capacidades productivas y dinamice la empantanada economía. Ha descubierto que no habrá progresos sin cambio del modelo. Comprende que sin masivas inversiones foráneas (incluyendo –subrayo– las de los exitosos cubanos de la diáspora) todo se irá al diablo. Mide la importancia de suscribir TLCs con EEUU, cuando menos similares a los de Chile, México, el SICA-RD, a la luz de resultados que le saltan a la cara.

 

A título de ejemplo, Chile y México han incrementado poderosamente sus exportaciones sin perder un ápice de independencia. Lo interesante es que el beneficio es recíproco: también, contra ciertos prejuicios, EEUU aumentó sus exportaciones y no perdió empleos. Fidel no cabe en ese esquema. Su poder es simbólico, un jarrón chino, como suele decirse.

 

Es dificilísimo, aunque sea un paso en la dirección correcta, absorber la inmensa masa de despedidos a través de un sector privado tan endeble como el que ha autorizado el gobierno.

 

La combinación de medidas de mercado y gobierno militarizado y represivo, conforme a lo ocurrido en China, va a eclosionar. En el VI Congreso cinco de los seis generales de cuerpo de ejército (GCE) que hay en Cuba ingresaron al Buró Político. El general Quinta Solá, único que no entró, tampoco quedó en el aire: fue nombrado viceministro primero de las FAR, a la orden del ministro GCE Julio Casas Regueiro, tan raulista como Quinta Solá. Raúl desea que la apertura que trata de imponer esté protegida frente a desbordes e impaciencias. Quiere organizar el tránsito hacia el socialismo de mercado, acompañándolo con mano de hierro. Ni más ni menos China. Pero en Cuba eso no funcionará.

 

DOS. Leo en Analítica.com un nuevo artículo del internacionalista e historiador del Partido Comunista de Cuba, Pedro Campos Santos. Es un escrito de franqueza diamantina. Refuerza Campos una idea que con otras figuras del comunismo cubano viene proponiendo y es la del socialismo democrático basado en el diálogo con “todos los sectores”. Expresa este hombre su interés por la iniciativa del empresario cubano-americano Carlos Saladrigas, quien propone negociar la posible participación de capitales del exilio en el proyecto de “actualización” del modelo económico al que se enrumba el poder cubano, notoriamente a partir del VI Congreso. Atención: obsérvese que las respuestas públicas del oficialismo a lo ofertado por Saladrigas han sido tolerantes, no dadas a la confrontación.

 

Campos asegura que por su condición de funcionario internacional trató a “conciudadanos” (no gusanos) de todas las tendencias incluidas las de “la llamada” extrema derecha” y encontró en ellas un fuerte sentimiento de “nacionalidad”. No dice “patriótico”, licencia tal vez prematura, pero ya es interesante lo que concede. El lenguaje, cuidadoso, se desplaza en puntas de pie por un camino indio de brasas encendidas. Aquellos “conciudadanos” propugnan estrechas relaciones con la potencia norteña, pero el punto es que en el gobierno cubano abundan los que piensan lo mismo.

 

Campos Santos es militante. Mora y trabaja en Cuba. Con otros “cuadros” envió al VI Congreso sus reflexiones acerca de socialismo y reconciliación. No fueron aprobadas; no había condiciones para que lo fueran, pero lo importante es que tampoco fueron rechazadas.

 

Están allí, bailando el son con una raigambre muy superior a la de esa fiesta ruidosa protagonizada por dos célebres enfermos a quienes el futuro político no se les da muy bien.