Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Reseñas y olvidos voluntarios

 

Raúl Rivero, en El Nuevo Herald

 

Madrid – Las golpizas a las Damas de Blanco, los arrestos masivos de opositores pacíficos, los asaltos a viviendas, los mítines de repudio y la represión generalizada contra los demócratas cubanos, se han integrado de una manera vejatoria y terrible al paisaje cotidiano de la vida de la sociedad en la isla.

 

Esos episodios violentos y denigrantes, organizados con severidad, disciplina y constancia por la dictadura, son, desde luego, silenciados por los panfletos oficiales del gobierno. Y no caben en los encuadres de las cámaras de los corresponsales extranjeros, ni tiene espacios en las notas escritas por quienes, según establecen los códigos elementales de la profesión periodística, están acreditados en una territorio para cubrir las noticias y los acontecimientos relevantes del país. De todo el país.

 

Así las cosas, las palizas, las persecuciones, escándalos, insultos y acosos que se producen todos los domingos en las puertas de la iglesias, lo mismo en La Habana, Matanzas que en Santiago de Cuba, es materia única y exclusiva del periodismo independiente y de la habilidad de las víctimas de los ataques policiales que consiguen hacer algunas fotos o envían mensaje al exterior con leves reseñas de los hechos.

 

Una situación similar se produce con los opositores cuando son apresados (un promedio de 400 al mes) y conducidos por los agentes a los calabozos o a lugares retirados, lejos de los centros urbanos, para sacarlos de circulación y alejarlos de los puntos de protestas o de manifestaciones públicas.

 

Sólo los corresponsales libres y personas allegadas dan cuenta de esas detenciones que, a juicio de algunos líderes de la oposición, se producen cada día -por orden directa de altas esferas del gobierno- con mayor agresividad y mayor uso de fuerza por parte de la policía y sus ayudantías paramilitares.

 

El relato de la represión, las escenas violentas con hombres y mujeres heridos, hallan espacios entonces, con algunas excepciones, sólo en las páginas de los grupos de exiliados y las de amigos verdaderos que siguen con atención y sensibilidad el día a día de lo que pasa en Cuba.

 

Es más excitante reportar que, gracias a la condescendencia estatal, ya los dueños de timbiriches privados podrán vender marejadas de años y mojitos que contar como le partieron la cabeza a un activista en Santa Clara o relatar cuántos policías metieron a empujones y trastazos en un carro a una Dama de Blanco.

 

La mayoría de los medios que se interesan en el tema cubano pasan por alto el trabajo de la oposición, el del periodismo sin mandato y la represión que se ejerce sobre ellos todos los días. Esas escenas son ya una parte, la más espantosa y oscura, del esquema de la normalidad de la existencia bajo un régimen totalitario.