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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Regresa a La Habana el bistec de Toronja

 

Mario Hechavarría Driggs, Misceláneas de Cuba

 

Cómo en un episodio televisivo de ¿créalo o no lo crea?, el bistec elaborado con cáscaras de Toronjas o peor aún con Frazadas de Piso, regresó a la capital cubana, según noticias filtradas tras una inspección realizada por las autoridades de Salud Pública y el Poder Popular en una cafetería llamada “Las Delicias”, ubicada en la calle Puerta Cerrada del barrio de Jesús María en la Habana Vieja.

 

La noticia debió ser una desagradable sorpresa para muchos vecinos, no todos, porque de algún lugar salió el “chivatazo”, sumándose el beneplácito de los dueños de la pequeña cafetería y otros cómplices en la aventura, aquí incluida dentro de un ámbito inabarcable, marcado por la frase “estamos luchando”.

 

“Luchar” es cualquier cosa fuera de la ley, sin importar cuánto afecta a la salud, la economía estatal, el bolsillo de los semejantes o la propia moral, como sucede con las chicas dedicadas a la prostitución, que simplemente repiten “estamos luchando.”

 

De prácticas fraudulentas relacionadas con la venta de productos alimenticios, tenemos un largo historial, iniciado en la década del noventa del pasado siglo, cuando empezó el llamado “Período Especial”. La escasez de aceite era suplida con manteca de coco; el aglutinante industrial para cuajar los helados se sustituía con la maicena. Recuerdo la sopa de gallo (agua con azúcar prieta), la cáscara de huevo molida en el arroz (arroz vikingo) y el refresco supuestamente gaseado, utilizando el compresor de una ponchera que suministraba aire al líquido. Se perdieron los gatos en la Habana y robaron un avestruz del zoológico.

 

El combate por la vida ha llegado a extremos tales que he visto cargar un botellón de oxígeno de la terapia de un hospital cercano, para utilizar el gas en la venta de cerveza dispensada, sin el menor escrúpulo por parte de todos los irresponsables involucrados ante la urgencia de este servicio médico.

 

Recordando los extremos nefastos, se vendieron pizzas napolitanas cubiertas con películas sintéticas provenientes de los condones o preservativos a la manera del habitual del queso derretido. No exagero, pregunten a los habaneros. Por no hablar de los fallecidos por la ingestión de alcohol metílico o alcohol de madera.

 

Pensamos que tales prácticas, dañinas a la salud y ofensivas a toda la sociedad, estaban definitivamente suprimidas, pero nada de eso, han regresado, como se comprobó en la citada inspección a la cafetería con el paradójico nombre de Las Delicias.

 

Un extremo de otra naturaleza ocurrió cuando el célebre Bistec de Toronja, popularmente llamado Bistorón, fue presentado en una competencia oficial de técnicas culinarias, aplaudido con la consideración de constituir una muestra del ingenio de los patriotas cocineros ante el persistente bloqueo yanqui, agravado por la traición de los comunistas soviéticos al socialismo.

 

Al menos el flamante Bistorón, algo así como Cascos de Toronja salados y empanizados, en vez de los tradicionales hechos dulces, es un plato inofensivo para el estómago, clasificando en la categoría de estafa al consumidor.

 

Otra cosa es tomar una vieja frazada de piso, aprovechando su textura, hasta cierto punto similar a la de una carne fibrosa, realizando no me imagino cuántas maravillas de camuflaje, para finalmente, con cierto adobo de ajo, cebollas y salsa, terminar por presentárnosla dentro de un pan, convertida en una “auténtica delicia”.

 

Como se sabe, la ofensiva gubernamental contra la corrupción está poniendo en aprietos a los trabajadores por cuenta propia, al privarles de muchas vías habituales donde adquirir las materias primas utilizadas para elaborar sus alimentos. Generalmente las fuentes están en los almacenes estatales, por el momento mejor custodiados, con sus cuidadores en estado de alerta máxima.

 

Lo normal en Cuba es esperar a que “baje la ola”, es decir, que las ocupadas autoridades inspectoras pasen a otras esferas, facilitando de nuevo el desvío de los recursos que demanda la gastronomía privada. Por el momento, si los actuales operativos continúan, no será extraño descubrir nuevos inventos capaces de superar en imaginación y astucia a estos Bistec de frazada de piso, ahora redescubiertos cuando los creíamos desaparecidos para siempre.