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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Redactores de cartas lucran con la crisis de la educación en Cuba

 

No son pocos los graduados universitarios con faltas de ortografía elementales, que no saben redactar una carta o llenar un documento oficial

 

Iván García, Especial para Diario Las Américas

 

En una jornada promedio, Reinerio, de 69 años, toma los datos a más de seis ciudadanos que llevan horas haciendo colas en la Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba (SINA), un edificio de hormigón y ventanales de cristales colindante con el Malecón habanero.

 

Después, pasa los datos a la planilla consular exigida para los trámites migratorios. Por cada una, Reinerio cobra 20 cuc, el salario mensual de un profesional en la isla.

 

“Es un excelente negocio. La mayoría de los cubanos no tienen computadoras ni impresoras en sus casas. Tampoco abundan los que saben redactar cartas y documentos legales sin faltas de ortografía, que dominen la sintaxis y tengan una letra legible”, relata Reinerio.

 

Personas como él no solo se localizan por las cercanías de la SINA, también por los alrededores de los consulados de España y México. Tienen licencia como trabajadores particulares y pagan impuestos.

 

“Un buen redactor de cartas y documentos, en un mes puede ganar 600 pesos convertibles”, confiesa Reinerio.

 

A pesar de que Fidel Castro siempre se enorgulleció de tener una educación pública gratuita, que estadísticamente se codeaba con las del primer mundo, la calidad de la formación tenía -y tiene- serias lagunas.

 

No son pocos los graduados universitarios con faltas de ortografía elementales, que no saben redactar una carta o llenar un documento oficial. Antes de 1961, año en que se erradicó el analfabetismo, numerosos cubanos tenían que firmar poniendo sus huellas dactilares. Ahora, hasta el menos preparado, sabe leer y estampar su firma.

 

Felicia, maestra jubilada, dice que otra dificultad es la letra ilegible de muchos. “Ya se sabe que los médicos suelen tener una letra horrible, irreconocible. Pero debido a métodos erróneos en los grados primarios, además de errores ortográficos, los alumnos tienen una letra pésima. Antes de 1959, en Cuba se utilizaba el método Palmer [creado a fines del siglo XIX por Austin Norman Palmer, fue el sistema de escritura más popular en Estados Unidos y países del continente americano donde se implantó], que contribuía a que los estudiantes tuviesen una buena caligrafía. Igualmente se enseñaba a redactar cartas personales y oficiales, facturas comerciales y presupuestos domésticos”, apunta la maestra jubilada.

 

Ese déficit a la hora de elaborar misivas y documentos no solo es un negocio lucrativo en las inmediaciones de los consulados. En las prisiones también resulta rentable.

 

Según datos de organizaciones de derechos humanos, en la isla hay 200 cárceles y unos 60 mil reclusos, aunque los estimados han oscilado en ocasiones entre 80.000 y 100.000. El Gobierno cubano reconoce la existencia de 57 mil reclusos. divididos en cinco prisiones de máxima seguridad, 40 normales y 155 centros de reclutamiento.

 

Cuba es la sexta nación del planeta en población penal por número de habitantes.

 

Dentro de las prisiones existen reclusos que se han especializados en la redacción de cartas y escritos para abogados o bufetes jurídicos. Trabajan a destajo. Miguel cumplió una sanción de siete años por delitos de cuello blanco.

 

“Los primeros días el miedo me sobrecogía. Presos de la peor calaña, violentos y con escasa preparación. Me preguntaba, ¿cómo voy a sobrevivir?”, recuerda Miguel.

 

Un viejo presidario le dijo que aprovechara su buena letra y educación y se dedicara a escribir. Miguel siguió su consejo. Por cada texto redactado le pagaban 10 cajas de cigarros, dos paquetes de refresco instantáneo o una merienda fuerte.

 

“Si eran textos extensos o tenían argumentos jurídicos, me daban ropa, varias libras de azúcar prieta y dinero. Escribí cartas de amor y poemas a novias, amantes y esposas de infinidad de presos y documentos de apelación a los tribunales. Gracias a esto, pude pasar esos años sin mayores problemas. Me respetaban, yo era su pluma”, cuenta el ex prisionero. Y es que en Cuba, menos con la muerte, se puede lucrar con casi todo.