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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Raúl Castro y la contagiosa dictadura bipolar

 

Una conducta con gobiernos extranjeros, otra con los cubanos

 

Eugenio Yáñez, en Cubaencuentro

 

La actuación bipolar de la dictadura cubana no es algo nuevo, pero desde el 17 de diciembre del 2014, y sobre todo después de la Cumbre de Las Américas en Panamá, es más evidente, tanto para los gobiernos extranjeros como para los cubanos.

 

Allí vimos actuaciones diferentes al mismo tiempo: el “civilizado” y “pragmático” Raúl Castro reuniéndose con el Presidente Obama y exonerándolo de todas las culpas del “imperialismo” contra la llamada revolución cubana, o aceptando que el régimen, ciertamente, realizó acciones “de solidaridad” que pudieran considerarse “terrorismo”, mientras un mediocre asesor suyo organizaba escándalos, mítines de repudio y sabotaje a las sesiones de los foros paralelos a la Cumbre, acusando a los opositores cubanos de asalariados de ese “imperialismo” del que Raúl Castro decía que Obama no era culpable. En otra dimensión, gorilas de la Embajada cubana y morralla local panameña atacaban y golpeaban a exiliados en EEUU y un matrimonio de opositores llevados desde Cuba, por colocar flores en el busto de José Martí en el parque Belisario Porras, donde todo terminó en riña tumultuaria, con los exiliados y opositores llevando la peor parte.

 

Lo verdaderamente peculiar de esas acciones es que todas, absolutamente todas, tienen que haber sido autorizadas por la dictadura. La Habana preparó a sus rompe-huesos en la Embajada, y envío nutrida turba de “sociedad civil revolucionaria” -dijo un energúmeno castrista- de más de cien personas, para acallar la verdadera sociedad civil independiente cubana que participaría en foros paralelos. Dije energúmeno a quien mencionó “sociedad civil revolucionaria”, aunque es mayoral de rebaño intelectual en Cuba, porque justifica esos bochornosos procederes creyendo que otros no tienen derecho a opiniones diferentes a la suya -la del régimen; él no tiene opinión propia. Si a quienes la tienen, en pleno siglo 21, los llama mercenarios, decirle energúmeno podría ser poco.

 

Mientras el mundo se embelesaba con las noticias de Panamá, los apretones de manos y la reunión Raúl Castro-Obama, y mucho más después de la recomendación del presidente de EEUU de sacar a Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, represores de la “sociedad civil revolucionaria” en la isla golpeaban Damas de Blanco al día siguiente de la clausura de la Cumbre, y detenían decenas de ellas. Mítines de repudio, acosos, escándalos y chusmería se repiten contra quienes en Panamá representaron a la sociedad civil independiente, y se corean acusaciones de mercenarios. Continúan presiones y acoso contra opositores en toda Cuba. Realmente, el tiempo que lleva el régimen reprimiendo cubanos y actuando así debería haberle enseñado nuevas formas de actuar, o al menos palabras diferentes a las repetidas en cada letanía.

 

Después que los líderes del hemisferio olvidaron la Carta Democrática Interamericana del 2001, y recibieron con alfombra roja en Panamá -evento exclusivo para democracias- a la tiranía más larga y cruel del continente, sin exigir nada a cambio, otros países emularán esa conducta rápidamente. Los primeros síntomas de contagio de la conducta bipolar del régimen hacia el exterior aparecen en Europa: España, siempre lista a ser comprensiva con esa “isla más rebelde, pero también la más querida”, dice que hay sintonía entre ambos países sobre el terrorismo, y desea estar en primera línea en los cambios económicos; capitales europeas aceleran “entendimientos” que sepultarán la ya ficticia Posición Común y afinan proyectos de cooperación y ayuda. Aunque en Cuba la vida siga igual y la dictadura encarcele por repartir la Declaración Universal de Derechos Humanos o pedir al régimen que ratifique los Pactos de Derechos Económicos, Sociales y Laborales que firmó hace años en la ONU, pero que no cumple.

 

En el resto del mundo comienzan a mostrar también conducta bipolar contagiosa: se interesan solamente en parte del drama: cooperación, relaciones internacionales, turismo, telecomunicaciones, instalaciones portuarias y aeroportuarias, oportunidades de negocios, empresas mixtas, y temas de esa naturaleza. Simultáneamente olvidan derechos humanos, libertades civiles, de expresión y asociación, sindical, adoctrinamiento forzado, discriminación por razones políticas, penurias de la población, derechos de los trabajadores, y temas como esos, quizás poco importantes para algunos. En el mejor caso, hacen comentarios etéreos respetando “la soberanía” y “no intervención en asuntos internos”. Callan y miran hacia otro lado si la “sociedad civil revolucionaria” agarra cabillas y palos para su batalla no de ideas, sino de bajos instintos, contra quienes piensen diferente, que constantemente son más aunque no se atrevan a manifestarlo claramente.

 

Para enfrentar la dictadura, ahora más que nunca, no podrá olvidarse que es un régimen bipolar: hacia el exterior parece “civilizado” y “pragmático”; hacia su población sigue siendo la bestia represiva e implacable que siempre ha sido.