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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

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Raúl Castro, un Nobel probable

 

Mussolini fue nominado en 1935, Hitler en 1939 y Stalin dos veces, en 1945 y 1948

 

Miguel Saludes, en Cubanet

 

MIAMI, Estados Unidos.- ¡¿Raúl Castro nominado para un Nobel de la Paz?! El cuestionamiento surgió en días recientes en una conversación con alguien que cree en esa posibilidad, nada descabellada si se tiene en cuenta la intervención de Cuba y su gobierno en episodios de paz y reconciliación en los que su papel ha sido protagónico en este año. Baste señalar tres hechos verificados hasta la fecha que han hecho de la Isla el foco de  atención internacional por la importancia de eventos de esa naturaleza. El rol del gobernante cubano en ellos ha recibido calificativos encomiables en la voz de personalidades tan influyentes como el Papa o el ex gobernante uruguayo José Mujica.

 

El encuentro entre Su Santidad Francisco I y el Patriarca Kirill de la Iglesia Ortodoxa Rusa ha sido el evento más reciente en el que la mano cubana estuvo presente. Mil años de desencuentro fueron limados en el territorio insular durante una escala del Papa en su viaje a México. El breve -pero importante- cara a cara entre las dos personalidades del mundo cristiano contó con el patrocinio del presidente Castro. El hecho generó la visualización generalizada de Cuba convertida en sitio de referencia pacífica y terreno propicio para diálogos reconciliadores. En este caso específico, el otrora gobierno anti religioso evolucionó a un nivel diferente dando cobertura a un encuentro trascendente que propició la apertura de un puente de unidad y entendimiento entre Oriente y Occidente.

 

A diferencia de la larga etapa fidelista, la impronta raulista presenta su sello de distinción más diplomático que militar, pese a la doble función del gobernante que alterna sus atributos entre el lustre de la corbata civil y el estricto peso de las charreteras de General de Ejército. No obstante los acontecimientos parecen inclinar la balanza hacia la primera faceta, haciendo que la Isla caribeña reciba el aprecio de “país en trasformación, insertado en el orden internacional vigente”, como expresara recientemente el profesor cubano Arturo López-Levy.

 

La marca confrontativa que identificara a Fidel Castro ha sido sustituida por la acción de su hermano en un proyecto adecuado a los tiempos que corren, conforme a un futuro cambiante en el que ambos ya no estarán presentes. El legado de Raúl apunta claramente a un proyecto conciliador, estructurador de encuentros, lugar ideal que brinda neutralidad para los arreglos, discreción a toda prueba y garantías de todo tipo que pueden hacer de Cuba un escenario principal en temas de mediación. Según consulta de AP a expertos, estos coinciden en señalar las ventajas que ofrece el fuerte control de la información que impide las filtraciones, el bajo nivel de peligrosidad del medio y la capacidad de un cuerpo diplomático extendido por todo el planeta. A esto sumaría la fuerte conexión cubana con Rusia, China y naciones del Tercer Mundo, vínculo que proviene de un pasado convulso en el que la impronta cubana estuvo presente por activa y por pasiva.

 

El encuentro entre Francisco y Kirill no es el único punto en esta materia que se apunta Raúl. Se dice que su mediación fue decisiva para la recepción de Juan Pablo II en 1998. Ahora bajo su mandato Cuba es sitio privilegiado para los sucesores de Wojtyla. Una extraña relación que el hermano socialista de Fidel cultivó desde tiempos pasados por su cercanía con personas del mundo católico nacional, y que confiaron más en su gestión de buena voluntad que en la de otros miembros del gobierno revolucionario. Por si fuera poco el desfile religioso de esta etapa suma líderes protestantes, musulmanes y al gran rabino de Israel. Al decir del Cardenal Federico Lombardi, portavoz del Vaticano, Cuba es una suerte de encrucijada en el mundo de hoy.

 

Pero el encuentro entre Iglesias en conflicto no es el único.  Inspirador y aliado primero de movimientos rebeldes latinoamericanos es cercana la fecha en que el gobierno de Raúl Castro sea el principal artífice del acuerdo que ponga fin al único conflicto armado que persiste en el continente. Ese paso consolidaría definitivamente el papel que ya se asigna al país caribeño en relevantes calificativos: Cuba, capital de la unidad (Francisco), encrucijada entre Norte, Sur, Este y Oeste (Kirill).

 

La especialización lograda por el General presidente en su papel reconciliador internacional muestra tres imágenes relevantes. La primera dando aquel apretón de manos afectuoso al Presidente de Estados Unidos en Sudáfrica. Después la foto donde su mano une las del Presidente Santos y el jefe guerrillero Timochenko. Recientemente llevando al Papa hasta el salón donde se produjo el inédito abrazo entre dos iglesias separadas por un conflicto milenario.

 

La idea es reforzada por el propio Castro. Mientras despedía al Papa declaró que Cuba seguiría apoyando la paz. Y para que no queden dudas de que su rol va en esa dirección recordó ante los medios de manera espontánea que “ahora queda lo de Colombia”. Un propósito que si no tiene mayores tropiezos debe sellarse el 23 de marzo, precisamente al día siguiente de finalizada la histórica visita de Barack Obama, la primera a la Isla de un presidente norteamericano desde 1926 y colofón de otro importante avance en materia diplomática en el currículo pacificador del menor de los Castro.

 

La reanudación de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, solución de un viejo conflicto de medio siglo que también se produce con la participación activa del Castro militar, es el punto fuerte que sirve de unidad a todo este acontecer, en el que no se pueden obviar algunos detalles que se pierden en el pasado. La base de Guantánamo, por ejemplo, nunca fue punto de graves dilemas a pesar de la extrema vecindad del enemigo y en Angola las tropas cubanas al mando de Raúl protegieron las empresas petroleras norteamericanas. Quedaría por sumar en esta saga el extraño envío de chatarra militar para ser reparada en Corea del Norte y que sirvió para que uno de los pocos barcos que el régimen de Pyongyang mantenía navegando por el mundo quedara anulado en Panamá. Finalmente el episodio del misil estratégico enviado erróneamente a Cuba y que fuera guardado con todas las seguridades hasta que las autoridades de Estados Unidos lo recogieron. Todo sin dejar de poner oído a los rumores de una salida negociada que se estaría gestionando para Nicolás Maduro con la implicación de Washington, La Habana y el Vaticano.

 

En fin más que suficiente para un Nobel, al menos para la nominación pues la entrega ya es algo diferente. Una candidatura que se avizora más que probable. Otros mandatarios la han conseguido, incluso el premio, con resultados más ambiguos. Por recordar algunos la triple premiación otorgada a Yaser Arafat, Shimon Peres e Isaac Rabin en 1994, que ha quedado en las intenciones de una paz cada vez menos conseguida. Respaldos tampoco le han de faltar a Raúl. Contará con el probable de dos mandatarios norteamericanos que ganaron el lauro y el de personalidades noruegas que llevan en conjunto los acuerdos de Colombia en La Habana. Y por aquello de dictador que nadie se escandalice: Mussolini fue nominado en 1935, Hitler en 1939 y Stalin dos veces, en 1945 y 1948.

 

En definitiva la balanza de las razones justifica la nominación. Si antes que termine el año se firman los acuerdos entre las FARC y el gobierno colombiano el argumento del premio tendría mayor solidez. Un momento en que Cuba, conocida por su posición geográfica como la llave del Golfo, podría pasar a ser la clave de conflictos y reconciliaciones a nivel mundial. Paradojas de la historia.