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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Raúl Castro tendrá que agarrarse de la brocha

 

Si se le cae la escalera petrolera venezolana que se tambalea

 

Eugenio Yáñez, en Cubaencuentro

 

No es cuestión de voluntad política, ideología o solidaridad, sino algo más allá de deseos y posibilidades de los actores de este ¿drama o farsa? Los precios del barril del petróleo continúan descendiendo, y ningún pronóstico indica que esa tendencia finalizará o se revertirá a corto plazo.

 

Y la economía de la Venezuela “bolivariana”, gracias a la ineptitud de sus caudillos, depende casi absolutamente de los ingresos del petróleo. Producción que cada día, gracias también a esa legendaria ineptitud, desciende sistemáticamente. Entonces, continuamente Maduro y sus secuaces disponen de menos petróleo, que además deben vender a precios más bajos.

 

En las estrategias del castro-chavismo Venezuela tiene un papel decisivo y preponderante como suministrador de petróleo subsidiado a los países de la región, tanto en entregas como subsidios. Si por el Pacto de San José de 1980 la Venezuela democrática y México vendían 160,000 barriles diarios de petróleo a países centroamericanos y caribeños -pacto en el que estaba incluida Cuba- con el chavismo y la creación de PetroCaribe se amplió sustancialmente el petróleo entregado a precios preferenciales y bondadosas condiciones de pago a muchos países de la región, y fundamentalmente a Cuba, no solamente la mayor de las economías beneficiadas por PetroCaribe, sino  ideológica y políticamente mentora -para decirlo apaciblemente- del gobierno de Caracas.

 

Gracias a esos generosos suministros muchos países de la región han podido disfrutar de relativa estabilidad y hacer funcionar sus economías sin grandes cataclismos sociales debidos a crisis energéticas.

 

Y Cuba, un país permanentemente en crisis económica desde que “la revolución” llegó al poder en 1959 -mucho antes que existiera “el bloqueo”- ha logrado mantener desde 1999 un simulacro de economía gracias no solamente a los miles de barriles de petróleo que recibe de Caracas diariamente, sino también a sinuosos convenios de “colaboración” bilateral y a medidas de extorsión que La Habana practica sobre Venezuela como hacía la metrópoli en tiempos del colonialismo español con las naciones latinoamericanas, aunque ahora oficialmente se le llama “internacionalismo” y “relaciones fraternales”.

 

Con el respiro de la inyección de petróleo venezolano se supuso que Cuba podría transitar el siglo 21 sin las asfixias del llamado “período especial”, pero sus gobernantes, tan ineptos como los “bolivarianos”, malgastaron los recursos, los dedicaron a asignaciones equivocadas, los malversaron, y dilapidaron las riquezas creadas por los venezolanos, que sus gobernantes regalan a La Habana a cambio de apoyo político y represivo para sus delirantes proyectos.

 

Una parte importante de los recursos venezolanos entregados a los procónsules cubanos fue desperdiciada irresponsablemente por Fidel Castro como si dispusiera de facultades omnímodas -lo que siempre hizo-, y después por Raúl Castro durante más de ocho años, como dictador provisional u oficial, que con timoratos experimentos de “actualización” y su demagogia del “sin prisa pero sin pausa”, tampoco logró dinamizar la economía y sacarla del abismo.

 

No han funcionado los tímidos intentos de pasar la propiedad de inútiles dinosaurios estatales a manos privadas o cooperativas; ni el elefante blanco del puerto de El Mariel; ni la entrega en usufructo de tierras ociosas; ni el aumento de la producción agropecuaria; ni la reducción de importaciones; ni la extracción del petróleo submarino; ni el turismo en la magnitud requerida; ni la producción de níquel, azúcar, tabaco, rones, o productos farmacéuticos y biotecnológicos; ni la compraventa de casas y automóviles. Y los capitalistas extranjeros desesperados por invertir en Cuba solamente aparecen en las páginas de “Granma”. Lo único que va quedando al régimen para obtener divisas son las remesas, envíos de productos y visitas de cubanos a sus familiares en la Isla, y la exportación de médicos y personal de salud a más de cincuenta y cinco países, aunque el grueso fundamental se concentra en Venezuela y Brasil. Pero Caracas pasa por muchas dificultades en estos momentos, y los convenios con Brasil no son eternos.

 

Los eventuales suministradores alternativos de petróleo para el régimen, como Rusia, Irán, Brasil, Angola, Argelia, Guinea Ecuatorial o alguna ex-república soviética, además de encontrarse a mayor distancia, no tienen interés ni condiciones para ofrecer a La Habana los precios preferenciales y subsidios de los gobernantes venezolanos.

 

Por eso el desesperado pataleo de la dictadura pretendiendo al menos una flexibilización del embargo de Estados Unidos que posibilitara el arribo ilimitado de turistas americanos a Cuba, y obtener créditos para importar todo lo que el régimen urgentemente necesita para sobrevivir en medio de tanta ineptitud e ineficiencia. Después de más de medio siglo de antiimperialismo patológico, la “revolución” necesita a los “gusanos” y el “imperialismo” para subsistir.

 

Vistas de conjunto estas realidades, es evidentemente que a Raúl Castro se le tambalea la escalera venezolana sobre la que se ha sostenido todos estos años.

 

Y su única opción entonces sería agarrarse de la brocha.