Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Que fácil es leer de un solo lado

 

Pablo de Cuba, para Cubanálisis

 

Las confiscaciones, las sentencias vs. Cuba y los viajes de estadounidenses a la isla

 

Tres párrafos sin profundizar en nada. Solo exponer algo de lo que ocurre.

 

He reiterado que el verbo por excelencia de la revolución cubana desde sus inicios y hasta ahora respecto a los activos y las inversiones extranjeras, incluyendo los personales  en la isla, ha sido, es y será, sin cambio de ninguna índole, “expropiar”. Pero expropiar sin la más mínima vergüenza de garantizar, al menos, la base racional legal de indemnizar. Nada de basamento que no sea el de despojar. Robar, malversar y en suma, quitar por la fuerza. Lo han amparado en la “expoliación de la que ha sido víctima el pueblo de Cuba por parte del imperialismo yanqui (también sus lacayos), hasta las modernas misas de escena de supuestas y burdas actuaciones ilícitas que han despojado y mandado a la cárcel, inclusive, a beneficiados del propio régimen cuya desfachatez ha llegado hasta sujetos que, personalmente el propio Fidel Castro, les ha tenido “el velo de intocables”.

 

Ya muchos evocan la posibilidad actual de la existencia de nuevas doctrinas legales sobre la “cleptomanía bancaria de Estado” y del “Estado moderno capataz de hacienda de esclavos” como parte de la naturaleza política y económica del castrismo cubano. Eso existe actualmente. No ha cambiado. Está en su esencia de existencia. Es un componente de su tuétano.

 

Hemos sido testigos, hemos visto la lluvia (hasta por deporte neuronal), de demandas conducentes de procesos legales que se han cursado de ambos lados del estrecho de la Florida. Miles de millones de dólares plasmados en “papel mojado” que de ambas orillas esperan tranquilamente ser compensados. Esa es la estrategia, compensar. Buscar el amoral “trueque” del fantasma histórico del diferendo Cuba-USA será la politiquería de orden.

 

Se ha hablado de propuestas de “fondos de compensación”, “términos de pagos aceptables”, “embargos de activos”, etc. Hasta ahora, lo que se perfila es la incontrolable letanía de negociaciones de pasillo que serán la base de pírricos tratos conducentes al cumplimiento burlesco  de la frase “del lobo un pelo”. Será el concilio inicial del desgaste y también de la falta de prudencia jurídica que se ha demostrado. Solo es menester esbozar que si bien aumentaron el monto libre de remesas para Cuba que, de forma indefectible una parte de ese patrimonio que ya expolia el actual gobierno cubano sirva, además, para pagar indemnizaciones. Y eso sin contar que el fundamento de los procesos de execuátur (venia para la nacionalización o domesticación de una sentencia extranjera), no serán reconocidos, no solo en Cuba sino en otras jurisdicciones, por falta de “racionalidad en el monto de indemnización respecto a los daños” (mayormente los punitivos). Qué pena de desgaste. La mayoría de estos reclamos, caerán en el tiempo bíblico: la eternidad. Eso pasa por jugar con los sueños y daños ajenos.

 

Ahora todos  los “estadounidenses” podrán viajar a la isla que posee la “tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto” casi de forma inmediata. Además, podrán contar ya públicamente y de forma “legal”, y no por mera tolerancia, con sus tarjetas bancarias emitidas en bancos norteamericanos (sean de débito, crédito y faltó incluir las “gift cards” y las pre-pagadas, incluyendo las de Univisión). Podrán reservar sus paquetes con agencias de viajes radicadas en ambas orillas. Viajar en aerolíneas norteamericanas y cubanas (fuera los vuelos charters) pero… se establecerá la reserva de “salvo aquellos nacidos en Cuba” los que mantendrán la vigencia de tramitar el pasaporte cubano a un “módico precio” no obstante ser ciudadanos estadounidenses Ya no estaremos al amparo de la ley de esta nación (Enmienda IX) y estaremos sujetos a la clasificación legal excluyente de la tierra que nos vio nacer. Si ya hay relaciones diplomáticas públicas y no encubiertas como lo ha sido hasta ahora, ¿cual es la necesidad de mantener dicho estado de exclusión? Ya no negaran por falta de respuesta la emisión de un pasaporte cubano a quien ellos se le antoje. Veremos a ver qué pasa.

 

P.D. Por favor no me contesten diciendo que desde tal fecha se puede viajar a Cuba con el pasaporte USA. Lean bien lo que he escrito.

 

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Una frase y sus consecuencias: “creo en la igualdad de los hombres ante la Ley”

 

Señor Presidente:  Usted sabe, conoce y debe dominar en su cultura por profesión que cuando se discutió, por demás de forma profunda, una condición humana existente en aquel entonces en estas tierras de Norteamérica y que modificó para siempre  la historia de esta gran nación (y de otras), la cual se adoptó el  6 de Diciembre de 1865 como la Enmienda XIII a la Constitución, en la que se abolió la esclavitud y el trabajo forzado, los legisladores de los bandos representados en la legislatura, a favor y en contra de la propuesta, precisamente en esa época en la que brilló el Presidente Lincoln, sabían que solo el espíritu de una ley podría trasformar, so pena de violencia de Estado en su cumplimiento, la mutación anáfora de generaciones subsiguientes, se inscribió para bien la abolición de la esclavitud. Qué clase de cambio histórico para futuras generaciones se plantó en tierra fértil de libertad. Pero no todo engendró el idealismo del cambio. Tanto es así, que no ha sido hasta hace unos años en que se habla de “igualdad racial”, “derechos civiles”, e inclusive “segregación racial”, para amparar cualquier tipo de discriminación, pero seguimos en ese sueño de igualdad solo ante la Ley.

 

Aun así, y para mantener nuestra razón humana en reconocer la existencia de diferentes  razas, las extendemos a orígenes étnicos, nacionalidades, minorías, e inclusive sexos. No perdemos tiempo y evocamos dioses en temor de una realidad latente: aún existe la discriminación y, por ende, esa mutación no es una simple amalgama de voluntades humanas elevadas al rango de Ley. No ha cambiado en muchas generaciones.

 

Sin embargo, Usted públicamente ha dado la esperanza y ha evocado su criterio  político en la oportunidad de los Estados Unidos de influir en los acontecimientos en Cuba y  haga efecto en un cambio generacional en Cuba. Usted no ve que el cambio es imposible sobre las mismas bases que soportan el inmovilismo.

 

Dudo de su capacidad de legendario en la que solo lograra una atracción de foro político para un final inconcluso por la mera razón de que Usted no conoce, en lo absoluto, y por lo visto tampoco sus asesores, que el inmovilismo (entre otras cosas  generacional) en Cuba lo ha producido el propio régimen de desarraigo del castrismo y nunca ningún factor exógeno a su política, incluyendo la del extinto campo socialista. Mi país es la imagen de lo nefasto de sus gobernantes actuales y Usted quiere influir en que se puede cambiar. Por Dios, desterremos la ingenuidad. Usted en su campana hablaba “del cambio”. ¿Me dice cuál ha sido ese cambio? Esta nación cambia sola, es imparable por la gracia de sus habitantes. Esa es la soberanía generacional natural que conlleva al cambio constante. A la adecuación de cualquier canon a la existencia de ser libre. Al respeto de un simple orden humano y natural.

 

En Cuba, el gobierno impide que eso exista. Así de sencillo. El propio gobierno es el sicario de la libertad de generaciones de sus  propios súbditos.

 

Condiciono mi propia ignorancia sobre sus pretensiones, ya que sus visiones sobre mi país y su realidad solo son hasta un muro muy cercano. Por esa realidad vivo acá en esta gran nación. Y soy un ser humano libre gracias a sus leyes y no sus gobiernos de turno, sean de cualquier afiliación política. Sobre estas bases actuales, no veo la luz a pesar de conocer más que Usted sobre el gobierno cubano.

 

Analice lo heroico de cruzar en balsa el estrecho de la Florida. Y tenga presente que se hubiera hecho con o sin ley de ajuste cubano. Es un estado insuperable de necesidad y subsistencia humana. No otra cosa.

 

Le ruego no sea cómplice de la castración de todo un proceso de degradación generacional en Cuba de más de medio siglo con una fachada de racionalidad política. Evite que se fortalezca lo que ha hecho infecundo varias generaciones, incluyendo la mía.

 

Le doy un mísero, humilde y lamentable, pero sincero consejo. Una mera partícula de aspiración. Presione a esa camada de parásitos y desleales al género humano para que acepten un solo principio y lo erijan en Ley, que no es otro que “el culto a la dignidad plena del hombre”. De ahí, cuando partamos de ser libres e iguales al menos ante la Ley, podremos hacer cambios reales y efectivos.

 

La democracia es una cultura voluntaria que solo sus beneficios la hace algo atrayente respecto a la falta de competencia por inexistencia de un sistema algo mejor. Sin embargo, en el totalitarismo y las dictaduras no hay competencia. Eso hace imposible e insostenible el juego.

 

Políticamente Cuba ya no es un mero problema de partido gobernante, sino de ingobernabilidad. Las bases del gobierno cubano hacen inviable la democracia. El único culto existente que acepta el gobierno castrista es el de la exclusión de espacios de cualquier tipo.

 

Esto lo escribo abiertamente, no sin antes evocar un saludo a los dioses, para recordarle mi condición humana de falible.

 

El tiempo, único testigo mudo de la historia, no podrá expresar otro nuevo periodo de hipocresía política. Ya ha decursado demasiado tiempo en negativo para ahora hacer una pacto por capitulación.