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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Privados ¿los nuevos dueños del cine en Cuba?

 

Adriel Reyes, Especial para martinoticias.com

 

 La oferta de películas en Cuba se escapa de las salas de cine para multiplicarse en televisores y computadoras y coronarse en tercera dimensión en exclusivo negocio de cuentapropistas. 

 

 El auge de las salas en 3D en La Habana y de la distribución y producción de cine a manos del sector privado despierta la polémica sobre quién domina al séptimo arte en Cuba.

 

 ​​Para el cineasta cubano Ian Padrón, director del largometraje Habanastation, en el caso de la producción en los últimos años ha cambiado mucho la perspectiva y la realidad del audiovisual en la isla.

 

“La mayoría de los que hoy se exhiben en la televisión son de producción independiente pero en las películas y los largometrajes, en obras que llevan más presupuesto ahí las instituciones tienen más peso”.

 

Padrón recuerda cuando estrenó Fuera de Liga en el 2003, un documental que nunca se distribuyó por los canales oficiales y le “sorprendió mucho como la gente lo tenía en DVD y en memorias flash y se calcula que quizás hubo más de un millón de copias piratas y ahí fue mi primer encuentro con esa realidad”, explica.

 

 Otra anécdota similar la vivió con el estreno de Habanastation cuando en las colas del cine ya había personas vendiendo la película de manera ilegal y la gente se apartaba de las aglomeraciones y se iban para sus casas.

 

“Yo no te puedo decir que todavía haya más peso de un lado que del otro; lo que sí te puedo decir es que cuando hay una película que no es exhibida en los cines porque no les interesa a las instituciones que se muestre, esta otra vía de distribución alternativa cobra más fuerza”.

 

Los tres eslabones

 

“Al Estado se le han ido de la mano los tres eslabones: el de la producción, la distribución y el de la exhibición”, afirma María Caridad Cumaná, graduada de Historia del Arte y ex profesora de cine y televisión en San Antonio de los Baños.

 

 La experta considera que este proceso comenzó en Cuba a partir de la introducción de computadoras y lo catalogó como una “democratización digital. Consiste en que todos esos sistemas de control que el gobierno tenía establecidos para controlar la producción, la distribución y todo lo relacionado con el mundo del audiovisual” ya no está bajo el monopolio estatal.

 

​​“Las personas con computadoras en sus casas han establecido productoras independientes. Los jóvenes han comenzado a hacer tanto documentales como películas de ficción”, dijo Cumaná quien agrega que el control de los privados empieza por la producción y se extiende al mundo de la exhibición al tiempo que lamenta que se haya perdido el concepto de cine de barrio.

 

 La experta recuerda el caso de documentales de sus alumnos que luego se distribuyeron de mano en mano por toda la isla. En ocasiones eran regresados a la isla por los emigrados que querían mostrárselo a sus familiares.

 

 La apropiación del séptimo arte en Cuba por parte del sector privado es algo que nunca imaginó en la década del 80 del pasado siglo el guionista de cine y asistente de dirección, Armando Dorrego.

 

 En el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) existía un departamento “que era el que tenía el acceso a las películas internacionales y las revisaba para que no tuvieran ningún tipo de problema político ideológico. Todo era muy controlado por la coyuntura histórica y si se exhibió algo independiente fue porque se le fue de las manos al aparato estatal”, sentenció Dorrego.

 

El “timbirichismo” local

 

 ​​La decadencia de los cines, su atraso y escasez de ofertas con respecto a la industria independiente de distribución en Cuba explica el florecimiento de este tipo de club privados, dijo el crítico de cine cubano radicado en Miami, Alejandro Ríos.

 

 Tradicionalmente el cine ha sido el entretenimiento más barato en Cuba y ahora accediendo a los cuentapropistas o a los distribuidores ilegales “por cinco pesos puedes alquilar hasta cinco películas comprimidas en un DVD”.

 

Para Ríos “el cubano tiene un acceso bien interesante gracias a la privatización de la distribución de audiovisuales en Cuba” y destaca el caso de la película Juan de los Muertos entre los productores independientes. Por “gestiones personales” la colocaron no solo en Europa sino también en los Estados Unidos, en Netflix, una de las distribuidoras de cine online más grandes del mundo.

 

“Ahora siguen pirateándose las que se hacen aquí en los Estados Unidos y no hay nada que hacer porque no hay ningún acuerdo para intervenir en eso por ahora” aunque sugirió la necesidad de resolver ese particular en el futuro.

 

 ​​El crítico de cine citó una entrevista que tuvo con el director de Melaza, Carlos Lechuga quien se quejaba de que “los piratas” no le copiaran bien el filme. “Por suerte han podido escapar de la terrible programación de la TV Cubana” con variadas opciones incluyendo la de la televisión de Miami hecha por cubanos, concluye Ríos.

 

 En el mercado negro en la isla “lo que más demanda tiene son las telenovelas, las películas de acción o las producciones de otras latitudes que nos ayuden a entender lo que estamos pasando”, declaró desde La Habana Leannes Imbert.

 

 Imbert explica que “ese mercado está más bien en manos de los privados y aquí en la capital en las pocas tiendas estatales que se dedican a eso tú apenas ves gente” en comparación con las casas particulares que alquilan por cuenta propia o de manera ilegal.

 

En tercera dimensión

 

 A pesar de los intentos gubernamentales de mantener la vanguardia en el mercado del cine “en 3D los particulares tienen la ventaja”, finalizó Imbert.

 

 Según reportes independientes el fenómeno de la tercera dimensión ha irrumpido fundamentalmente en La Habana y en la actualidad existen más de veinte casas particulares dedicadas al negocio, por lo menos registradas oficialmente.

 

 El pasado mes de marzo durante un evento de crítica cinematográfica en la provincia de Camagüey con apenas veinte gafas el Estado trató de anotarse el mérito de la primera exhibición en 3D en un espacio público cuando en su negocio privado en Centro Habana, Guillermo García Casanova “reunía hasta 35 personas”.

 

A inicios de agosto en la XII Muestra de Jóvenes Realizadores en La Habana previa inscripción unos 45 espectadores se acercaron al cine en tercera dimensión en la sede del ICAIC.

 

 El cuentapropista Guillermo Casanova cuenta con alegría el éxito de su negocio formado “con colaboración familiar”, sobretodo de su hija quien reside en el exterior y lo ayudó económicamente para adquirir todos los equipos.

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 En los inicios Guillermo comenzó cobrando un CUC por persona pero en la actualidad “es a quince pesos en moneda nacional debido a que la mayoría del público son trabajadores que no pueden pagar ese precio”.

 

En La Habana entrar a una sala privada en tercera dimensión puede costar hasta tres CUC según explicaron otras fuentes.

 

“La gente en Cuba paga por ponerse los espejuelos”, dice Argelia, una adolescente habanera quien explica que “lo nuevo es lo que llama la atención”.

 

En salas totalmente climatizadas, entre asientos cómodos y ofertas gastronómicas al estilo de las películas con rositas de maíz y otras ofertas a la carta, los cines privados de la capital están siendo un éxito.

 

 A criterio de Ian Padrón el fenómeno 3D en el sector por cuenta propia en Cuba es “un llamado de atención a las instituciones y demuestra que cuando se les deja a los particulares un margen a su creatividad, ellos logran cosas que el aparato institucional no puede en un corto plazo. Estoy muy feliz de que haya cine 3D en La Habana”.