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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

«Preferiría volver a la cárcel en Cuba que pasarlo tan mal»

 

Ricardo Galbán, uno de los 115 disidentes excarcelados y exiliados por el gobierno castrista entre 2010 y 2011, subsiste en Leioa gracias a la solidaridad vecinal

 

Eva Molano, El Correo

 

Ricardo Galbán nació en Baracoa, una villa centenaria al sureste de Cuba, donde el mar Caribe forma una concha azul turquesa entre montañas, ríos y vegetación tropical. Ricardo cruzó la isla y se asentó junto a su padre en La Habana para estudiar contabilidad y economía. Hoy, tiene 45 años y vive en Leioa. Forma parte del colectivo de presos liberados por el Gobierno castrista merced a un acuerdo con el Arzobispado cubano y el Ejecutivo Zapatero por mediación del entonces ministro de Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, a condición de que abandonaran la isla. Fue la excarcelación más importante en Cuba desde 1998. Una parte importante de los liberados pertenecía al Grupo de los 75, sin delitos de sangre, a los que se acusaba de conspirar con Estados Unidos. Hasta 2011 llegaron 767 cubanos a España: los 115 y sus familiares.

 

Amnistía Internacional no consideraba a todos presos de conciencia, ni todos eran disidentes activos. El Gobierno los repartió por diferentes comunidades. Firmaron un convenio por el que España correría con su manutención un año, con posibilidad de otro más, aseguraron. Galbán, que acreditó ser un activo disidente, fue el único que acabó en Euskadi. Como el resto de sus compañeros de exilio, se siente «indefenso» y dice que nada es como le prometieron. El refugio con el que soñó se ha convertido en otra prisión, la de la exclusión. Vive de alquiler en el barrio de Txorierri. Consigue pagar la renta a base de alquilar habitaciones y subsiste gracias a la solidaridad de sus vecinos, que le ayudan y le dan comida. La única ayuda de que dispone es la de emergencia municipal, que se concede una vez al año por un máximo de 1.500 euros. No tiene derecho a la RGI, porque el anterior Gobierno vasco elevó a 3 años el tiempo de empadronamiento necesario para acceder a este subsidio. «Preferiría estar preso que aquí pasándolo tan mal. Estoy peor que en Cuba», dice sin dudarlo. «Allí era un líder de la oposición al régimen. Tenía cierto respaldo. Cuando estaba en la cárcel recibía apoyo de organizaciones de Miami. Aquí soy un inmigrante más, con la diferencia de que no puedo volverme a mi país porque soy un refugiado político -relata-. Pero no soy otro más. He estado 10 años en la cárcel por defender la libertad de expresión en mi país», clama.

 

Galbán era miembro del colectivo opositor Jóvenes por la Democracia. Desde el año 2000 comenzó a ser encarcelado por participar en actividades consideradas subversivas, como la pegada de carteles y su participación en manifestaciones. La última vez que fue arrestado había empapelado su pueblo de pegatinas con la palabra 'Cambio'. Fue enviado al Combinado de Guantánamo, condenado a tres años de cárcel por desacato a la figura del comandante. Su periplo carcelario duró hasta 2011. Un año antes, se enteró por su madre de que había sido incluido en la lista del gobierno de presos que podrían ser excarcelados si se exiliaban a España. «Fue ella la que me animó», recuerda.

 

«Mil veces en Lanbide»

 

Él llegó con la última hornada: 37 presos y sus familiares -sólo 6 lograron el estatus de refugiado- en abril de 2011. Les montaron en una furgoneta y les trajeron a Bilbao. Llegó con un pariente opositor, su hermana y el marido de ésta.

 

Fueron supervisados por la Cruz Roja Bizkaia. Primero, vivieron dos meses en el Hotel Bilbi; después, el Gobierno central les instó a buscarse un piso de alquiler con una renta máxima mensual de 750 euros. Cada uno recibían entre 180 y 300 euros al mes. «Me lo pagaron hasta abril de 2012. Entonces, el Gobierno central interrumpió la ayuda. La Cruz Roja se hizo cargo hasta junio de 2012». Después, tuvo que buscarse la vida. No tuvo más remedio que alquilar habitaciones. «Mi hermana duerme en el sofá», explica.

 

Asegura que se ha incumplido todo. «Nos prometieron integrarnos en la sociedad y ni siquiera nos han convalidado los títulos de formación. Tampoco nos han ayudado a encontrar trabajo. Yo he estado mil veces en Lanbide, en Behargintza... quiero trabajar de lo que sea. Pero nadie me llama», lamenta, consciente de que la crisis por la que atraviesa el país complica las posibilidades de rehacer su vida.

 

Galbán asegura que se ha reunido con el anterior alcalde de Leioa y con la actual, Mari Carmen Urbieta, además de con otros concejales del Ayuntamiento. También con el obispo, Mario Iceta. «La conclusión es que se trata de un asunto del Gobierno central y que no pueden hacer nada. ¿Y dónde quedo yo? ¿Nadie puede ayudarme? Soy un refugiado político y estoy en la pobreza más extrema», clama.

 

No es el único que está pasando penurias, pero sí el único que reside en Euskadi: 15 familias compatriotas llevan más de 500 días acampados frente al Ministerio de Exteriores en señal de protesta. El Gobierno central afirma que los cubanos serán tratados como cualquier ciudadano en situación legal que pueda necesitar ayuda, y que darles privilegios «sería discriminar al resto». Las ayudas a los solicitantes de asilo son por un tiempo máximo de 12 meses, prorrogables sólo en casos de extrema necesidad. Pero esta partida se ha extinguido en la mayoría de los casos. Los cubanos son ahora como cualquier inmigrante desempleado más, explicaron desde la Oficina de Información Diplomática.