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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Por qué no funciona el gobierno cubano?

 

Ni la “actualización” ni las promesas resuelven los problemas

 

Eugenio Yáñez, en Cubaencuentro

 

Para entender el funcionamiento del gobierno cubano hay que realizar malabares interpretativos para acercarse a una explicación medianamente coherente. En otras ocasiones, sin embargo, basta leer el periódico “Granma”, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, sin emborracharse con la apología y los eufemismos, para entender muchas cosas.

 

Acaba de suceder la semana anterior, con la información sobre las reuniones ampliadas del Consejo Nacional de Defensa y del Consejo de Ministros del sábado 12 de mayo, publicadas en “Granma” el viernes 18, siguiendo la reciente costumbre de publicar esas informaciones seis días después, aparentemente para tener tiempo de revisar en detalle, “filtrar” convenientemente y aprobar lo que se va a comunicar públicamente.

 

Aunque esa información es confusa y turbia en muchos aspectos, hay algo que puede apreciarse claramente en lo publicado en “Granma”, y es el por qué no funciona ni puede funcionar adecuadamente el gobierno en Cuba. Y lo más interesante es que no se mencionan ni el “bloqueo”, ni “la sequía”, ni “los huracanes” ni la “crisis internacional” como causas de las deficiencias.

 

Si esa explicación partiera de una fuente disidente o del exterior habría espacio para suspicacias y sospechas de quienes se aferran con uñas y dientes a la apología del régimen en todas y cada una de las circunstancias, pero viniendo de donde viene, y publicado en “Granma”, esas sospechas no tienen cabida: las deficiencias, según diagnóstico realizado al sistema de control y fiscalización del gobierno, las presentó Leonardo Andollo Valdés como “segundo jefe de la Comisión Permanente de Implementación y Desarrollo”, aunque “Granma” no especifica si lleva esa tarea simultáneamente con su condición de General de División y Segundo Jefe del Estado Mayor General, o si ha pasado a la “vida civil”.

 

Andollo señaló cuatro cuestiones específicas: 1) “excesiva cantidad de acciones de control, en muchos casos carentes de integralidad y profundidad en el análisis de las causas de los problemas detectados”; 2) “planes de medidas formales que generalmente no tienen un adecuado seguimiento”; 3) “insuficiente e inestable continuidad de las soluciones a las deficiencias detectadas por los órganos de dirección del nivel superior”; y 4) “existencia de un elevado número de disposiciones y normas jurídicas, elaboradas y puestas en vigor sin integralidad”.

 

Intentando traducir ese galimatías, puede señalarse sobre el primer aspecto que hay excesiva cantidad de “acciones de control” (tales como inspecciones, visitas, “control y ayuda”, directivas, órdenes, “orientaciones”, solicitud de informes, “recorridos”, estadísticas, reuniones), que en “muchos casos” resultan “carentes de integralidad y profundidad en el análisis de los problemas detectados”, es decir, algo así como cantar por cantar o el arte por el arte, típico comportamiento burocrático para que parezca que se trabaja duro y se exige mucho, pero sin resultados concretos. Y habría que preguntarse de qué sirve la “exigencia” que reclama hasta el absurdo José Ramón Machado Ventura, si “en muchos casos” esa supuesta exigencia “carece de integralidad y profundidad en el análisis”.

 

El segundo punto señalado se refiere a “planes de medidas formales que generalmente no tienen un adecuado seguimiento”, es decir, planear acciones de manera formal sabiendo que no serán convenientemente controladas: o sea, seguir en el jueguito de que parezca que se hace y se controla, pero solo para la galería y para júbilo de la prensa oficial triunfalista.

 

El tercer punto menciona “insuficiente e inestable continuidad de las soluciones a las deficiencias detectadas por los órganos de dirección del nivel superior”. Traducción: los órganos de dirección de niveles superiores detectan problemas, pero las soluciones que se pretenden no son estables ni continuas. Una vez más, improvisación y superficialidad, que parezca que se trabaja, pero nada más.

 

El cuarto punto es más de lo mismo: “existencia de un elevado número de disposiciones y normas jurídicas, elaboradas y puestas en vigor sin integralidad”. De nuevo, eslabones superiores generando órdenes y disposiciones indiscriminadamente, sin integralidad, coordinación, ni un verdadero objetivo de efectividad. Nada más allá de formalidades y apariencias que no resuelven ningún problema concreto.

 

A fin de cuentas, los órganos superiores no dejan trabajar a sus subordinados con tantas exigencias inútiles; pero a partir de ese diagnóstico, se aprobó “un conjunto de principios básicos que serán aplicados de manera experimental en las provincias Artemisa y Mayabeque y en los Organismos de la Administración Central del Estado (OACE)”. Lo cual sería efectivo o no en dependencia de lo que se intente: o una solución real a los problemas, o más “disposiciones y normas” elaboradas sin integralidad ni profundidad.

 

No puede saberse en este momento, al no conocerse los “principios básicos” a aplicar experimentalmente. Pero hay realidades concretas que no pueden desconocerse: existen serios problemas que necesitan soluciones, y muchos intentos de solución no sobrepasan el formalismo, el parecer que se trabaja y se exige, sabiendo que no funcionan y no han resuelto mucho.

 

Es positivo intentar determinar correctamente el problema, lo que muchas veces se escamoteaba en el discurso oficial hablando del “bloqueo”, la “sequía”, los “huracanes” y la “crisis internacional”. Pero eso no garantiza soluciones adecuadas: es posible que se busquen respuestas equivocadas al problema correctamente identificado, si de nuevo se pretende más de lo mismo.

 

Podrá verse relativamente pronto si esas propuestas funcionan o no. Porque con el grado de deterioro de la situación actual, la incertidumbre con la salud de Hugo Chávez, y el petróleo que no apareció en el primer pozo submarino perforado por Repsol en aguas cubanas del Golfo de México, no queda demasiado tiempo para experimentos ni para “actualizar” el modelo, y menos aún para demagogia, campañas de agitación, promesas abstractas, y soluciones “carentes de integralidad”.