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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Política versus confrontación

 

Mientras Obama reconoce el fracaso de la política de confrontación, Raúl Castro persiste en esa política y habla de victoria.

 

Dimas Castellanos, La Habana, en Diario de Cuba

 

El camino hacia la plena normalización de las relaciones entre Washington y La Habana requiere de un enfoque único para desandar el camino transitado desde enero de 1961, cuando la nacionalización de las propiedades norteamericanas en Cuba condujo al presidente Dwight D. Eisenhower a la decisión de romper las relaciones diplomáticas con el Gobierno de la Isla.

 

La diferencia de enfoques, cuya última manifestación fueron los discursos de los presidentes de Cuba y EEUU en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, requiere ser removida para que las relaciones diplomáticas puedan desempeñar el papel que le corresponde en el camino hacia la plena normalización.

 

Barack Obama, después de reconocer una vez más el fracaso de la política de confrontación con La Habana, expresó: "Continuaremos defendiendo los derechos humanos. Pero nos ocuparemos de esos asuntos mediante las relaciones diplomáticas y mayor comercio y relaciones de persona a persona. A medida que estos contactos generen progreso, tengo confianza en que nuestro Congreso levantará inevitablemente un embargo que ya no debería estar en vigencia".

 

Para demostrar la inutilidad de la confrontación, el presidente de EEUU cerró su discurso con estas palabras: "Piensen en los estadounidenses que arriaron la bandera en nuestra embajada en La Habana en 1961, el año en que yo nací, y que regresaron este verano para izar esa bandera. Uno de estos hombres dijo del pueblo cubano: 'Podíamos hacer cosas por ellos y ellos podían hacer cosas por nosotros. Los amábamos'. Durante 50 años, pasamos por alto este hecho".

 

Raúl Castro, por su parte dijo: "Tras 56 años de heroica y abnegada resistencia del pueblo cubano, quedaron restablecidas las relaciones diplomáticas y las embajadas en las respectivas capitales… Ahora se inicia un largo y complejo proceso hacia la normalización de las relaciones que se alcanzará cuando se ponga fin al bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba; se devuelva a nuestro país el territorio ocupado ilegalmente por la Base Naval de Guantánamo; cesen las transmisiones radiales y televisivas y los programas de subversión y desestabilización contra Cuba, y se compense a nuestro pueblo por los daños humanos y económicos que aún sufre".

 

Y añadió: "Mientras persista, continuaremos presentando el proyecto de resolución titulado 'Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba'".

 

El primero reconoce el fracaso de la política seguida con Cuba, el segundo parte de la "heroica y abnegada resistencia", es decir, de la victoria. Uno plantea el levantamiento del embargo como resultado de un proceso mediado por las relaciones diplomáticas; el otro, como resultado de la "victoria" y, en consecuencia, exige que se satisfagan las demandas cubanas o continuarán las presiones, entre ellas la votación anual en las Naciones Unidas.

 

Un análisis objetivo acerca de los planteamientos anteriores me conduce a las siguientes valoraciones:

 

Con excepción de la base naval de Guantánamo, a la que dedicaré un próximo trabajo, el resto de las demandas cubanas tienen su origen en la confrontación que siguió a la ruptura de las relaciones diplomáticas. Por tanto, una vez restablecidas dichas relaciones, los métodos empleados durante su ausencia están fuera de tiempo y de lugar.

 

La "abnegada resistencia del pueblo cubano" no condujo a ninguna victoria, sino a la crisis más profunda de la historia de Cuba, reflejada en una crónica ineficiencia productiva, salarios insuficientes, deterioro moral generalizado, desesperanza, y éxodo masivo y creciente del pueblo victorioso.

 

En diciembre de 2014, el presidente cubano, al anunciar la disposición de restablecer las relaciones, dijo: "Esto no quiere decir que lo principal se haya resuelto. El bloqueo económico, comercial y financiero que provoca enormes daños humanos y económicos a nuestro país debe cesar". Y agregó: "Aunque las medidas del bloqueo han sido convertidas en Ley, el presidente de los Estados Unidos puede modificar su aplicación en uso de sus facultades ejecutivas".

 

Es decir, lo principal, según sus palabras, era el bloqueo, cuya aplicación podía ser modificada por el presidente Obama. Sin embargo, en enero de 2015, en el discurso en la III Cumbre de la CELAC, dio un giro respecto a los planteamientos del mes anterior, cuando preguntó: "¿Acaso podrían restablecerse las relaciones diplomáticas sin reanudar los servicios financieros a la Sección de Intereses de Cuba y su Oficina Consular en Washington, cortados como consecuencia del bloqueo financiero? ¿Cómo explicar el restablecimiento de relaciones diplomáticas sin que se retire a Cuba de la Lista de Estados patrocinadores del Terrorismo Internacional?"

 

Es decir, no solo el bloqueo, ahora todo es principal.

 

En respuesta, el Gobierno de EEUU no solo flexibilizó el embargo, sino que, a pocos meses de iniciadas las conversaciones, se reanudaron los servicios financieros a la Sección de Intereses y se retiró a Cuba de la Lista de Estados patrocinadores del Terrorismo. Un resultado que no se logró durante las 24 años (de 1991 a 2014) que la ONU aprobó las resoluciones contra el embargo. Ello demuestra la superioridad de las negociaciones sobre la confrontación e indica que, de la misma forma en que se logró ese efecto, se puede lograr el resto de las demandas. Por ello no pueden ser premisa, sino resultado de las negociaciones.

 

En este camino de solución coinciden:

 

·         La CELAC, que en su Declaración Especial, de 28 de enero de 2015 se congratuló con el "restablecimiento de las relaciones diplomáticas"e instó al presidente Obama "a adoptar todas las medidas que estén dentro de sus facultades ejecutivas para modificar sustancialmente la aplicación del bloqueo contra Cuba, y al Congreso de los Estados Unidos a iniciar, en la brevedad posible, una discusión sobre la eliminación del mismo".

 

·         El papa Francisco, quien el 18 de septiembre de 2015 calificó el restablecimiento de las relaciones como "signo de la victoria de la cultura del encuentro, del diálogo", del "sistema del acrecentamiento universal… por sobre el sistema, muerto para siempre, de dinastía y de grupos".Y animó a los responsables políticos a continuar avanzando por este camino y a desarrollar todas sus potencialidades, como prueba del alto servicio que están llamados a prestar a favor de la paz y el bienestar de sus pueblos.

 

·         El presidente Obama, el 28 de septiembre en el citado discurso ante la ONU, al referirse al embargo dijo: "nos ocuparemos de esos asuntos mediante las relaciones diplomáticas y mayor comercio y relaciones de persona a persona. A medida que estos contactos generen progreso, tengo confianza en que nuestro Congreso levantará inevitablemente un embargo que ya no debería estar en vigencia".

 

 En ese camino en el cual coinciden la CELAC, El papa Francisco y el presidente  Obama, el embargo, la compensación, las trasmisiones radiales y televisivas, y cualquier otra diferencia que se pueda enarbolar, tienen que solucionarse mediante la negociación, pues cuando el empleo de la fuerza fracasa en sus objetivos y se regresa al terreno de la política, cada parte, a la vez que trata de obtener el mayor provecho, tiene que ceder en algo. ¿Por qué? Porque la negociación, antes o después de la confrontación, ofrece la oportunidad de solucionar las diferencias mediante un acuerdo de beneficio mutuo. Por esa razón, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas tiene un papel a desempeñar de mayor efectividad que las campañas ideológicas y las votaciones en la ONU.

 

En nuestra historia política hay ejemplos válidos de negociaciones. Basta citar la labor desplegada por Cosme de la Torriente [1], quien dedicó 60 años de su vida a la política como servicio desde la negociación. En enero de 1925 Cosme publicó Los derechos de Cuba sobre la Isla de Pinos y en marzo de ese mismo año, siendo embajador de Cuba en Washington, logró que se aprobara el Tratado Hay-Quesada, mediante el cual Cuba recobró la soberanía sobre esa porción de territorio cubano. En 1934 redactó el proyecto inicial del Tratado de Relaciones entre Cuba y Estados Unidos, con el cual fue abrogada la Enmienda Platt en  mayo de ese año. Acerca de esa labor, el historiador Emeterio Santovenia, escribió que Cosme de la Torriente redujo "a mero recuerdo el Tratado Permanente entre Cuba y los Estados Unidos en que habían sido vaciadas las cláusulas del Apéndice Constitucional, engendrado, a su vez, por la Enmienda Platt".

 

Lo lamentable, además de la insistencia en la confrontación, es que el "victorioso pueblo", privado de las libertades cívicas y políticas más elementales, está impedido de participar en la solución de un problema que ha marcado a varias generaciones de cubanos. Además de lamentable, es inaceptable que una vez restablecidas las relaciones diplomáticas, cuando el concepto de enemigo carece de todo valor, el Gobierno cubano mantenga la prohibición de las libertades fundamentales que impiden a los nacionales ser empresario en su propio país, contratarse directamente con empresarios extranjeros o asociarse libremente.

 

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[1] Cosme de la Torriente y Peraza (1872-1956), licenciado en Filosofía y Letras, y en Derecho. Al fracasar los alzamientos de 1895 en Matanzas, emigró a EEUU y regresó poco después como expedicionario. Por sus acciones militares obtuvo el grado de coronel. Fue ayudante del general Calixto García e integró varios Estados Mayores. En 1887 resultó elegido a la Asamblea Constituyente de la Yaya. Fue magistrado y senador, encargado de negocios y embajador de Cuba en Madrid, primer embajador de Cuba en Washington, representante de Cuba en la Liga de las Naciones y presidente de su Cuarta Asamblea, delegado de las Naciones Unidas para América Latina, fundador y director de La Revista de La Habana y fundador y presidente de la Sociedad de Amigos de la República.