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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Pensar distinto en Cuba

 

Luis Castillo Espinosa, La Prensa, Panamá

 

En el marco de la celebración de la VII Cumbre de las Américas, concretamente en el Foro de la Sociedad Civil, vivimos una experiencia surrealista, la de ser cubanos por un día. Fue una situación completamente inesperada. Confieso que antes del foro no tenía conexión ni inclinación con ningún sector dentro de Cuba, pero tras la experiencia vivida no puedo permanecer inmóvil ante el atropello a las libertades que sufren los cubanos, de lo que tuvimos una pequeña muestra aquí, en Panamá.

 

Actores de la sociedad civil de la isla, que viven, sueñan y mantienen una lucha pacífica en su país, vinieron a Panamá con la idea de que el foro podría servir para iniciar un diálogo racional y con argumentos. Nada más lejos de la realidad. La otra delegación de una seudosociedad civil, muy cercana al Gobierno cubano, vino con una misión diferente: entorpecer el foro y negar cualquier posibilidad de diálogo con sus propios hermanos.

 

Esta delegación de la “sociedad civil del Gobierno cubano” -aunque suene incoherente, es la forma correcta de llamarla- era exageradamente numerosa, al punto de ser la más grande de las delegaciones que participaron, lo que les permitió entorpecer el foro a su antojo. Tanto la Organización de Estados Americanos, como la Cancillería panameña rehuyeron su responsabilidad sobre este hecho y no dieron ninguna explicación.

 

El vestíbulo del hotel El Panamá se convirtió en escenario para que los Comités de Defensa de la Revolución exhibieran un mitin de repudio. Sin embargo, los gritos de “gusanos”, “mercenarios”, “terroristas” y el irrespeto a todo aquel que no pensaba como ellos, no lograron el objetivo que buscaban: destruir el foro. Lo que sí consiguieron fue que ahora entendamos bien lo que pasa en Cuba.

 

Fuimos testigos de mentalidades intolerantes, de gente adoctrinada para la calumnia, a quienes no les interesa ni las ideas ni las propuestas. No importaba si en el camino tenían que difamar o golpear a alguien. Mucho menos importaba la nacionalidad o si ese alguien era mujer o incluso si estaba en una silla de ruedas. El nivel de barbarie estuvo más allá de nuestra comprensión. Llegaron al punto de mentir descaradamente, como cuando señalaban que en el foro participaba la persona que supuestamente mató al Che Guevara, algo falso. Esos Comités de Defensa de la Revolución nos trajeron el mal recuerdo de los “batallones de la dignidad” de Noriega.

 

La delegación cubana oficialista fue la máxima representante del fanatismo y de la estupidez humana. Mostró una mentalidad totalitaria anclada en la guerra fría y en ideas propias de la década de 1960. Algo incomprensible en medio del acercamiento entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos, y del apretón de manos entre Barack Obama y Raúl Castro.

 

El progreso que el comunismo pudo haber llevado a Cuba en el campo de la salud o el deporte, no compensa en lo más mínimo su atraso en temas cívicos, de libertad de pensamiento y de cultura de paz. América no está completa sin Cuba, pero Cuba tampoco está completa sin todos sus hijos.

 

Lo que nos quedó claro es que el pueblo cubano aún tendrá que sufrir mucho para alcanzar una verdadera democracia. Mis respetos para las valientes voces de la sociedad civil cubana que llevan un mensaje de renovación y esperanza. Su lucha me recuerda el espíritu de Martin Luther King, de Gandhi y Mandela. Dios los ilumine y les dé fuerza en este camino tan noble y difícil que transitan.