Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

¿Pena de muerte para la internet en Cuba?

 

Rosa María Rodríguez Torrado, La Rosa Descalza

 

Un fantasma recorre a Cuba: el de internet. Después de un mes del arribo a nuestro país, procedente de Venezuela del cable de fibra óptica que creará autopistas de intercambio de información y telecomunicaciones mucho más rápidas —por los diferentes medios de la prensa nacional han asegurado que hasta un tres mil por ciento mayores—, el gobierno del archipiélago parece que busca pretextos para justificar por qué una vez más continuarán violándonos uno de nuestros derechos ciudadanos impidiéndonos el libre acceso a a la información desde nuestros hogares a través de internet.

 

Hasta el presente alegaban que no podían “abrirla a toda la población” porque, debido al bloqueo de los Estados Unidos, Cuba accedía a través de satélite (Wi-Fi) y eso lentificaba la navegación. Este argumento ha sido debatido por diversos sectores que, aunque vean a través de prismas no especializados, se cuestionan todavía por qué no contrataron un número mayor de servicios satelitales y adquirieron e instalaron más servidores para diversificar las posibilidades y brindar y ampliar las prestaciones a una mayor cantidad de usuarios. Además, si es cierto que son lentas las conexiones, ¿por qué no ofrecernos la posibilidad igual que a los extranjeros de pagarla a pesar de la lentitud? ¿Por qué la marginación con sus compatriotas? Parece que la razón fundamental de esta élite-mar mayormente “picada” (encrespada y crispada) que nos impide navegar es la de continuar discriminando y dividiendo a la sociedad con sus reiteradas prácticas de influencias y extorsión; y usan el acceso a la megarred como una de las prebendas que suelen brindarles a sus incondicionales que están laboralmente ubicados en puestos clave o de interés para la élite de poder. Comparto la idea de romper el bloqueo o embargo estadounidense a Cuba, pero también esencialmente el bloqueo mental de los poderosos de nuestro país, que aparentan interesarse más en «romper el blogueo» de los independientes —que osamos drenar nuestra libertad de expresión «a puño y pluma»— y en violar el derecho a la información del pueblo cubano, que trabajar para que todos podamos disfrutar de los avances tecnológicos de los que ellos gozan y defender y privilegiar el acceso a esas fuentes, que también forman parte de los derechos, la cultura y el saber en general y enriquecen, complementan y consolidan el universo cognitivo.

 

Desde que anunciaron que íbamos a acceder a conexiones de banda ancha, personas de los medios en diferentes programas de televisión se mostraban optimistas ante la posibilidad de la masificación de esa liberadora herramienta. Comenzaron entonces a exponer la importancia de la internet en la cultura, la búsqueda de información de todo tipo, el desarrollo y diversificación de proyectos económicos, etc. En la XIV Convención y Feria Internacional Informática 2011 realizada en febrero pasado en La Habana, se evidenciaron estas naturales apetencias sociales; pero al parecer las protestas en Egipto y otros países del área han causado temores en la autoritaria oligarquía cubana y nuevamente condenaron al paredón de fusilamiento a la libertad. Por eso cada vez les resulta más difícil sustentar el argumento de las bondades y justicia del modelo político, del respeto a los derechos de los cubanos y tienen que «armar» programas televisivos con los tan cacareados y abusados argumentos de siempre. Si internet es un veneno, el mejor antídoto para contrarrestarlo es la democracia y el mejor antivirus para detectar y discernir el código malicioso que puedan tratar de inocularnos se neutralizan con cultura, educación y libertad. Por lo tanto, la aseveración pública y reiterada de los dirigentes del gobierno, de que Cuba es el país más educado y culto del mundo es una clara contradicción que no comprende nadie. Si somos tan listos, ¿por qué no nos permiten entonces acceder a fuentes de información alternativas del centralismo impositivo estatal? La educación y la cultura, para que sean verdaderas y no objetos de propaganda deben marchar necesariamente divorciadas de la censura. Muchos nos preguntamos cómo se pueden tener tanto poder y temor a la vez.

 

Sabemos que el gobierno erigió sus banderas de pueblo sobre los pilares de la salud y la educación —ambas en crisis en la actualidad—, en la militarización de la sociedad y en el excesivo y eficaz (para ellos) control. Les ha resultado muy fácil sin partidos políticos, sindicatos verdaderos —que respondan a los intereses de los trabajadores, no de la administración o el partido único—, ni sociedad civil organizada que busque soluciones reales a sus problemas y se organice de cara a los mismos. Ha sido un modelo desleal a todos los patrones éticos de gobernabilidad. ¡Qué fácil les resultó regentar sin alternativas a elegir, ni propuestas políticas más atractivas que apoyar u otros puntos de vista que escuchar por parte del pueblo! ¡Cuánto enojo deben sentir al no poder intervenir la internet, como hicieron en los 60s con la prensa escrita, la radio y la televisión! Pero la modernidad y el desarrollo tecnológico les están ganando la partida y cada vez que derogan alguno de los derechos ciudadanos se autoacusan de violadores ante sus propios compatriotas. No hace falta que nadie llame la atención sobre el hecho: ellos mismos son sus abogados defensores, pero también sus fiscales. El caso es que tienen la necesidad de crear la atmósfera de plaza sitiada que acostumbran para justificar ante sus seguidores el por qué de la nueva injusticia. Es probable que el propósito sea condenar a cadena perpetua a la internet sin derecho a apelación. ¡Ojalá me equivoque!; pero si el estado cubano se propone apagarnos también esa luz, considero que es posible que lo logren una parte del tiempo, lo que sí dudo es que sean capaces de mantener de forma permanente esa censura.