Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Peleando batallas perdidas de antemano

 

¿Resulta imposible aprender de experiencias pasadas?

 

Eugenio Yáñez, en Cubaencuentro

 

De nuevo Miami se lanza a pelear batallas perdidas desde antes de comenzar. Como si ya no hubiera perdido suficientes. Lo que pudiera llamarse el “síndrome del caso Elián”.

 

Ahora son dos escaramuzas simultáneas, cada una menos promisoria que la otra. Contra un consulado cubano en cualquier lugar del condado Miami-Dade, aunque existan cientos de miles de cubanos requiriendo servicios consulares en el sur de Florida, y contra Cruceros Carnival, por pretender viajes a Cuba sin admitir nacidos en la isla entre sus pasajeros.

 

Respeto totalmente el derecho de quienes estén en contra de un Consulado del régimen en éste o aquel lugar, y de expresar libremente sus criterios sin temor a represalias. Sin embargo, es difícil entender por qué esta discusión, cuando se sabe que ubicar consulados extranjeros en Estados Unidos depende del gobierno federal (Washington, DC) y no de gobiernos locales o estatales. ¿Por qué entonces esta agria trifulca entre cubanos?

 

La manzana de la discordia se trasladó esta vez hasta Miami Beach. El alcalde de esa ciudad, tras visitar Cuba y conversar con autoridades del régimen, dijo estar interesado en que su ciudad albergara un eventual consulado cubano. Y de inmediato comenzaron las percepciones encontradas, entre los que claman por el dolor de tantos cubanos en el sur de Florida por lo que ellos mismos o familiares sufrieron en la isla comunista, y los que dicen que eso debería quedar atrás y que les da igual un consulado cubano en el sur de Florida que diez o veinte, en cualquiera de las 34 ciudades del condado Miami-Dade (condado que, por cierto, tiene en total 35 alcaldes, con sus correspondientes concejales, jefes de policía, administradores, bomberos, burócratas y parásitos cada una de ellas, mientras New York, Chicago, Boston, Filadelfia, o Los Ángeles tienen un alcalde).

 

Lo curioso es que ni siquiera Miami Beach ha presentado una propuesta concreta, sino simplemente opiniones del alcalde, pero ya eso generó gasolina suficiente para incendiar la prensa escrita y programas de televisión y radio en el sur de Florida, donde cada participante tiene, naturalmente, una opinión diferente y más radical que el que le haya precedido. Tan intenso ha sido el choque que, por unos días, las incidencias de las elecciones primarias de ambos partidos para seleccionar los candidatos a presidente han quedado relativamente relegadas a segundo plano.

 

La otra pelotera tiene que ver con el anuncio de que la compañía de Cruceros Carnival comenzará viajes a Cuba el próximo primero de mayo, pero que por disposiciones del régimen nadie nacido en la isla, aunque sea ciudadano americano, puede viajar a Cuba en barco, porque según un arbitrario Decreto-Ley de fines del siglo pasado los nacidos en Cuba no pueden arribar allá por mar ni navegar sus aguas territoriales sin un permiso específico para ello. Un problema similar podría presentarse en el mes de junio si finalmente se autorizan los viajes en ferry entre Florida y Cuba.

 

De inmediato comenzaron las protestas. Era de suponer que frente a la embajada cubana en Washington. Pero no, fueron en Miami contra la empresa Carnival.

 

Y vinieron las comparaciones de siempre, preguntando si Carnival hubiera impedido que personas de raza negra viajaran a la Suráfrica del apartheid si el gobierno racista de aquel país lo prohibía, o a Israel si ese país prohibiera a los judíos viajar allá. Y el ejemplo traído por los pelos: que la compañía de cruceros Royal Norwegian tuvo un caso en Túnez donde el gobierno de ese país impidió desembarcar a ciudadanos israelíes que viajaban en un crucero, y finalmente la compañía suspendió sus escalas en Túnez. Sin embargo, se manosea ese ejemplo sin tener en cuenta circunstancias diferentes: Túnez no tiene jurisdicción sobre ciudadanos israelíes ni esa prohibición sustento legal alguno.

 

No digo que Carnival esté actuando correctamente. Pero decir que hace negocios para ganar dinero, como si eso no fuera lo que hacen todos los negocios que en el mundo existen, es un argumento demasiado pobre. Y si se considera, como es muy probable, que tal medida de Carnival supone discriminación contra ciudadanos americanos nacidos en Cuba, entonces las acciones efectivas no serían protestas en las calles o alegatos en  televisión, sino una acusación legalmente fundamentada ante los tribunales, que para algo vivimos en un país de leyes. Además, abogados de origen cubano en el sur de Florida hay más que suficientes para intentarlo, y podría esperarse que muchos de ellos hasta lo hicieran sin percibir honorarios en un caso tan evidentemente patriótico. Aparentemente, ya fue presentada una primera demanda contra Carnival.

 

Otra opción efectiva podría ser un boicot contra Carnival. Y como el dueño de esa compañía lo es también del equipo de basketball de los Miami Heats, el boicot podría realizarse a la vez contra la compañía de cruceros y el equipo de basket, sobre todo ahora que comienzan los play-offs de la temporada. ¿Se animarán los furiosos a intentarlo? ¿Tendrían poder de convocatoria para conseguirlo?

 

Se perfectamente que estos criterios, y el artículo en general, no resultarán agradables a parte de los lectores, a quienes reconozco su derecho a opiniones diferentes a las mías y a expresarlas libremente.

 

Sin embargo, insisto, ni pretendo postularme para un cargo electivo, ni aspiro a un premio de popularidad en alguno de los sosos programas en la radiodifusión de Miami.  Ni vivo, como otros, preocupado por los “ratings” de programas en televisión o radio.

 

Y, afortunadamente, tampoco padezco del “síndrome del caso Elián”.