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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Púrpura y verdeolivo: ¿una combinación de temporada?

 

Miriam Celaya, La Habana, en Diario de Cuba

 

Cuando en mayo de 2010 se conoció el inicio del diálogo entre el gobierno y la alta jerarquía católica para negociar la liberación de los prisioneros políticos de la Primavera Negra, fuimos muchas las voces que apoyamos el proceso. Pensábamos entonces y también ahora que si el resultado implicaba algo tan positivo como el fin de un presidio injusto y absurdo, bien merecía la pena. Las propias Damas de Blanco -principal organización cívica que influyó en las dilatadas excarcelaciones- reconocieron al cardenal, Jaime Ortega, como legítimo mediador en el conflicto, habida cuenta que las autoridades de la Isla con su infinita soberbia nunca se avendrían a incluirlas a ellas, como tampoco a ningún representante de la oposición militante o de la débil sociedad civil independiente, en la mesa de negociaciones.

 

Lo cierto es que, pese a sus muchas contradicciones y discutibles procedimientos, las excarcelaciones se produjeron y hubo un atisbo de esperanza en las negociaciones como método efectivo para paliar la compleja situación sociopolítica en el país.

 

Sin embargo, la experiencia ha probado que tampoco es saludable magnificar evento alguno. En la actualidad existen razones para conjeturar que -al margen de cualquier interés que moviera a la Iglesia como institución en dicho proceso- a nuestro cardenal le quedó algo ancha la tarea. Porque un mediador contrae determinados compromisos ineludibles que debe cumplir, no solo con la parte fuerte del conflicto, en este caso el gobierno, dueño de un poder omnímodo, sino también (y sobre todo) con el elemento más débil e indefenso, a saber, las Damas de Blanco, los presos liberados y la sociedad en su conjunto.

 

Quizás, después de todo, monseñor Ortega y otros jerarcas católicos tengan con el gobierno más elementos en común que los que suponemos. Al menos es lo que se infiere de las más recientes declaraciones del cardenal, completamente desconectadas de la creciente ola represiva contra las Damas de Blanco, diversos sectores opositores, grupos de la sociedad civil independiente y hasta individuos aislados. Al parecer, la cúpula católica y la gubernamental gravitan sobre Cuba sin mezclarse con los agudos conflictos que atenazan el presente y amenazan el futuro de la nación, e igualmente articulan discursos que nada tienen que ver con la realidad de la Isla.

 

Un reciente cable de AFP, informó que el cardenal manifestó palabras de elogio a los "cambios" emprendidos por el gobierno y señaló "el clima de diálogo que permitió la peregrinación por la isla de la Virgen de la Caridad del Cobre, la primera en 52 años de gobierno comunista". Ortega se refirió a supuestas transformaciones de la alta dirección del país en asuntos de educación, economía y en "concepciones ideológicas un poco viejas", y aseguró que "Se respira un ambiente de cambio (...) sentimos un momento donde no hay esas confrontaciones entre la Iglesia y el Estado comunista (…)". Las cursivas, de esta articulista, pretenden resaltar un elemento esclarecedor: a la alta jerarquía católica parece interesarle más mantener una falsa armonía con las autoridades cubanas que abogar porque se superen las confrontaciones entre el poder y la sociedad.

 

Por su parte, Europa Press fechaba el 5 de septiembre una información bastante menos idílica, pero sí realista: "Al menos 16 damas de blanco y de apoyo -mujeres y familiares de presos políticos cubanos- han sido detenidas este domingo en las provincias de La Habana y Matanzas, ubicadas en el noroeste de Cuba, mientras marchaban hacia distintas iglesias para asistir a misa (…)". Añade la nota que "de forma paralela, las fuerzas de seguridad cubanas han arrestado en incidentes similares a otras nueve mujeres pertenecientes a esta organización, a seis en el municipio de Cárdenas, ubicado también en Matanzas, y a tres en la capital".

 

Todo esto ocurría mientras el cardenal dirigía su mirada piadosa hacia la Virgen y las Damas de Blanco solicitaban insistentemente a representantes de la Iglesia católica cubana que mediaran con el Gobierno para que cese la fuerte represión contra las marchas y otras manifestaciones de protesta pacíficas que se están produciendo en toda la Isla por parte de activistas de Derechos Humanos y varias organizaciones disidentes. A juzgar por la satisfacción de Jaime Ortega con los "cambios" que dice se están produciendo desde el gobierno, poco podremos esperar en este sentido. 

 

El cardenal está contento porque durante la peregrinación de nuestra Santa Patrona, ella trae "un mensaje de paz, fraternidad y reconciliación entre todos los cubanos, sin tener en cuenta ideologías, pertenencias o si están o no en Cuba". Sería verdaderamente loable que Ortega, a tan poco tiempo ya de su cercano retiro, haga un postrer esfuerzo y trate de hacer entender a sus interlocutores de verdes charreteras el significado exacto de las palabras "paz", "fraternidad" y "reconciliación".