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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Otra tragedia cubana

 

Supongo que el equipo geriátrico del Buró Político tenga garantizados sus pampers, porque lo que son el resto de los ancianos cubanos, no tienen

 

Alina Fernández Revuelta, Diario Las Américas

 

El doctor Roberto Morales Ojeda es el Ministro de Salud Pública de Cuba. Tiene 47 años y es uno de los rostros más jóvenes de un Gobierno que cada vez parece más un ardid publicitario del Asilo Santovenia. Probablemente a la Iglesia Católica cubana (que administra el hogar de ancianos), no se le ha ocurrido que si reúnen en una foto al generalato y la dirigencia de la isla, generarían un anuncio tan efectivo como este: “¡Mantenga todo el Poder a sus 90 años!”

 

Es cierto que las monjitas que cuidan el lugar no necesitan más trabajo. Como parece ser el único hogar que funciona dignamente, encontrar acogida en Santovenia es sumamente difícil y no está al alcance de todos los cubanos. Otros hogares y sitios de ingreso permanente están en las peores condiciones imaginables y han sido protagonistas de varias tragedias. La más reciente es la muerte de cinco ancianos en el centro Chung Wa, en la barriada habanera de San Miguel del Padrón. Una muerte de frío, una noche de esas de invierno, imprevisibles, de las pocas y contadas veces en que salen los abrigos de los armarios en una isla calcinada por la mezcla de humedad y calor. Igualmente habrían podido morir deshidratados, y quién sabe cuántos han muerto así, sin aire acondicionado ni ventiladores en las noches tórridas, ni líquidos suficientes, atendidos por gente que en muchos casos ha perdido la sensibilidad más esencial.

 

Otro incidente fue el de Mazorra, el hospital psiquiátrico, también en un mes de enero, pero de 2010. Nada más y nada menos que 26 muertos hubo en lo que “el mayor hospital psiquiátrico de Latinoamérica”. En esa oportunidad hubo declaraciones oficiales. Las autoridades explicaron que se trataba de muertes por negligencia, por “la no adopción oportuna de medidas”. Pero los testigos que entrevistó BBC Mundo por aquel entonces dijeron que las condiciones del hospital eran “deprimentes, faltan los cristales en las ventanas, no hay colchas y la alimentación es pésima”.

 

Aunque lo peor que se dijo no fue eso: Un testigo aseguró que muchos de los trabajadores de la zona “crían puercos con la comida que le roban a los enfermos”…

 

El entonces ministro José Ramón Balaguer dijo que los responsables serían llevados ante los tribunales. Fueron 14 los acusados, desde el director hasta el cocinero. Unos meses después, Balaguer perdió el cargo, a manos de Morales Ojeda, el joven que administra en estos días uno de los “logros de la Revolución”: la salud publica. Sí, los ministros han cambiado, pero la realidad es la misma.

 

Recuerdo que en los años 90 se hablaba de una práctica bastante extendida de robo de comida, no ya en los asilos de ancianos, sino en los círculos infantiles. Robar comida parece un hecho admisible, justificado por la carencia de alimentos en la isla. Claro que un niño que no come bien en el círculo infantil al menos tiene la posibilidad de reforzar en casa. Pero la crueldad de robarle el alimento a un anciano, en su asilo, no tiene comparación ni castigo que lo redima.

 

Fue en esa época, en los años 90, cuando empezó el deterioro generalizado de todos los servicios de salud. Se inició la práctica de tener que llevar al hospital sábana, toalla, jabón, bombillo, comida y antibiótico. En los hospitales no quedaban ni médicos, todos se desplazaron a “misiones internacionalistas”.

 

En estos 20 años, el Gobierno cubano siguió graduando médicos y ahora el problema no es que haya más de 50.000 galenos movilizados fuera del país, porque médicos sobran. Lo que no ha cambiado son las condiciones misérrimas en los centros de salud.

 

La muerte reciente de estos cinco ancianos no ha generado una respuesta oficial. Sin embargo, el ministro Morales Ojeda se reunió el miércoles pasado con la prensa. En esa jerga que sólo se usa para consumo del cubano, expresó que en los centros de salud “está garantizado el aseguramiento de sábanas, toallas, pijamas, jabón, tela verde y mobiliario”… Y rozando apenas el tema de las muertes recientes, habló del envejecimiento poblacional y de la “necesidad de comprar pañales o culeros desechables para los adultos, cuya producción nacional se analizará para más adelante…”

 

Espero que ese “más adelante” no demore demasiado.

 

Supongo que el equipo geriátrico del Buró Político tenga garantizados sus pampers, porque lo que son el resto de los ancianos cubanos, no tienen, al día de hoy, ninguna garantía de un trato digno, en lugares donde algunos individuos desmotivados, irrespetuosos o sin escrúpulos, lucran con su ropa, sus alimentos y sus precarias condiciones de vida, sin control ni interés alguno por parte de un Gobierno que los ha dejado olvidados. Otro crimen más.