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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Operación Alfredo Guevara o la “dolce vita” de un viejo comisario

 

Manuel Zayas, en Café Fuerte 

 

Cuando murió, en abril pasado, la revista The New Yorker lo apodó "el padrino del cine cubano". Ahora, el nombre de Alfredo Guevara (1925-2013) aparece vinculado a una operación policial: el fin de semana el régimen cubano se empleó en un minucioso registro de la casa del viejo comisario cultural, que se practicó sin la autorización expresa de sus herederos legales, residentes en el extranjero.

 

En el obituario que le escribiera el periodista estadounidense Jon Lee Anderson en esa publicación neoyorquina, están adelantadas las claves ocultas de la aparatosa requisa policial que violentó la mañana de los cuidadores de la mansión habanera de Il Capo de la cinematografía cubana, el pasado sábado.

 

“En la última década, Guevara pasó regularmente tiempo en España, donde un hijo adoptivo suyo había establecido residencia y con la ayuda del padre, abierto un restaurante”, escribió Lee Anderson, confirmando toda suerte de privilegios que le están asegurados a los dirigentes cubanos y a sus familias.

 

En esa frase están contenidos dos de los derechos fundamentales negados durante décadas al pueblo cubano: la libertad de viajar y de prosperar. ¿Quién pagaba esos frecuentes viajes de Guevara a España? ¿Y con qué finanzas pudo ayudar un funcionario, que ganaba un exiguo salario en pesos cubanos, a que un hijo adoptivo abriera un restaurante en la capital española? ¿Cuál pudo ser la fuente de esas finanzas en divisas, si no la corrupción en toda regla?

 

Dirigentes excepcionales, medidas excepcionales

 

A propósito de la requisa policial, en una reciente entrevista a Gladys Collazo, presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural (CNPC), la funcionaria citó la ley vigente y en especial el apartado que habla de que “toda persona natural o jurídica, tenedora de cualquier bien patrimonial, está obligada a declararlos ante el Registro Nacional de Bienes Culturales, sin que ello implique modificación de título por el que se posee”.

 

Y a seguidas, Collazo confirmó que en el proceso de inventario “hemos detectado que faltan, por el momento, tres obras de maestros de la vanguardia cubana. Esta pérdida se constató al cotejar la solicitud que habían hecho los herederos al Registro para extraer algunos bienes del país, con las obras que se están inventariando”.

 

La funcionaria ha puesto de relieve la falta de rigor en la aplicación de ley, pues por un lado habla de la obligatoriedad de todo poseedor de un bien patrimonial en registrarlo y por otro, que se ha constatado la ausencia de “tres obras de maestros de la vanguardia cubana”, mencionadas en una solicitud previa de los herederos.

 

En resumen, Collazo ha venido a confirmar que Alfredo Guevara era poseedor de obras de maestros de la pintura cubana, y que contra la propia ley, no las había inscrito reglamentariamente.

 

Ese vacío en la aplicación de la ley parece ser lo que más ha facilitado el tráfico de bienes patrimoniales cubanos, que se ha practicado la mayoría de las veces con anuencia de funcionarios locales, incluido el propio Alfredo Guevara. Es conocido el hecho de la detención de un amigo suyo y empleado del Instituto de Cine (ICAIC) en el aeropuerto habanero en los años 90 mientras trasportaba ilegalmente obras de arte. Cuando fue detenido, ese funcionario pidió que telefonearan a Guevara, quien intercedió por su liberación y se le permitió transportar esas obras fuera del país.

 

A sabiendas de que no han sido las únicas obras perdidas, muchas pinturas cubanas que adornaban los salones y pasillos del ICAIC fueron desapareciendo de la vista de todos. Esas pérdidas son inversamente proporcionales al tren de vida que pudo asegurarle Guevara a su familia en el extranjero.

 

Para documentar la facilidad con que se violaba esa ley figura el propio testimonio de Alfredo Guevara de cuando Fidel Castro regaló una vajilla de porcelana de Sèvres a la mismísima Danielle Miterrand, vajilla que antes había sido saqueada a alguna familia de la burguesía cubana y que, sin mayor trámite, el dictador regaló a la primera dama francesa para satisfacer algún repentino antojo.

 

Maravillas del Vedado

 

"Maravillas del Vedado" fue el nombre de un pequeño restaurante de comida cubana abierto en Madrid por el hijo adoptivo de Alfredo Guevara, Antonio Guevara González, y su esposa, Janet Cueto Parrondo, quienes figuraron como administradores. El negocio se constituyó el 7 de diciembre de 2005 y tenía su local en la calle Concepción Arenal No. 6, cerca de la céntrica Plaza de Callao de la capital española.

 

A raíz de la crisis que comenzó a afectar a España, tres años después el negocio cambió de domicilio social y empezó a ser explotado como empresa de catering.

 

Fuentes documentales señalan que Janet Cueto Parrondo figuró también como dueña de otra empresa similar en el balneario de Marbella y coadministró la Boutique Hogar y Riambau, entre 2003 y 2008, en Mijas, ambos negocios en Andalucía (sur de España). Personas allegadas aseguran que todos los negocios explotados por el matrimonio Guevara González y Cueto Parrondo fueron un fracaso y que acabaron causando deudas que asumió el propio Alfredo Guevara.

 

En el 2009, el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid publicó un edicto donde se notificaba del embargo de las cuentas bancarias de Antonio Guevara González y Janet Cueto Parrondo por deudas no saldadas con la Seguridad Social española.

 

A raíz de la crisis financiera, al matrimonio con sus dos hijos, nacionalizados todos españoles, se les vio con mayor frecuencia en la capital cubana. A comienzos del 2012, la familia se reunió por última vez con Alfredo Guevara. Poco tiempo después se trasladaron a México, donde se estableció la nieta, Claudia Guevara Cueto, modelo de profesión, mientras los demás viajaron hasta Miami con el presunto objetivo de acogerse a la Ley de Ajuste Cubano.

 

Según fuentes cercanas, en Miami han invertido en dos residencias y en automóviles. Una de las propiedades fue comprada en agosto del 2012 por Antonio Guevara González por un valor de $220 mil dólares y se corresponde con una casa de cuatro dormitorios y dos baños, ubicada en el South West de Miami, de acuerdo al registro público de propiedad del condado Miami-Dade.

 

Contactada por CaféFuerte en relación con este artículo, Janet Cueto dijo que la información presentada sobre la familia de Guevara distorsionaba la verdad, aunque declinó comentar sobre el tema.

 

"¿Qué se pretende con esta desinformación? ¿Acaso apoyar el acto injusto que se ha cometido?", se cuestionó Cueto. "Sabemos quiénes somos y cómo hemos actuado; estamos tranquilos".

 

La familia ha denunciado que el allanamiento de la vivienda se hizo sin que se les avisara previamente y sin motivo alguno, y es violatorio del testamento de Alfredo Guevara, quien dejó a Antonio Guevara González, Janet Cueto Parrondo, y los dos hijos del matrimonio, Claudia y Alfredo, como únicos herederos de sus bienes.

 

Muerte de un jerarca

 

Alfredo Guevara murió el pasado 19 de abril en la Clínica de 43, un hospital exclusivo para altos jerarcas del régimen, en donde algunos de sus amigos no pudieron entrar.

 

Murió vigilado más por la policía que por su familia: solamente su nieta Claudia Guevara Cueto, quien se trasladó desde México, pudo verlo en sus momentos finales. Días después ella esparcía sus cenizas en la escalinata de la Universidad de La Habana, siguiendo la última voluntad del fallecido.

 

A la semana del deceso, el Ministerio de Cultura declaraba su papelería patrimonio nacional y a los dos meses irrumpía en la vivienda en busca de documentos, memorias y obras de arte. Medió la denuncia oportuna de un vecino anónimo, realizada el jueves 27 de junio. Y mientras tanto, una funcionaria nos aclara que faltan solo "tres obras de maestros de la vanguardia cubana", sin especificar qué obras y de qué maestros, elementos claves para seguir el rastro de todo bien patrimonial expoliado o robado.

 

Tratándose de un régimen totalitario que todo lo sabe, ¿hasta qué punto estaría dispuesto a admitir la corrupción de uno de sus acólitos más serviles?