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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Ola de críticas y descontento popular por cierre de cines 3D

 

Daniel Palacios, en CaféFuerte

 

LA HABANA.- El descontento y un alto grado de desacuerdo priman entre los cubanos tras la noticia del cierre inmediato de los cines 3D, decisión tomada por el Consejo de Ministros y publicada el pasado sábado en la prensa oficial.

 

La medida gubernamental advirtió que tal forma de gestión nunca fue autorizada entre las variantes del trabajo por cuenta propia y por tanto se decreta el “cierre inmediato” de todos los locales que brinden este tipo de servicio. Pero los argumentos de la decisión no parecen convencer ni a los afectados directos -dueños y consumidores-  ni a representantes del sector artístico e intelectual en el país.

 

En una carta pública enviada a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el ensayista Víctor Fowler Calzada manifestó su frontal desacuerdo: “El hecho de que la cantidad de alegría que a diario se manifestaba en los lugares ahora cerrados (salas de video 3D y salones de juegos de computadoras) proviene de miles de personas concretas que allí gozaban de su tiempo libre, mis hijos, mi esposa y yo entre ellas. A estos les ha sido negado algo que, muy rápidamente, aprendieron a considerar como parte del disfrute y a cambio reciben absolutamente nada”.

 

El derecho a ser banal

 

Fowler salió al paso a las consideraciones sobre el “contenido banal” de las proyecciones en las salas privadas 3D, expresadas por el viceministro de Cultura, Fernando Rojas, en un reportaje aparecido en el diario Juventud Rebelde, una semana antes del cierrre ordenado por el gobierno. En el artículo, Rojas fustigó duramente supuesta trivialidad y falta de calidad de los materiales que se rodaban en tales instalaciones, y propuso revisar la licencia de estos cines y remodelarla, efecto que se extendería a las salas de juegos particulares.

 

“Ser banal es una más entre las opciones de realización que una sociedad sana tiene para sus sujetos y los individuos poseen todo el derecho a consumir, sin la interferencia del Estado, los productos culturales del nivel jerárquico que así deseen”, opinó el escritor en su misiva a la dirección de la UNEAC.

 

Una profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana no se quedó atrás.

 

“El Consejo de Ministros, haciendo uso de las facultades que le están conferidas, y las que se arrogan gracias a nuestro silencio y tolerancia cómplices; se dio cuenta, a meses de iniciarse esta actividad que constituía una fuente de empleo y un espacio de sana recreación cultural; que era escandalosamente ilegal y no podía ser regularizada”, escribió la profesora Elaine Díaz en su página de Facebook. “Enclenque… Esa es la única palabra que califica a un país que le teme a la programación de los cines de barrio”.

 

¿A quién hace daño?

 

El sentimiento de rechazo a la medida tiene también alta temperatura en los barrios.

 

“Es un verdadero absurdo, porque no están haciendo daño a nadie y al menos los jóvenes ahí está entretenidos y no en la calle en las manos de la delincuencia. No entiendo qué tienen en la cabeza nuestros dirigentes”, comentó Rodolfo Morell, un soldador particular del municipio Centro Habana.

 

Benigno Ortega, dueño de uno de los cines cerrados en la populosa calle San Rafael, aseguró que el Estado sabía muy bien de lo que se iban a tratar esos negocios, pues los inspectores revisaron los medios de trabajo con los que se proyectarían los filmes 3D antes de otorgar las licencias.

 

“Ahora vienen a decir que nunca aceptaron como legal este negocio…donde dije digo, dije Diego, eso es falta de seriedad en el manejo de  los trabajos por cuenta propia y falta de respeto al pueblo”, aseveró Ortega.

 

Tal y como sucedió con la venta de ropa importada, los vendedores de discos y el expendio de artículos de plástico, el Consejo de Ministros autorizó el funcionamiento de estos negocios aún sin aclarar el alcance de los mismos.

 

“¿Quién me reembolsa ahora la inversión que hice en la remodelación del local y la compra de los implementos para ver las películas y jugar? Por supuesto que eso no es problema de ellos, pero se sirvieron de nuestros impuestos sin falta cada mes mientras no se les metió en la cabeza cerrar los negocios”, se cuestinó Sundred Varona, propietario de un cine 3D y una sala de juegos en la localidad de Guanabo.

 

No hay propuestas estatales

 

Uno de los elementos esgrimidos con mayor fuerza entre la población está en la insuficiente y mal creada programación en los cines estatales cubanos, así como el limitado acceso de la juventud a la mayoría de las propuestas de diversión disponibles.

 

“El gobierno cierra los cines en 3D y las salas de videojuegos, y dice que es porque no es buena la programación ni el mensaje que llega a la juventud en esos locales, pero no tienen a disposición una propuesta que sustituya el hueco que deja el cierre de estos”, comentó Yunier Fusteda, estudiante de 4to año de Sicología en la Universidad de La Habana.

 

Para él, se trata de “un completo absurdo”: No sé, me parece que lo decidieron gente que no se sienten del pueblo ya”, aseveró el joven.

 

En La Habana existen alrededor de un centenar de cines 3D, así como salas de videojuegos.

 

La disposición se une la las llamadas “actualizaciones” de la gestión del Trabajo por Cuenta Propia, que incluye el reordenamiento de los niveles tributarios de algunos negocios, así como el cierre , limitación y modificaciones totales o parciales de otros.

 

Estas nuevas regulaciones han causado reacciones entre los cubanos, las que hasta el momento han tenido como punto climático una protesta efectuada el  pasado 10 de octubre frente al Capitolio de La Habana, protagonizada por alrededor de un centenar de cuentapropistas.