Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

No quiero hermanos así

 

Miriam Celaya, SinEVAsión

 

Con hermanos como estos no necesitamos enemigo común

 

La reciente asunción del General-Presidente cubano al frente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la callada tolerancia o evidente complacencia de una treintena de naciones democráticas, incluso ante la arrogancia que permeó sus discursos, pone en evidencia el travestismo político de “nuestra América”.

 

Algunos detalles puntuales en las alocuciones de Castro II, como las lecciones que ofreció a sus ¿homólogos? en lo referente al tráfico y consumo de drogas basado en la experiencia cubana, sobre la utilidad estratégica de la pena de muerte, y el irrespeto mayúsculo que mostró a la voluntad de la mayoría del pueblo puertorriqueño –refrendada recientemente en su decisión soberana de mantenerse como estado libre asociado– cuando expresó su pesar por la ausencia de esa nación isleña al cónclave y su esperanza de que algún día forme parte del CELAC, son apenas una muestra de cuánto nos falta para avanzar en la región en materia de cultura democrática.

 

Los desatinos del General fueron acogidos por los impávidos representantes de las democracias latinoamericanas asistentes a la cita, quienes incluso aplaudieron las zoqueterías del anciano ex guerrillero, disfrazado de civil para la ocasión. Asistimos así, entre sonrisas, elogios y apretones de mano, a la alianza de los gobiernos democráticamente electos de esta región –en cuyos países existe pluripartidismo, libertad de movimiento, de expresión y de prensa, derecho de asociación, y otras ventajas ciudadanas que adornan a las democracias– con la longeva satrapía antillana, legitimando de esta manera a una dictadura. El nuevo principio latinoamericano es, según quedó explícito, pasar por encima de lo que han llamado “nuestras diferencias ideológicas y políticas” para consolidar “la unidad de nuestras naciones hermanas” y mantener “el respeto a la autodeterminación” de cada pueblo.

 

Obviamente, los más de treinta gobiernos de Latinoamérica  reunidos en Santiago de Chile decidieron que el totalitarismo impuesto en Cuba no solo es una “ideología”, sino que ha permanecido largamente en el poder gracias a la autodeterminación del pueblo cubano (aunque hay que reconocer que en esto último quizás tienen algo de razón). Acaso el petróleo de Chávez, el sutil detalle de que en La Habana radica la nueva capital de Venezuela, o las inversiones de algunas empresas  latinoamericanas en Cuba,  hayan tenido algo que ver con tanta empatía regional.

 

Tampoco me quedó claro qué compromisos contrae el gobierno cubano con la presidencia de la CELAC, qué ventajas deberían esperar de ello los cubanos y cuáles son las proyecciones a mediano y largo plazo en cuanto a progreso de los pueblos latinoamericanos y caribeños. Al menos desde lo que transmitieron los medios de Cuba, los discursos estuvieron orientados más bien a las referencias históricas que justificaran nuestra supuesta identidad común, a la necesidad de superar la pobreza, y al imperativo de crear un frente común ante las poderosas economías de las naciones desarrolladas del Primer Mundo. Demasiados lugares comunes en las alocuciones. Como se ha hecho costumbre, hubo también muchos “qué” pero pocos “cómo”.

 

A este tenor, mientras hacia el interior de la Isla la dictadura no cede un ápice en materia de libertades ciudadanas, ostenta la presidencia de la organización que agrupa a las naciones democráticas de la región. El discurso agresivo del General, presentando la violencia de la experiencia cubana como carta legítima de gobierno, parece gozar de la complicidad de los asistentes a la cita regional y multiplicando la soledad e indefensión de los cubanos. Concluyó la Cumbre de la dictadura y, en lo que a mí respecta, si estos gobiernos son la representación de nuestros hermanos, prefiero ser hija única.