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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

No es país para juguetes

 

El régimen castrista ha iniciado el año acosando a miembros de la disidencia

En la Noche de Reyes fueron requisados juguetes y ordenadores destinados a niños

 

Gina Montaner, en El Mundo

 

Un año más, el Gobierno castrista les ha dejado carbón a los cubanos en la noche de Reyes. Tras 55 años de dictadura nadie se hace demasiadas ilusiones y el discurso de Raúl Castro el 1 de enero con motivo del aniversario de la Revolución no dejó lugar a dudas: las insuficientes reformas económicas no son, de modo alguno, una puerta hacia un modelo democrático.

 

Suele suceder cuando se trata de Cuba. Cualquier anuncio levanta grandes expectativas dentro y fuera de la isla en lo relativo a que cierta apertura económica podría venir acompañada de una dosis de apertura política. O sea, si los cubanos pueden comprar coches libremente a pesar de sus exorbitantes precios, se propaga el pensamiento mágico de que podría equivaler a mayor libertad. Nada más lejos de la realidad.

 

Precisamente, dos días después de que Castro advirtiera en Santiago de Cuba de que no se tolerará la "subversión interna", la policía política desató una oleada de detenciones en esa parte del país, donde la disidencia es muy activa a pesar del acoso al que está sometida. El 3 de enero, José Daniel Ferrer, líder de la Unión Patriótica de Cuba, y otros opositores fueron detenidos durante horas. Lo mismo sucedió con las Damas de Blanco en la Habana, cuya sede fue allanada por la Seguridad del Estado.

 

Si hay una consigna a la que los castristas se aferran es la de que la calle es de ellos. Los totalitarismos temen que la mecha del descontento pueda saltar en una convocatoria al margen de las oficiales. Y lo que no podía permitir el régimen en vísperas de Reyes es que los disidentes celebraran actos en los que iban a repartir juguetes y caramelos a los niños de familias opositoras.

 

A las pacíficas Damas de Blanco les confiscaron los obsequios y el poco dinero que se había reunido para festejar. En Santiago de Cuba, la policía se llevó ordenadores y también juguetes que iban a ser repartidos. De inmediato, las turbas progubernamentales dijeron que los dichosos juguetes eran una "provocación" planeada por las organizaciones del exilio.

 

A lo largo de 55 años, los hermanos Castro han arrojado migajas al pueblo con la displicencia de los señores feudales que malamente alimentan a la gleba. Ellos son los que dan lo poco que hay y a ellos se les debe la vida, por muy indigna que ésta sea. Lo que no van a consentir es que la oposición traiga esparcimiento y alivie el encierro de tantas décadas. Eso significaría alentar la libre circulación en unas calles que fueron tomadas en 1959 bajo el ominoso lema de "Dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada".

 

Cuando cayó el bloque soviético, Alemania Occidental accedió a continuar los envíos de leche en polvo que la Alemania comunista hacía a Cuba. Era un gesto generoso con un sistema, el cubano, que sólo ha podido mantenerse gracias a los subsidios exteriores. Sin embargo, Berlín puso como condición que Cáritas repartiera la leche para garantizar que le llegara a la población. En aquel entonces, como en su día relató un alto dignatario de la Iglesia cubana, la respuesta del Gobierno castrista fue que los niños tomarían agua con ceniza antes que leche entregada por la Iglesia católica cubana. Así es Saturno con sus hijos.

 

Cuba sigue siendo la finca de unos despóticos señoritos disfrazados de guerrilleros. En la mañana de Reyes no hubo juguetes. Sólo carbón del más oscuro y negro.