Cubanálisis El Think-Tank

REPRODUCCIÓN DE UN ARTÍCULO SOBRE CUBA

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

No es fácil cambiar, pero lo hice (entrevista a Carlos A Saladrigas)

 

Orlando Márquez, Palabra Nueva

 

Carlos A. Saladrigas es uno de los 14 mil niños y adolescentes cubanos que emigraron sin sus padres a Estados Unidos en el programa que se llamó Pedro Pan.

 

Con el paso del tiempo y el esfuerzo personal, logró co-fundar una empresa, The Vincam Group, que en 1998 fue estimada como la mayor compañía hispana de los Estados Unidos. Junto a su poder económico, supo igualmente diseminar su influjo social y político entre lo que se considera el “exilio duro” que reside en el sur de la Florida, uno de cuyos mayores “éxitos” fue “hundir” el crucero en el que vendrían, en enero de 1998, centenares de cubanos deseosos de estar presentes durante la visita a Cuba del hoy beato Juan Pablo II.

 

Pero cambió, dice que no fue fácil pero cambió. Hoy busca influir de otro modo en la comunidad cubana que reside en Estados Unidos, y espera incluso poder participar en el actual proceso cubano. Una empresa que parece imposible pero es reflejo, igualmente, del enérgico cordón umbilical que mantiene atados a muchos cubanos con la Isla.

 

Han transcurrido más de 50 años desde que el primer grupo de cubanos exiliados con motivo de la Revolución de 1959 llegara a Estados Unidos, específicamente a la ciudad de Miami, devenida símbolo de los emigrados cubanos. Si bien esa emigración y establecimiento de cubanos en aquella y otras ciudades no se ha interrumpido, es de suponer que cada grupo lleva el sello de su propia generación y circunstancias. ¿Es esto realmente así? De ser cierto, y según su percepción, ¿en qué medida se ha modificado o transformado lo que suele llamarse exilio cubano?

  

“Lejos de ser monolítico, el exilio cubano es un ente diverso y cambiante. Demográficamente, la forma más efectiva de segmentarlo es por época de llegada, que mejor que ningún otro factor de segmentación, ayuda a entender el comportamiento y la forma de pensar de sus integrantes.

 

“Así vemos que el primer segmento, aquellos que llegaron en la década del sesenta, es considerado el exilio histórico. Debido al entorno político que causó su salida de Cuba, y la edad avanzada de los mismos, este grupo se define por sus actitudes beligerantes hacia Cuba y por la intransigencia de sus posiciones. Este grupo ha sido descrito por el profesor Damián Fernández, como un grupo motivado por la política de la pasión, no de la razón.

 

“Sin embargo, este segmento, aun dentro de sí, tampoco es monolítico. Dentro de él hay divisiones marcadas principalmente por el nivel de educación o éxito económico alcanzado, o por la edad que tenían cuando dejaron a Cuba. Los más educados y económicamente exitosos, tienden a ver el tema de Cuba –aunque igualmente apasionado– más propensos a utilizar el razonamiento para buscar posturas y soluciones más pragmáticas y efectivas. Un subgrupo importante de esta generación es el de los ‘Pedro Pan’.

 

“El segundo grupo importante está compuesto por aquellos que llegaron en la década del noventa y posterior a esta fecha. Estos, mucho más jóvenes, en su inmensa mayoría se formaron en la Cuba revolucionaria, y sus vivencias y actitudes reflejan esa enorme diferencia. A diferencia del grupo anterior, han dejado atrás vínculos familiares y amistosos, que no están dispuestos a subordinar a la política. Aunque en general poseen altos niveles de educación, han llegado a los Estados Unidos en una etapa donde las oportunidades de progresar son más limitadas que en la década del sesenta y tienen mayor dificultad para encaminarse económicamente.

 

“Siguiendo la clasificación del profesor Fernández, este grupo es motivado por la política del afecto, es el grupo que más viaja a Cuba y produce la mayoría de las remesas que son enviadas a familiares en la Isla. Sin embargo, son lentos en procurar la ciudadanía norteamericana, y cuando la logran, no tienen premura en inscribirse para votar, y se les ve como apáticos en el sentido político. Es por eso que en los resultados electorales predomina la voluntad de los históricos, aunque ya hace rato que dejaron de constituir la mayoría de los cubano-americanos.

  

 “A pesar de esas diferencias, que son notables e importantes, el exilio cubano profesa unanimidad, y difiere de otras olas migratorias de los Estados Unidos, en su pasión y amor por Cuba. Este, aunque a veces mal dirigido, es genuino, y es raro el cubano-americano que no añore a su patria y le guarde un espacio especial en sus corazones.”

 

El pasado año se cumplieron también cinco décadas de la llamada Operación Pedro Pan. Usted mismo emigró por esa vía y es por tanto, como otros miles de cubanos, un “pedropan”. ¿Pudiera comentar sobre esta experiencia personal?

 

“Efectivamente, yo soy un Pedro Pan, el éxodo por el cual salieron de Cuba más de catorce mil niños y niñas sin la compañía de sus padres. Salí de Cuba en agosto de 1961. Para los que la vivieron fue una experiencia dura y extremadamente dolorosa. Yo, siendo hijo único, salí a los 12 años de edad. Al llegar me recibieron unos tíos, que aunque me trataron igual que a sus propios hijos, estaban atravesando grandes dificultades económicas. Mi tía, quien sufría de depresión, no nos obligaba a ir a la escuela, cosa que a esa edad nos causaba enorme alegría.

 

“Viendo aquello, una prima que ya estaba en Miami le escribió a mi madre diciéndole que yo necesitaba más disciplina y le pidió llevarme para su casa. Así lo hizo, y este fue el comienzo de una de las etapas más dolorosas de mi vida. Su marido, que era déspota, me hizo la vida imposible, y en mayo o junio de 1962, me echaron de la casa. Tuve la suerte de que unos amigos de mis padres amablemente me recogieron en su casa, donde estuve hasta agosto del 62, cuando llegaron mis padres.

 

“Sufrí mucho durante ese año en que me encontraba solo y triste. Recuerdo encontrar consuelo y paz en momentos de soledad en que me iba en bicicleta a una iglesia cercana donde rezaba y lloraba. Esos fueron momentos en que, aunque muy joven, sentí y pude percibir el amor y el consuelo de Dios, y donde aprendí que rezar en soledad, es una forma muy especial de acercarse a Dios y conocerle personalmente.

 

“Los años que siguieron no fueron fáciles. Mi madre contrajo cáncer a los pocos años de haber llegado, y tuve que abandonar la escuela para trabajar y ayudar a sufragar los gastos de la casa. Mi madre murió muy joven y me casé a los 19 años, con la mujer que hoy sigue a mi lado, quien me dió cuatro extraordinarios hijos, y ha sido mi apoyo y mi sostén por ya más de 42 años. Hice toda mi carrera en clases nocturnas, y recibí becas y préstamos que me ayudaron a concluir con una maestría en la universidad de Harvard.

 

“En realidad, no comprendí la enormidad del sacrificio de mis padres al decidir enviarme fuera de Cuba, hasta que yo mismo tuve hijos. Cuando cada uno de ellos llegó a los 12 años de edad, siempre me traía a la mente el recuerdo de Pedro Pan. Me pasaba largos ratos meditando y me preguntaba qué yo haría. ¿Los enviaría a un país extraño tal como hicieron mis padres?

 

“Nunca obtuve respuesta. Aún hoy no sé qué haría. Mis padres hicieron lo mejor que en sus corazones decidieron. Sé que si yo sufrí, más sufrieron ellos. Son decisiones duras y difíciles. De lo que sí estoy seguro es que le ruego a Dios encarecidamente, que nunca más haya necesidad de otro Pedro Pan en nuestra patria. El futuro de Cuba tiene que ser incluyente. Ya hemos padecido demasiada exclusión.”

 

Para el gobierno cubano aquello fue parte de una campaña desestabilizadora contra la naciente Revolución, en la que se vieron implicados los mismos padres u otros familiares de quienes eran niños entonces, e incluso figuras de la Iglesia en Cuba. ¿Cuál es su visión e interpretación de aquel acontecimiento? ¿Cree que algún día podremos escribir con serenidad esa y otras historias propias?

 

“Sabemos que la Operación Pedro Pan fue concebida por personas en Cuba en cooperación con monseñor Bryan Walsh, de la diócesis de Miami. Sabemos también que el gobierno norteamericano sabía de la operación y autorizó a monseñor Walsh a emitir las visas waivers. Pero también es difícil pensar que el gobierno cubano desconocía que esto estaba sucediendo.

 

“En fin, hay muchas versiones. Unos dicen que fue una iniciativa de la CIA para desestabilizar a la incipiente Revolución. Otros culpan al gobierno revolucionario, y dicen que fue una estrategia para sacar de Cuba a las clases media y pudiente, que podrían obstaculizar la consolidación de la Revolución. Ya los historiadores, en la calma que provee el paso del tiempo, podrán analizar los documentos en ambos países y determinar con certeza lo que sucedió.

 

“Sin embargo, para aquellos que lo vivimos, no fue un suceso histórico, sino una vivencia muy personal y emotiva.”

 

En el año 1997, usted y otros muchos cubanos, hicieron campaña para evitar que un crucero procedente de Miami trajera emigrados cubanos que querían participar en la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba, en enero de 1998. Tuvieron éxito y el crucero no viajó. Sin embargo, después de aquello usted ha asumido una postura más conciliadora, e incluso se ha opuesto a legisladores cubanoamericanos que desean potenciar aún más las restricciones de Estados Unidos hacia Cuba y los contactos entre cubanos de uno y otro lado. ¿Por qué ese cambio? ¿Su postura es también la de otras figuras influyentes en aquella comunidad?

 

“Es cierto. Yo lideré el esfuerzo de presionar a la arquidiócesis de Miami para que cancelara el crucero, y lo conseguimos. Hoy me pesa enormemente, pero a la vez, este incidente fue la génesis de mi transformación. Yo era de línea dura, al igual que muchos en el exilio. Era duro por convicción, pero también es cierto que ser de línea dura era lo fácil, lo esperado por la comunidad exiliada. Creo que todas las sociedades ejercen enormes presiones al conformismo, a aceptar el pensamiento prevaleciente, y todas las sociedades, incluyendo la exiliada, imponen un alto precio al disenso.

 

“Sin embargo, el incidente del crucero, y la visita de Su Santidad a la Isla me hicieron pensar y revaluar mis criterios. No es fácil para un ser humano cambiar, ni aceptar que hemos pasado gran parte de nuestras vidas en el error, pero lo hice. Le debo mucho a la influencia de personas como el padre José Conrado Rodríguez, que me ayudó espiritualmente a entender que ese no era el camino. En resumen, me puse a pensar, y cuando uno piensa, uno contempla otros puntos de vista y entiende que nadie tiene el monopolio de la verdad. Por años, el exilio ha estado obsesionado con derrotar a la Revolución cubana y en pos de ese objetivo se aceptó la relatividad de que el fin justifica el medio.

 

“La ética nos enseña que no puede ser así, que el fin raras veces justifica los medios, y rechacé la estrategia de intentar dañar al régimen cubano a través de dañar al pueblo. No es sostenible abogar por severas medidas para Cuba cuando nosotros en la diáspora no vivimos con las consecuencias de esas medidas. En un futuro, el pueblo cubano nos reclamará por qué abogamos por medidas que le causaron aislamiento y mayores dificultades.

 

“En Miami, me imagino que al igual que en Cuba, hay algunas personas que son verdaderos mercaderes del odio. Se les conoce por sus frutos. Destruyen, no construyen, critican, no proponen, dividen, pero nunca suman. Gritan en la radio y hacen ruido, pero importan poco. Sin embargo, me complace decir que Miami ha cambiado enormemente. Esta gente son todos del pasado, no pertenecen al futuro.

”Para que Cuba cambie y prospere, todos los cubanos tenemos que cambiar. Persona a persona, familia a familia. El exilio cubano ya comenzó la jornada.”

 

Mirando más a lo que acontece hoy al interior de la Isla, en palabras del cardenal Jaime Ortega, la Iglesia siempre se había interesado en los presos, pero el pasado año, por primera vez, hubo una respuesta concreta de las autoridades a ese interés, e incluso el gobierno cubano pidió a la Iglesia que mediara entre él y las familias de los presos. ¿Cómo se ve desde Miami todo esto? ¿Cuál es su opinión personal?

 

“La liberación de presos de conciencia, no importa las circunstancias, siempre es algo bueno y encomiable. Los exiliados de buena fe han entendido que la Iglesia, por la esencia de su misión, siempre ha tenido una preocupación especial por los presos, especialmente por aquellos que están encarcelados injustamente.

 

“Por supuesto, en Miami existen opiniones encontradas al respecto. Pero en ese sentido, nos alegra inmensamente que haya habido una respuesta positiva del gobierno cubano para liberar a estos presos. En el nivel político, esto ha sido un gesto importante y trascendente por parte del gobierno cubano que augura otros cambios y facilita enormemente la reinserción de Cuba en la comunidad internacional.”

 

Aunque resultan desconocidos para muchos en la Isla, existen algunas instituciones como el Instituto de Estudios Cubanos, conformado por académicos cubanos residentes en Estados Unidos y otros países; el Instituto de Estudios Cubanos y Cubanoamericanos, de la Universidad de Miami; el Grupo de Estudios sobre Cuba que usted fundó o ayudó a fundar, y tal vez otros más. ¿Cuál es el propósito de tales grupos, y el del suyo en particular? ¿Hay contactos con académicos que viven dentro de Cuba?

 

“Estos grupos siempre han tenido como fin el contribuir al debate sobre el futuro de Cuba, algunos con mayor efectividad que otros. Unos han estado más abiertos a una mayor constelación de ideas, otros han sido más aferrados a cierta ortodoxia.

 

“El Grupo de Estudios de Cuba que yo presido, desde su fundación en el 2001, ha perseguido los siguientes objetivos:

 

• Darle voz a la creciente diversidad del exilio cubano y que se proyecte ante el mundo como la ente diversa, democrática y conciliatoria que es. No somos los bárbaros frente al portón como a veces se nos pinta. Ya que algunos medios en español de Miami no ofrecen libertad de criterios y cuyas voces no representan a la mayoría del exilio, decidimos darle voz a la diáspora mediante múltiples encuestas que hemos hecho a través de los años, algunas conjuntamente con universidades y prestigiosas instituciones.

 

• Facilitar, en la medida que podamos, los cambios en Cuba. No creo que nadie hoy dispute que Cuba necesita cambiar, hasta el propio presidente Castro lo ha dicho. Nosotros queremos ser activos facilitadores, no obstáculos al cambio.

 

• Procurar de distintos países, políticas exteriores hacia Cuba que igualmente sean facilitadoras, no obstaculizadoras, de los cambios que Cuba necesita, exigiendo el respeto debido a nuestra soberanía.

 

• Ayudar a nuestros hermanos en Cuba en la medida que podamos y que se nos permita, tanto con nuestro propio talento y recursos, como también mediante las esferas en que podamos influir.

 

• Promover los derechos de todos los cubanos, cuando estos sean atropellados por cualquier gobierno, así sea el cubano como el estadounidense.

 

• Por último, ofrecer ideas y propuestas concretas para ayudar a la prosperidad económica de los cubanos. Esa es la esencia del Grupo de Estudios de Cuba—hacer todo lo posible para que todas las piezas estén sobre la mesa.”

 

¿Por qué hacer propuestas desde la distancia cuando resultan desconocidas para quienes viven en la Isla, o tienen poco o ningún efecto dentro de Cuba? ¿Por qué ese interés en continuar pensando en Cuba?

 

“Hacemos propuestas y presentamos ideas porque sentimos un amor profundo por Cuba y por nuestros hermanos. A pesar de los años que llevamos fuera de Cuba, nuestro amor y añoranza por Cuba no ha desvanecido.

 

“El presidente Raúl Castro ha pedido a todos los cubanos que presenten sus ideas para contribuir a una Cuba mejor. Como cubanos que somos, así lo hacemos. Tenemos algo que contribuir al debate sobre los cambios en Cuba. El éxito empresarial y profesional de los integrantes del grupo demuestra un enorme talento y amplitud de conocimientos económicos y empresariales.

 

“Por lo tanto, hemos hecho varias propuestas, pero siempre con la salvedad de que les falta la perspectiva de aquellos que viven en Cuba y mejor la conocen. Siempre lo hemos hecho con la humildad que corresponde. Nunca aspiramos a imponer, sino solo al derecho de poner ideas y proyectos sobre la mesa. Lo hacemos desde acá porque no se nos ha permitido aún hacerlo en Cuba. Esperamos que algún día esto sea posible.”

 

Usted ha logrado éxito empresarial. ¿Se considera un hombre de éxito? ¿Qué lugar ocupa la familia en su vida, y la fe?

 

“La familia es la esencia de la vida, y he sido bendecido con cuatro hijos maravillosos y seis nietos. Nunca pensé que ser abuelo iba a ser la mejor parte de la vida. ¡Si lo hubiera sabido, los hubiera tenido primero!

 

“Aunque la familia es el centro de la vida, Dios nos llama a velar por la familia humana con esmero y dedicación. Yo lo visualizo como una serie de círculos concéntricos, donde en el centro está Dios, después la familia, la patria, la humanidad, etc. Por eso es que la fe es el ancla de nuestras vidas. Es la que nos llama a lo bueno y al amor.

 

“Hace algunos años tuve el privilegio de dar un discurso en una graduación del Colegio de Belén. En ese discurso les dije a los muchachos que uno solo sabrá si ha sido exitoso en el último momento de su vida. En ese momento, inevitablemente miraremos hacia atrás, y si no tenemos muchos pesares, entonces podremos concluir que hemos sido exitosos.

 

“No conozco a nadie que en el momento de su muerte haya deseado haber tenido un peso más, un carro más lindo, o una casa más grande. El éxito de un ser humano se va a medir por su legado, por el amor que ha sembrado, el bien que ha hecho, y por el impacto que ha dejado a su alrededor.

 

“Esa es la esencia de la parábola de los talentos. No todos los empleados recibieron el mismo capital, algunos perdieron, otros ganaron. Todos fueron premiados. Solo fue castigado aquel, que temeroso de perder el dinero, lo enterró. No tomó riesgos. Dios nos llama a tomar riesgos por crear un mundo mejor, una Cuba mejor.”

 

¿Qué opinión le merece los pasos dados por el gobierno cubano para deshacer el nudo económico en que se encuentra el país?

 

“La economía cubana sufre de una enorme falta de productividad y de creatividad. Basta un ejemplo. Estando en Cuba, en días pasados, alguien me comentó que un objetivo básico de las reformas es sustituir las importaciones con producción interna. Le respondí que los problemas de Cuba ameritan pensar en grandes soluciones. ¿Por qué contentarse con sustituir importaciones cuando se puede pensar en crear exportaciones?

 

“Ahí radica el primer problema con las reformas y los lineamientos que se han presentado hasta ahora. Se conocen bien los problemas que padecemos, y se puede hablar de soluciones a corto plazo. ¿Pero hacia dónde vamos? Por encima de todo, los cubanos necesitan una visión de futuro.

 

“El segundo problema radica en un cambio de filosofía. Errar es humano, aceptar errores es de sabios. Es menester salvar lo que hay que salvar, y cambiar lo que hay que hay que cambiar. Si no se crea riqueza no se resuelve la pobreza, se pierde la soberanía, y no va a quedar nada que salvar.

 

“Pero para crear riqueza hay que aceptar errores cometidos y aceptar al empresario y al productor como salvadores, no como un mal necesario. Se necesita un cambio de filosofía.

 

“El tercer problema se basa en la falta de claridad. El crecimiento económico necesita una legalidad clara, específica e irreversible para que tenga la confianza necesaria para invertir esfuerzo y capital.

 

“El cuarto problema se basa en el deseo frenético de controlar toda la actividad humana. Efectivamente, la burocracia creada minuciosamente a través del los años, es hoy, posiblemente, el obstáculo mas difícil que enfrenta el presidente cubano y aquellos, que como él, han articulado la necesidad de cambios estructurales.

 

“Por último, hace falta una dosis masiva de pragmatismo. Si es cierto que avanzar demasiado rápido conlleva el riesgo del caos, también es cierto que avanzar demasiado lento conlleva e incrementa el mismo riesgo. Nadie es lo suficientemente sabio para saber cuál es la velocidad correcta del cambio, pero se debe favorecer la rapidez sobre la inercia y el letargo.

 

“La recarga fiscal impuesta sobre los cuentapropistas y pequeños empresarios es un ejemplo claro de la falta de pragmatismo. Todos los negocios cuando empiezan tienen un flujo de caja negativo por los primeros meses o años. Si encima de ese flujo de caja negativo hay que pagar impuestos de forma anticipada, se destina la pequeña empresa al fracaso cierto. ¿Por qué no crear un sistema impositivo que tenga una exención gradual en la fase inicial de las pequeñas empresas?

 

“El Grupo de Estudios de Cuba, en un documento emitido hace ya un par de años, recomendaba que Cuba comenzara sus reformas económicas a través de la microeconomía, tal como se está haciendo. No basta con eso. Los problemas económicos son complejos, acrecentados por sanciones estadounidenses que desproporcionadamente castigan al pueblo cubano más que al mismo gobierno. Las reformas macro-económicas son también desesperadamente necesarias para atraer a la necesaria inversión extranjera y para crear las condiciones de prosperidad económica que hace tanta falta para que nuestros jóvenes no recurran a la emigración.

 

“Los sistemas económicos rotos no se pueden remendar con medidas tímidas, ni pedacito a pedacito. Los mercados no ofrecen soluciones para todos los problemas que enfrenta una sociedad. Pero cuando los mercados ofrecen solución, generalmente son la mejor solución. Esto no es ideología, son hechos probados y constatados.”

 

¿Usted cree que, si se diera la oportunidad, empresarios cubanos emigrados como usted, tengan interés en invertir en la Isla? Si los cubanos en la Isla aún no pudieran invertir, ¿cree correcto que lo hagan quienes residen fuera?

 

“El empresariado cubano en el exterior tiene mucho que contribuir a la Cuba del futuro. Somos parte del enorme capital humano con el que cuenta la patria. Conozco a casi todos los grandes empresarios de Miami, de hecho, muchos de ellos forman parte del grupo que presido. Sé bien el interés que tienen en poder contribuir con su talento y su tesoro para ayudar a una Cuba que prospere y progrese.

 

“Creemos también en la necesidad de crear un capital cubano, criollo. Nos preocupa una Cuba donde el capital vuelva a ser mayoritariamente extranjero. Después de tantos años de sacrificio luchando por la soberanía, seria irónico que regresáramos a una Cuba dominada por el capital extranjero.

 

“No quiero que se me malentienda. No soy adverso al capital extranjero. Creo que Cuba tiene que aprender a atraerlo y retenerlo. Pero el capital criollo tiene una tasa de reinversión mucho más alta que el extranjero, y como se ha demostrado a lo largo de la historia, el capital cubano conlleva un amor por la patria que no tiene el extranjero.

 

“Es por eso que, para el empresariado de la diáspora, sería éticamente inaceptable que se le permita invertir en Cuba, en calidad de inversor extranjero, si no se les ofrece la misma oportunidad a los cubanos que residen en Cuba. De hecho, sería contraproducente. Los cubanos de la Isla conocen a Cuba, los de la diáspora no, o no tan bien. Por lo tanto, muchos empresarios del exilio desearán invertir en Cuba en sociedad con cubanos de la Isla que conocen de una forma mas íntima las peculiaridades del mercado y la idiosincrasia de la Cuba contemporánea.”

 

Supongamos que lo anterior deja de ser ficción y se hace realidad, es decir que los cubanos que residen en el exterior puedan invertir en Cuba. ¿Por qué quienes residen en la Isla deben creer que sus propósitos son de ayudar al desarrollo de la Isla y no simplemente aprovechar la coyuntura económica, lo cual deja a los de la Isla en desventaja?

 

“Como expliqué anteriormente, no creo que haya cubano en la diáspora que acepte invertir en Cuba en calidad de inversor extranjero. Invertiremos en Cuba cuando todos los cubanos tengan el mismo derecho, y cuando los cubanos que residan en Cuba puedan libremente ser nuestros socios en la creación de las empresas que tanto Cuba necesita para revitalizar su economía.”

 

Siguiendo con la ficción que pudiera convertirse en realidad, ¿cree que el empresariado cubano en el exterior estaría dispuesto a aceptar las reglas que establezca el gobierno cubano para participar en el desarrollo económico de la Isla?

 

“Depende de las reglas. Para conseguir que el capital fluya a Cuba, sea de cubanos o de extranjeros, el gobierno cubano tendrá que incorporar las reglas universales para atraer capital. Estas consisten en un marco legal claro y no ambiguo, un sistema judicial efectivo y justo para la resolución de disputas, certeza y no arbitrariedad, un riesgo político moderado, y un clima laboral justo y equitativo.

 

“Dadas estas condiciones, el capital cubano del exterior, al igual que el capital extranjero, fluirá hacia Cuba en grandes cantidades en busca de un rédito competitivo.”