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CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Ni a cenar

 

Jorge G. Castañeda, Terra

 

Hace 31 años Fidel Castro fue informado por México de que no podría asistir a la Cumbre Norte-Sur en Cancún. El organizador, López Portillo, se vio obligado a no requerir a su amigo; Reagan, presidente de Estados Unidos, fue muy claro: si iba Castro, no iría él. Y aunque Cuba presidía a los Países No Alineados, carecía de sentido una reunión sobre desarrollo económico sin EU. Cuando Castro fue notificado, hizo un gran berrinche, pero tuvo que aceptar.

 

Hace unos días, el presidente colombiano Santos viajó a La Habana para informarle, ahora a Raúl, que no podría asistir a la Cumbre en Cartagena en abril. Semanas antes, Rafael Correa había amenazado, a nombre del ALBA (Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Cuba y Paraguay a medias), que si no invitaban a Cuba, ellos no irían. Como en 1981, con México, Santos habría previamente despachado a su canciller a la isla para indagar sobre el deseo cubano de participar; la respuesta de Raúl había sido afirmativa.

 

Ello colocó a Santos en una situación incómoda: o bien padecía el boicot del ALBA, o bien casi seguramente tendría que prescindir de Obama. Por más consejos bien intencionados, aunque ilusos, que varios latinoamericanos dieron a Obama -de ir a Colombia y usar el foro para exigir la democratización de Cuba de cara a Castro-, lo último que necesita un Presidente demócrata, en plena campaña y criticado por sus adversarios por "liberal y débil", es una foto con cualquiera de los Castro. Igual que JLP hace 31 años, Santos le avisó a Raúl que "no hubo consenso para invitarlo a Cartagena".

 

Hace 10 años, le pasó algo semejante a Fox y a su canciller (el que escribe). Con una diferencia: la Conferencia en Monterrey era un cónclave de la ONU. El país anfitrión se veía obligado a invitar a todos los países de la ONU.

 

No era posible evitar la visita de Castro a Monterrey si él quería. Y lo deseaba para presionar a Fox y evitar la condena a Cuba en Ginebra. Fox no desinvitó a Castro, pero le dijo que era bienvenido por el mínimo tiempo posible, marcado por el reglamento de la ONU: su discurso, el llamado retiro, y una cena. La razón era obvia: desde su viaje a Caracas en 1959, Castro ha hecho política en cada país que visita. Basta recordar su estancia de un mes en Chile, en 1972, y la pesadilla que fue para Allende.

 

Fox, con razón, quiso impedir el proselitismo de Castro por las calles de Monterrey, y así se lo hizo saber. La prensa mexicana resumió la postura de Fox con la ficticia exclamación "Comes y te vas". López Portillo y Santos no invitaron a los Castro ni a comer ni a cenar; Fox lo sentó a su lado y lo acompañó a terminar el postre para que regresara a su isla.

 

Lo notable en 30 años es que, a pesar de la supuesta declinación del poder de Estados Unidos en América Latina, de la supuesta mayor independencia de países sudamericanos y de las supuestas reformas de Raúl Castro en Cuba, cuando algún país tiene que escoger entre los Castro y Washington, hacen lo mismo: Washington. Los supuestos aliados de La Habana -Brasil o Argentina por ejemplo- no se sumaron al boicot del ALBA. México tampoco.

 

La postura de México refleja las paradojas de la vida internacional. A menos de que suceda algo sorprendente, el presidente Calderón será el primer mandatario mexicano desde Díaz Ordaz en no visitar Cuba; Echeverría fue tres días al igual que López Portillo. De la Madrid fue dos días al final, en 1988; Salinas fue por seis horas a finales de su mandato; Zedillo acudió a la Cumbre Iberoamericana, aunque no en visita bilateral, en noviembre de 1999; Fox fue dos días en febrero de 2002.

 

Calderón es el Presidente más castrófilo desde López Portillo (Salinas se volvió después). No deseaba nada más que recomponer las relaciones entre México y Cuba lastimadas, según el Presidente mexicano, por culpa de Fox. Aparentemente se quedará con las ganas y viajará después de su sexenio. Ya se verá si gozará de la misma hospitalidad que recibieron otros; a lo mejor Calderón la necesitará más.