Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Negociación Cuba-EEUU: ¿Se abrirán por fin las embajadas?

 

Wilfredo Cancio Isla, CaféFuerte

 

Cuba y Estados Unidos sostendrán a partir de este martes en Washington un diálogo sobre el espinoso tema de los derechos humanos que abonará el terreno para el encuentro entre Barack Obama y Raúl Castro en la venidera Cumbre de las Américas de Panamá.

 

La delegación cubana se ha desplazado hasta Washington con una nueva batería de negociadores que incluye a Pedro Luis Pedroso Cuesta, subdirector general de Asuntos Multilaterales y Derecho Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores; y a Anayansi Rodríguez Camejo, embajadora ante Naciones Unidas en Ginebra.  Una comitiva de periodistas oficiales -entre ellos muchos de los participantes en la anterior ronda de conversaciones del pasado 27 de febrero- han hecho el viaje desde La Habana para cubrir la reunión  con la que el gobierno cubano busca reforzar su legitimidad ante la comunidad internacional en un tema por el que tradicionalmente ha sido blanco de críticas, cuestionamientos y sanciones durante décadas.

 

Cuba ha insistido en recordar mediante comunicados y declaraciones recientes que esta reunión bilateral fue propuesta por su gobierno desde julio del 2014, es decir, en medio del proceso de negociaciones secretas que desembocó en el anuncio de restablecimiento de relaciones, el pasado 17 de diciembre. Y su celebración apenas a 10 días de la Cumbre de Panamá le viene como anillo al dedo para llegar a la cita hemisférica en una postura ventajosa como país dialogante, abierto y receptivo, que ha logrado conversar sobre derechos fundamentales de sus ciudadanos con su ex archienemigo.

 

Marcando el terreno

 

Antes de abrirse la ronda de conversaciones, el gobierno cubano ha marcado ya su territorio aclarando que espera un “diálogo civilizado y respetuoso” que ni implique injerencia en los asuntos internos de la isla.

 

Aunque la representante Rodríguez Camejo ha expresado que Cuba asiste a este diálogo con total conciencia de que “existen profundas diferencias de concepciones, de posiciones, de opiniones” entre ambos países respecto al tema de los sistemas políticos, de democracia, de derechos humanos y del respeto al Derecho Internacional, llama la atención dos puntos enfáticos de su declaración ante la prensa:

 

“Expondremos los resultados de Cuba en la promoción y protección de los derechos humanos, no sólo para nuestro pueblo, sino como Cuba ha contribuido, también, con la promoción y protección de los derechos humanos en otras naciones del mundo, a través de la cooperación internacional, de la cooperación Sur-Sur”.

 

“Al mismo tiempo, abordaremos las preocupaciones que tenemos sobre la situación de los derechos humanos en Estados Unidos, que no son solo preocupaciones de Cuba sino preocupaciones de la propia sociedad norteamericana y de la comunidad internacional en general”.

 

De manera que el régimen cubano pretende que “relacionarse civilizadamente” dentro del reconocimiento y el respeto las diferencias sobre el tema de los derechos humanos implica el reconocimiento de sus campañas de cooperación internacional en misiones médicas y educativas alrededor del mundo, y adentrarse también en los casos de violaciones de derechos civiles en territorio norteamericano, pero no en los reclamos fundamentales de los ciudadanos de la isla.

 

Con estas cartas sobre la mesa llega al diálogo el jefe de la delegación estadounidense, Tomasz Malinowski, subsecretario adjunto para Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado. Un funcionario de ancestros polacos que conoce bien el entramado del régimen cubano y quien tratará de que las conversaciones no soslayen la visión universal sobre las libertades individuales y los derechos ciudadanos dentro de la isla, más allá del discurso oficial del Estado protector de la salud y el bienestar de los cubanos.

 

A imagen y semejanza

 

El gobierno cubano ha venido preparando con  esmero su imagen moldeada de sociedad civil con vistas a la Cumbre de las Américas, promoviendo encuentros con representantes de los CDR, FMC, UPEC, Unión de Juristas de Cuba y un largo etcétera que incluye hasta el representante de la Federación de Espiritistas de Cuba  como parte de una delegación que viajará a Panamá. Pero obviamente esta plataforma le sirve con doble propósito para hablar ahora en Washington.

 

El Departamento de Estado ha presentado la convocatoria de este martes como una reunión de planificación “para discutir la estructura y la metodología de las futuras conversaciones de derechos humanos”, según declaraciones del vocero Jeff Rathke.

 

“El diálogo sobre los derechos humanos ha sido una de las áreas que hemos acordado con Cuba que vamos a discutir, así que esto es conseguir que el proceso de diálogo siga en movimiento… Tuvimos las discusiones acerca de la tecnología de la información y las comunicaciones, y este es un elemento más para avanzar en nuestro diálogo con Cuba”, apuntó Rathke.

 

Y aunque el funcionario consideró que “todo es parte de la misma política” de la Casa Blanca, admitió que el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la apertura de embajadas se mueve en paralelo con esos otros diálogos, pero no depende de ellos para conseguirlo.

 

Embajadas en espera

 

Quedando apenas 10 días para la Cumbre de las Américas no parece que la negociación para la apertura de embajadas en La Habana y Washington logre consumarse en las próximas dos semanas.

 

Tres de los puntos básicos que Cuba ha planteado para acceder al restablecimiento de relaciones a nivel de sedes diplomática están sin resolverse, ni vislumbrarse una salida inmediata: 1) la posibilidad de acceso a una institución bancaria que pueda operar las transacciones de la Sección de Intereses en Washington y la misión diplomática de Naciones Unidas en Nueva York. 2) la eliminación de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo. 3) el acuerdo para la libre circulación de diplomáticos en cada país, sin limitación del radio de movimiento.

 

Aunque el Departamento de Estado ha hecho ingentes esfuerzos para encontrar un banco que se encargue de las cuentas cubanas, las restricciones vigentes del Departamento del Tesoro y su Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) en relación con el embargo y la supervisión de transacciones vinculadas a entidades o residentes en la isla, siguen obstaculizando el compromiso de cualquier institución financiera. Respecto a la “lista negra” del terrorismo, las indicaciones del presidente Barack Obama para retirar a Cuba forman parte de un proceso que no va a terminarse a corto plazo.

 

La vuelta a las conversaciones en Washington este martes es apenas un paso en el largo proceso de reajustes, fintas y rejuegos que comprende una solución diplomática entre dos países con visiones y sistemas políticos difícilmente conciliables. No cabe esperar muchos avances por ahora, pero es el camino que supone un giro radical de política 55 años después.