Cubanálisis   El Think-Tank

CUBA EN LA PRENSA MUNDIAL

 

En esta Sección se reproducen, para información de los lectores, artículos que tratan el tema cubano. La reproducción en esta Sección no significa que necesariamente compartimos los criterios del autor.

 

Morir en la orilla

 

Luis Cino, Círculo Cínico

 

Carlos Marx, apenado, baja la vista para no ver cómo remiendan el socialismo cubano.  Lenin musita no sé qué carajo acerca de la NEP y vuelve a añorar las balas envenenadas de Fanny Kaplan. Y unos cuantos nostálgicos echan de menos el comunismo que una vez les prometieron. Ahora que ya no quedan ni siquiera los mitos y las mentiras útiles (para el estado) que decía el socarrón de Platón con las que durante toda la vida, el pueblo tendría que bailar a su son.

 

La barca verde olivo, que hace aguas por todas las vías, se apresta a cruzar otros males de locura: el socialismo de mercado timbirichero. ¡Cuida que no naufrague tu vivir! - exclaman los ortodoxos del comunismo, no por la canción de Cantoral que ha cantado tanta gente para lamentar naufragios amorosos, sino por las citas de Marx y Lenin del santoral al dorso de sus agendas rojas. Y tienen toda la razón. La llamada actualización del modelo económico cubano sólo podrá conducir a la restauración capitalista. Sólo que lo hará del peor modo posible, por el camino más largo y doloroso. Y también, como no, el más peligroso.

 

Ahora mismo, Cuba no va hacia el capitalismo ni al socialismo, al menos como son convencionalmente conocidos, sino derechito al abismo del que advierte a cada rato el general-presidente. Porque no dudo que vamos para allá. ¡Tanto nadar para morir en la orilla!

 

¿Quién se creyó la historieta de que zapateros remendones, tamaleros, desmochadores de palmiche, criadores de conejos, recogedores de latas y forradores de botones para disfraces de payaso, desarrollarán la acumulación de capital privado?

 

Y si así fuera, si el sector privado logra crecer más que el estatal -que no será porque los impuestos, las regulaciones, las multas y los sobornos que tendrán que pagar se los comerán por una pata- y el socialismo se repliega, ay de la que nos espera con los nuevos empresarios capitalistas, muchos de los cuales serán los viejos mandamases reciclados.

 

La forma en que muchos dueños de paladares, poncheras y brigadas reparadoras de casas tratan a sus empleados no inspira optimismo alguno con respecto al tránsito al capitalismo con retórica socialista y sin estado de derecho, seguridad social, subsidio para los desempleados ni garantía de nada que nos espera. En definitiva, eso es bastante más malo de lo que aprendimos en más de medio siglo de aprendizaje con el Estado-patrón único. Y eso es mucho decir.

 

Con su ritmo pendejo, sus eufemismos para no llamar las cosas por su nombre y las cucharetas de los retranqueros del inmovilismo, los mandarines vestidos de verde olivo ni remotamente lograrán el progreso económico con Partido Único alcanzado por China y Vietnam. Y como no me interesa el capitalismo mandarinesco sin libertades políticas, no me oculto para decir que me alegra que fracase el intento.

 

Ante tanto desastre y con tanta desesperanza a cuestas, tengo que confesar que echo de menos el socialismo que una vez, hace mucho tiempo,   nos pintaron en el aire y que nunca fue (no podía ser). Las pocas mentiras piadosas y las otras, las grandes, que eran las más. Como aquella estafa de lo poco repartido entre todos, con “te toca, pero no hay” o “hay, pero no te toca”. Aun con las colas, las guaguas llenas, los cortes de caña, los apagones y la peste a grajo. A sabiendas que algunos eran mucho más iguales que los demás. Todo era una mierda, lo sabíamos, pero nos hacíamos -además de cómo que trabajábamos- los bobos.  A ver el entierro que nos hacían. Después de todo, era gratis…